miércoles, 22 de junio de 2011

De mudanzas, dragones y escaleras


Nada como una mudanza para ser conscientes de hasta qué punto acumulamos cosas inútiles bien por sentimentalismo -es un recuerdo, me lo regaló X, se lo regalé a Z...- o bien por una supuesta futura y posible utilidad -para algo servirá, ahora no me lo pongo pero en cuanto pierda un par de kilos, ya volverá a estar de moda, en cuanto lo tire seguro que me hará falta...-. Y las cosas se van acumulando en cajones, armarios, estanterías, trasteros, cajas, cajitas, mesillas, cómodas... y eso que te parecía tan importante acaba olvidado hasta que un día decides hacer una buena limpieza o tienes que mudarte. Y entonces te das cuenta de que todas esas cosas que algún día pensabas utilizar, nunca las has utilizado y de que aquel recuerdo que guardabas con tanto mimo lo habías olvidado por completo o que eres incapaz de reconocer a la mitad de la gente que sale en aquellas fotos que atesorabas con cariño.

Llevo semanas viviendo entre bolsas y cajas convertidas en metáforas perfectas de una etapa finalizada y otra por comenzar. Bolsas en las que han ido desfilando rumbo al contenedor once años de recuerdos absurdos y cosas inútiles y cajas en las que, camino de la oficina de Correos, han ido aquellas cosas de las que, realmente, no puedo desprenderme y las que, realmente, tienen utilidad. El pasado se queda en esas bolsas y el futuro viaja en aquellas cajas.

Por si no ha quedado claro me encuentro en plena mudanza. Debido a esto mi blog anda abandonado y aún lo va a estar más durante un tiempo hasta que, una vez establecidos en mi nuevo lugar de residencia -o no tan nuevo porque vuelvo a mi tierra- dispongamos nuevamente de conexión... si es que el “mono” no acaba antes conmigo :D
Espero que nadie se olvide de mí :P Y que estos cuentitos os hagan pasar un buen rato, claro :)

Venganza

Cuenta una antigua leyenda que allá, en los lejanos tiempos en que el mundo era joven, se enamoró la Luna de un joven guerrero y que, cada día, se asomaba a su balcón celestial para verlo y disfrutar de los versos que él le dedicaba. Cierta aciaga noche, el joven que tenía de insensato cuanto tenía de bello, olvidó su cita y, en lugar de acudir junto a la blanca diosa, se quedó dormido entre los cálidos brazos de una hermosa doncella.
Al descubrirlo, la Luna enloqueció de pena y celos y, enfurecida,  lanzó al espacio su dolor y su rabia en la forma de un dragón. Con el blanco azulado de su luz le dio vida y consistencia y, llenando de ira el corazón del mítico animal, lo lanzó sobre el amante traidor y la dormida doncella.

Cuenta la antigua leyenda que las níveas sábanas donde ambos dormían se tiñó del rojo de su joven sangre y que sus hermosos cuerpos amanecieron desgarrados y deformados por las inclementes garras y que, durante días y días, la Luna, llena de dolor, cubrió su rostro con el velo de las nubes para no ver las almas errantes y dolidas de los dos jóvenes, y para no recordar que una vez, la fría Luna, había amado.



Dioses


Lo ordenaron los dioses: construye una escalera que descienda hasta el averno.
Lo ordenaron los dioses: construye una escalera matemáticamente bella y perfecta para que las almas condenadas lloren la belleza que perderán.
Lo ordenaron los dioses y él obedeció.
Hizo mediciones, hizo cálculos, trabajó día y noche y, con sus propias manos, construyó la escalinata hacia el abismo.
Escalón tras escalón, piedra a piedra, la escalera fue creciendo y descendiendo. Se dejó la vida en ella porque lo ordenaron los dioses.

Lo ordenaron los dioses: al acabar, deberás ascender a la tierra. Pero cuando él contempló la perfección de su obra se sintió incapaz de abandonarla y pidió a los dioses su premio.
Y los dioses lo ordenaron:
Puesto que así lo quieres, pasarás la eternidad ascendiendo y descendiendo por la escalera al averno y disfrutando de la matemática belleza que tú has creado.


