Lo llaman el arroyo de las Ánimas y cuentan que en la noche de Difuntos, si te acercas a él, oyes las voces de quienes han tenido una mala muerte.
Cuando llegó la guerra el arroyo se llenó de voces: las voces de aquellos que murieron lejos y las voces de aquellos que mataron cerca.
Ahora, en las noches de Difuntos, la gente no huía del arroyo. Al contrario, se acercaban a él llevando velas y flores, se arrodillaban en su orilla y, en silencio, esperaban para escuchar la voz de quien se había ido.
Durante varios otoños, el arroyo se desbordó debido a las lágrimas derramadas.

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Yo ya he hablado demasiado, ahora te toca a ti...