—Que viene el Coco —le decía su madre si no quería comer.
—Que viene el Coco —le insistía si desobedecía.
—Que viene el Coco —repetía si no quería ir a dormir.
—Que viene el Coco —todos los días y a todas horas.
Un día Juanillo se hartó y decidió enfrentarse al dichoso Coco.
Esa noche abandonó su cama y, sin hacer ruido, fue en busca de la escopeta de su padre. Luego, con todo sigilo, regresó a su habitación y se sentó a esperar.
—Se va a enterar ese —murmuró.
La suerte quiso que su arrebato de valentía coincidiera con la noche en que el novio de su hermana mayor se equivocó de ventana.

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