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Mostrando entradas de junio, 2011

De mudanzas, dragones y escaleras

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Nada como una mudanza para ser conscientes de hasta qué punto acumulamos cosas inútiles bien por sentimentalismo -es un recuerdo, me lo regaló X, se lo regalé a Z...- o bien por una supuesta futura y posible utilidad -para algo servirá, ahora no me lo pongo pero en cuanto pierda un par de kilos, ya volverá a estar de moda, en cuanto lo tire seguro que me hará falta...-. Y las cosas se van acumulando en cajones, armarios, estanterías, trasteros, cajas, cajitas, mesillas, cómodas... y eso que te parecía tan importante acaba olvidado hasta que un día decides hacer una buena limpieza o tienes que mudarte. Y entonces te das cuenta de que todas esas cosas que algún día pensabas utilizar, nunca las has utilizado y de que aquel recuerdo que guardabas con tanto mimo lo habías olvidado por completo o que eres incapaz de reconocer a la mitad de la gente que sale en aquellas fotos que atesorabas con cariño.
Llevo semanas viviendo entre bolsas y cajas convertidas en metáforas perfectas de una etapa…

Noveno cumpleaños

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Nueve años como nueve soles, nueve besos, nueve sonrisas, nueve abrazos y nueve te quiero.
Un sol para cada año y un año para cada sol. Un beso por cumpleaños y una sonrisa desde el corazón.
Nueve años cumple mi niña, mi bollito de nata, mi princesa con mejillas de manzana, mi enana.
¿Y qué estudia con nueve años? Tercero de primaria y unas notas llenas de sobresalientes... y sin esfuerzo.
¿Y qué le gusta?

Sus amigas.
Su ordenador.
Lady Gaga, Shakira, Katy Perry...
Estar con su padre... a todas horas.
Leer los libros de Greg (un pringao total), los de Querido estupidiario, Fairy Oak...
Las Barbies.

Menestra

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Vejez
Odiaba y temía la vejez a partes iguales. Aborrecía la idea de envejecer y no soportaba pensar en que su rostro se llenaría de arrugas, en que sus fuerzas irían disminuyendo y su cerebro funcionaría a la velocidad de los caracoles.
Me suicidaré, decía a todo el mundo, en cuanto cumpla los treinta y cinco -nadie sabía por qué había elegido esa edad- me pegaré un tiro y que le den a la vejez.

El día en que, con treinta y cuatro años, le diagnosticaron un cáncer incurable y le comunicaron que apenas le quedaba un año de vida se dio cuenta de que, después de todo, quizás era cierto aquello de que la arruga es bella...



El dinosaurio

Cuando el dinosaurio despertó, el hombre estaba allí y lo miraba fijamente.