martes, 28 de julio de 2026

Descansan en paz

 

A veces, paseando por los recovecos de mi cerebro, las veo. Se mueven, lentas y pesadas, sintiendo el aliento de la muerte en su inexistente cogote. Avanzan, a veces en solitario, a veces en pequeñas manadas, arrastrándose y deshilachándose. En alguna ocasión he decidido seguirlas hasta ese excesivamente pacífico lugar, donde sus blanquecinos huesos relucen bajo el imaginario sol, y paseo entre ellas sin ningún propósito en concreto. Ocasionalmente encuentro algunas que aún respiran y me las llevo para intentar insuflarles nueva vida. Unas pocas consiguen revivir. La mayoría las devuelvo yo misma a su lugar de descanso, incapaz de sanarlas. Las dejo suavemente entre las suyas y permanezco a su lado, viéndolas deshilvanarse hasta que exhalan su último suspiro.


viernes, 17 de julio de 2026

Eres tonto, Simón

 

—Sujétame esto un segundo, jefe —dijo el legionario, y Simón, por no hacer el feo, cargó con la madera que le entregaba. —Te dije que este tenía cara de pánfilo —comentó el romano a su compañero y, mirando a Simón, añadió: —¿Ves a ese tipo de ahí? Síguelo. —¿Y qué hago con esto? —preguntó Simón. —Llevarla —respondió el soldado. Y Simón, que era incapaz de decir que no a nadie, y menos aún a un legionario, colocó bien el madero sobre el hombro, miró al tipo al que tenía que seguir y allá que fue, pasito a pasito hasta donde fuera que lo llevaran, pensando en la bronca que le iba a echar su mujer y murmurando bajito: —¡Qué cruz!


El Coco

  —Que viene el Coco —le decía su madre si no quería comer. —Que viene el Coco —le insistía si desobedecía.  —Que viene el Coco —repetía si ...