miércoles, 21 de octubre de 2026

El asiento reservado


 

Nadie recordaba el origen de aquella curiosa tradición, pero todos la seguían. Año tras año, en la noche de Difuntos, la familia se reunía en torno a la mesa: cenaban, comían frutos secos, tomaban anís, recordaban a quienes se habían ido y se dejaba, indefectiblemente, una silla y un servicio vacíos.

Nadie se sentaba  ahí. 

Ese lugar estaba reservado.

Cierta noche, estando la mesa ya puesta y la familia sentada, alguien llamó a la puerta.

Todos guardaron silencio y se miraron sorprendidos.

Pero nadie se levantó.

Tampoco fue necesario.

Oyeron la puerta abrirse.

Luego unos pasos lentos y calmos.

Finalmente una oscura figura se recortó ante la mesa.

Entonces la Muerte dio las buenas noches y ocupó el asiento reservado.


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