Para acabar agradecer un nuevo premio que me ha sido concedido por Marilyn Recio: El premio Sunshine. Muchísimas gracias, Marilyn por este premio, me ha hecho mucha ilusión :)





sábado, 11 de junio de 2011

Noveno cumpleaños


Nueve años como nueve soles, nueve besos, nueve sonrisas, nueve abrazos y nueve te quiero.

Un sol para cada año y un año para cada sol. Un beso por cumpleaños y una sonrisa desde el corazón.

Nueve años cumple mi niña, mi bollito de nata, mi princesa con mejillas de manzana, mi enana.

¿Y qué estudia con nueve años? Tercero de primaria y unas notas llenas de sobresalientes... y sin esfuerzo.

¿Y qué le gusta?


Sus amigas.

Su ordenador.

Lady Gaga, Shakira, Katy Perry...

Estar con su padre... a todas horas.

Leer los libros de Greg (un pringao total), los de Querido estupidiario, Fairy Oak...

Las Barbies.

Bailar.

Escribir.

Habbo, el Club Pengüin, Panfu.

Las películas de Piratas del Caribe, las películas musicales y las comedias a las que su padre la está aficionando.


Que le lea antes de dormir.

Jugar al Uno.

La magia.

La ciencia.

El Burger KIng, el McDonald, el Telepizza.

La pasta, las legumbres, el pollo y el atún.

Las mates.

Las galletas, los helados, las palomitas y las chuches.

¿Y qué no le gusta?

Que la peine.

Ducharse.

Dormir.

La verdura, el queso, el jamón.

Hacer los deberes.

Que la mande a la cama.

Que no la deje ver la tele.

El gazpacho.

Que nos enfademos con ella.

La lengua.

No ser el centro de atención.

Nueve años como nueve soles cumple mi enana hoy y cada año que pasa nos regala un sol más.

Feliz Cumpleaños enanilla.


Aunque hoy no es mi cumpleaños yo también he tenido regalo. Stultifer, autor del blog No sin mi cámara ha tenido la gentileza y la amabilidad de concederme el premio al Mejor blog del día y, por tanto, ya formo parte de la Orden del Stultifer de oro que ya luzco, orgullosamente, en mi blog. Muchísimas gracias :)




viernes, 3 de junio de 2011

Menestra

Vejez

Odiaba y temía la vejez a partes iguales. Aborrecía la idea de envejecer y no soportaba pensar en que su rostro se llenaría de arrugas, en que sus fuerzas irían disminuyendo y su cerebro funcionaría a la velocidad de los caracoles.

Me suicidaré, decía a todo el mundo, en cuanto cumpla los treinta y cinco -nadie sabía por qué había elegido esa edad- me pegaré un tiro y que le den a la vejez.


El día en que, con treinta y cuatro años, le diagnosticaron un cáncer incurable y le comunicaron que apenas le quedaba un año de vida se dio cuenta de que, después de todo, quizás era cierto aquello de que la arruga es bella...




El dinosaurio


Cuando el dinosaurio despertó, el hombre estaba allí y lo miraba fijamente.

El gigantesco saurio parpadeó, estiró el largo cuello olisqueando el aire y se dispuso a zampar cualquier cosa verde que encontrara. El cerebro del dinosaurio era tan diminuto que había superado la perplejidad casi instantáneamente.

El hombre, en cambio, continuó observándolo con aire confuso durante los minutos -muchos- que su cerebro precisó para asimilar la idea de que había un dinosaurio en casa.  Finalmente, suspirando, se rascó la cabeza, tomó la pluma que había dejado caer y reinició la escritura murmurando para sí mismo:


-Yo había oído hablar del poder de la imaginación pero esto me parece exagerado...

Y siguió escribiendo su novela sobre dinosaurios.


Asesinato, dijo ella

Entró en el salón del restaurante con expresión firme y decidida. Sus pasos resonaban con furia y desesperación, sus ojos ardían de ira. Se acercó hasta él esquivando con agilidad de bailarina a los camareros que, atareados, iban y venían por la sala sirviendo las exquisiteces que ofrecía la carta.

Llegó hasta su mesa y, con sorprendente agilidad, trepó por su pantalón, llegó hasta la zona de su entrepierna y, con un veloz movimiento, hincó sus pinzas en los honorables testículos del voraz asesino que, con placer extremo, estaba devorando a su marido.

Nadie debería menospreciar la cólera de una cangrejo condenada a la viudez.