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Cuentos de Navidad... o algo así

Esta primera historia me la inspiró un comentario de Peterpsych en mi anterior post (aprovecho y pido disculpas a todos aquellos a quienes no pude responder por -otra vez- falta de tiempo).


Mr. Scrooge

Una vez pasada la Navidad, Mr. Scrooge volvió a ser el de siempre. Una vez pasada la euforia inicial no le costó nada convencerse de que su encuentro con los espíritus no había sido más que una extraña -y aterradora- pesadilla. A los pocos días volvía a ser el mismo “tacaño, avaro, cruel, desalmado, miserable, codicioso, incorregible, duro y esquinado como el pedernal” que había sido antes de su revelación navideña.

Por tanto volvió a ignorar a su sobrino, volvió a tiranizar a sus empleados y se olvidó por completo del pequeño Tim.

Eso sí, dejó de odiar la Navidad puesto que, durante su período de “fiebre navideña” se dio cuenta de que esa época del año podía ser un gran, gran negocio y en sacarle provecho puso todo su empeño.

Evidentemente, Mr. Scrooge fue todo un visionario...


De cómo nació un mito...


En cuanto entró en su cubículo se deshizo de la chaqueta de su uniforme -cada vez le quedaba más ajustado pero aún no se animaba a ponerse a dieta- y de las pesadas botas.

Cada vez que el planeta laboratorio completaba su órbita alrededor de su minúscula estrella, él tenía que enfundarse -embutirse- su uniforme, coger su pequeña nave y salir de la nave nodriza a tomar notas sobre cómo iba evolucionando la vida en él.

Era un trabajo la mar de aburrido pero alguien tenía que hacerlo y, hasta que llegara su relevo, ese alguien era él. Se miró en el espejo para atusarse la larga barba característica de su pueblo y, suspirando profundamente, cogió su saco de muestras y se dispuso a clasificar lo que había recogido en su último viaje exploratorio.

Su bajada al planeta laboratorio solía coincidir con una celebración muy peculiar que llevaba a los especímenes que controlaba a cubrir todo todo de lucecitas y curiosos adornos, a escuchar extrañas canciones una y otra vez y a reunirse en manadas para comer y beber sin control.

Esto, al menos, lograba amenizar un poco el viaje. Cierta vez estaba tan entretenido con este espectáculo que fue descubierto por una pequeña cría. Ante aquella mirada asombrada no supo cómo reaccionar y, sin saber muy bien por qué, le regaló un pequeño muñeco de madera que había encontrado en su exploración.

Los gerifaltes se pusieron hechos una furia cuando se enteraron: que si iban a ser descubiertos, que si no se debía interferir en el devenir del planeta laboratorio, que si eso sería catastrófico, que si bla, bla, bla. Como, finalmente, no había ocurrido nada de lo que temían, salvó el puesto. Claro que se vio obligado a ocultar que, a partir de entonces, había pasado a formar parte de la mitología de las pequeñas criaturas del planeta laboratorio y su imagen llenaba casas y calles durante las fiestas que coincidían con su bajada al planeta.

Algún día se enterarían allá, en casa y no quería ni pensar cómo reaccionaría los grandes jefazos...


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Jugando con la Ñ (Trabalenguas Infantiles... o algo así)

Vania, la araña
¡Menuda maraña
la tela que trama
Vania la araña!
La pobre araña
hoy tiene migraña
no puede ni pensar
por eso enmaraña su tela de araña
y no la sabe desenmarañar.
¡Menuda maraña
la tela que trama
Vania la araña!
La araña, con saña,
deshace su tela
mientras se queja y se duele
de la migraña
que enmaraña su tela de araña.
¡Menuda maraña
la tela que trama

Trabalenguas (intento de...)

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Erre que erre, el burrero arreaba al burro cazurro,Arre que arre , arreaba el arriero al burro.Y arreando, correteando, carreteando y burreandosubían al monte arriero, carreta y burro.



Trae el trasgo el trigo a través del trigal,y un troll traicionero le roba el cereal.El trasgo travieso trota tras el trolly trota que te trota, trepa que trepó,trata de atraparlo pero se escapó.Traía el trasgo el trigo a través del trigalpero el troll traicionero le robó el cereal.


Lula, la lechuza, ulula en el álamoy allá, en el llano, aulla el alano.Lula, la lechuza, aletea,…

Micros

Composición
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Sangre y sesos pintan la pared de rojo y gris.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Crac!
Un cuello se rompe.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Zas!
Un cuchillo atraviesa un corazón.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Agh!
El veneno hace efecto.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Perfecto! ¡Esto va genial! —dice el asesino mientras descarga una espada sobre un cuello desnudo.
—¡Zzzing!
Sangre goteando.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
Cada sonido es registrado en la grabadora que lleva consigo.
Registrado y revisado, para luego ser unidos en una sarta ininterrumpida.
¡Pum! ¡Plaf! ¡Crac! ¡Plaf! ¡Zas! ¡Plaf! ¡Agh! ¡Plaf! ¡Zzzing! ¡Plaf!
—¡Maravilloso! ¡Lo estáis haciendo genial! ¡Todos! —murmura el asesino mientras continúa con su macabra tarea— ¡Mi Oda a la Muerte será una obra maestra!

Miedo
— Cricrí... Cricrí... Cricrí...
En la calurosa noche veraniega, sólo se oye el cantar del grillo.
—Cricrí... Cricrí... Cricrí...
Silencio durante un momento y de nuevo:
—Cricrí... Cricrí... Cricrí...
En la casa vacacional, los inquilinos mal duermen con las ve…