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Mostrando entradas de mayo, 2008

Punto final

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No sé de dónde salió la idea.
Desconozco si fue algún grupo ecologista o algún líder ideológico o algún grupo político. No, no sé de quién o de dónde surgió la idea; sólo sé que se propagó como un reguero de pólvora.
Supongo que era el momento adecuado para que calara. El mundo se había instalado en la desesperanza, la humanidad parecía incapaz de encontrar nada amable y respetable en ella misma.El género humano se había transformado en un enfermo de depresión. El mensaje de que éramos la especie más vil, egoísta y destructiva que jamás hubiera evolucionado sobre la faz del planeta había arraigado de tal forma que no nos quedaba ni brizna de amor hacia nosotros mismos y a nuestras obras. Ni amor, ni orgullo.
Nos sentíamos como el peor cáncer que jamás hubiera existido.
Así que cuando alguien dijo:
- ­ Si queremos arreglar lo que nuestra especie estropeó. Si queremos que el planeta vuelva a ser un lugar limpio. Si queremos salvar a las especies que estamos extinguiendo. Si, de verdad, quere…

Time machine

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“Si Ud. retrocediera en el tiempo para matar a su padre, llegaría después de él que hubiera salido de su habitación, o no lo podría localizar, o cambiaría de idea”, dijo el profesor Greenberger.“Sería imposible matarlo porque el mero hecho de que esté vivo hoy en día conspirará contra Ud., de modo que nunca podrá tomar por el sendero que lleve a su crimen”.


Muchos han sido los que, a lo largo de los años, han fantaseado con la idea de encontrar la forma de trasladarse a épocas pasadas o futuras, pero sólo un hombre ha logrado hacer realidad la máquina del tiempo: el doctor en Física, y distinguido habitante del universo friki, Amadeo Briones.
Se preguntarán ustedes, y con razón, por qué, habiendo logrado tal proeza, el doctor Briones no es famoso, millonario y flamante ganador del Premio Nobel de Física.
La respuesta es bien sencilla: porque la máquina del tiempo que había inventado sólo le trasladaba hasta el jueves 25 de Mayo del año 2006, ni un día más atrás ni uno más adelante. Por m…

Nébulafobia*

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Marisa odiaba la niebla. No había fuerza humana que la obligara a poner un pie fuera de casa cuando aparecía el primer indicio de bruma. Cuando eso ocurría, Marisa comprobaba que las puertas y ventanas estuvieran perfectamente cerradas, bajaba todas las persianas, se encerraba en nuestro dormitorio y, aterrorizada, permanecía en él hasta que le aseguraba que la niebla se había levantado y no quedaba ni un jirón de nube arrastrándose por las calles. Entonces, y sólo entonces, volvía a ser la Marisa de siempre.
Yo no acababa de comprender esa extraña fobia, me parecía absurda e infantil. En lugar de animarla a buscar ayuda profesional, le insistía en que era algo que debía superar por sí misma. Me enfadaba con ella y la acusaba de inmadura. Tenía que haber sido más tolerante y comprensivo, pero me podía mi carácter impaciente y autoritario.
No sabe cuánto lo lamento ahora.
Si yo lo hubiera sabido…
Aquella tarde regresábamos de celebrar nuestro decimoquinto aniversario con un delicioso fin d…

Pesimismo

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Gil Arteaga estaba convencido de que todo profeta es un gran pesimista y de que, a su vez, todo pesimista es un gran profeta. Y como él quería ser el mayor profeta de la historia, había pasado gran parte de su vida perfeccionando su pesimismo y transformándolo en todo un arte.

Gil Arteaga, como todo buen profeta, sólo profetizaba catástrofes. Y solía acertar… lo justo. Vamos, ni más ni menos que si profetizara sucesos agradables pero es que, claro, un profeta que haga tal cosa nunca sería tomado en serio. No, Gil, como cualquier profeta que se precie sólo pronosticaba desgracias: terremotos, guerras, inundaciones, crisis económicas, asesinatos, plagas… En fin, toda la parafernalia.
El pesimismo de Gil no se limitaba a sus profecías. No. Su pesimismo se extendía a todas las facetas de su vida y de las vidas ajenas. No había vaso que Gil pudiera ver medio lleno (aunque en realidad lo estuviera) y, ni poniéndole gafas de cristales rosas sería capaz de ver la vida de ese color. El amigo Art…

Algo más que una cara bonita

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Amelia era guapa e inteligente, una combinación que a mucha gente parecía sorprender. Hay todavía quien no cree compatible unas medidas 90-60-90 con un doctorado en bioquímicas y, sin embargo, Amelia era la prueba evidente de que esto era más que posible.

Amelia era muy guapa y, en contra de lo que muchos opinaban, esto más que una ventaja era un hándicap porque la obligaba a demostrar continuamente que era mucho más que “una cara bonita y unas curvas de infarto”. Tras mucho trabajo había logrado obtener el respeto de sus colegas y su vida profesional iba viento en popa pero en su vida personal las cosas no le iban tan bien como hubiera querido.
Amelia no había logrado encontrar a un hombre capaz de valorarla por su cerebro. Su cuerpo parecía ejercer el mismo efecto que una luz tan intensa, que los hombres acababan cegados por ella y no eran capaces de mirar en su interior. Había sido así desde su primer novio hasta su último amante. Ellos veían un cuerpo al que poseer y una mujer a la …

Lo cotidiano

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Lo maravilloso de lo cotidiano es que es eso, cotidiano. Pasa a diario. Cada día.

Lo maravilloso de lo cotidiano es justamente eso que a muchos asusta: lo esperado, lo sabido, la tranquilidad de lo inmutable.
Están bien las sorpresas, claro que sí.
Se disfruta de lo inesperado, por supuesto.
Se agradece salir de la rutina, nadie lo pone en duda.
Pero discúlpenme si les digo que es tan descansado volver a lo cotidiano…
Dicen que la rutina es aburrida y que la monotonía acaba con todo, puede que sea cierto pero… aunque les parezca extraño, a mí me gusta mi cotidianidad.
Soy así de rara.
Me gusta lo cotidiano porque me huele a café recién hecho y me sabe a pan.
Me gusta lo cotidiano porque es cálido y protector como una manta en invierno.
Me gusta saber que cada día al levantarme las personas que amo estarán ahí.
Me gusta mi gris rutina diaria, me hace sentir bien, feliz y segura.
Me gusta lo cotidiano porque me sabe a paz.
Está bien salir de la monotonía de vez en cuando, es cierto.
Está bien no tene…