Amor platonico


Nunca faltaba a su encuentro diario. La esperaba, la veía, la seguía. Afortunadamente, ella nunca se dio cuenta de que la acechaban; si lo hubiera hecho se habría sentido aterrada sin motivo. Porque él no quería hacerle daño. En absoluto. Él la amaba. En silencio. En la lejanía. La amaba desde el primer día que vio su brillante rostro, sus elegantes piernas, su deslumbrante melena roja.


La amaba como sólo un solitario introvertido es capaz de amar, con toda esa pasión contenida, con toda esa dulzura reprimida. Nunca había hablado con ella pero él lo sabía todo sobre su vida. Absolutamente todo.


Mes tras mes había seguido sus pasos, había averiguado donde vivía, donde trabajaba, quienes eran sus amigos, qué gustos tenía. Sin hablar con ella la conocía mejor que el mejor de sus amigos, mejor incluso que ella misma.


Bien sabía él que si deseaba que ese amor fuera más que una pura fantasía. tendría que recurrir a todo su depósito de valor, acercarse a ella y darse a conocer de una vez por toda.


Le costó meses y meses tomar la decisión. Le tomó horas y horas pensar qué palabras iba a decirle, cómo iba a aproximarse, cómo iría vestido, dónde realizaría el acercamiento.


Le costó sudores, meditación, temores, temblores; le costó un mundo tomar la decisión y llenarse de coraje pero, finalmente, tomó la decisión.


Lástima que, justo la noche que había elegido para hablar con su etérea dama. Justo la noche que se sentía con la suficiente energía para aproximarse a su amada. Justo esa misma noche... ella no apareció.


Ni volvió a aparecer jamás


Y nunca volvió a verla.


Porque, justamente esa decisiva noche, él dejó de soñar con ella.



Dream A Little Dream Of Me - Louis Armstrong and Ella Fitzgerald



Entradas populares de este blog

Negra Navidad

Entre dos nadas