miércoles, 6 de febrero de 2008

Un cuento intrascendente


Érase una vez, hace más de mil años… o menos… o tal vez más, no lo sé exactamente… En fin, que érase una vez allá por los tiempos de Maricastaña (¿sabe alguien quién es Maricastaña?). Bueno, que digo yo que había una vez, allá cuando los animales hablaban (porque los animales, antes, hablaban, en serio, créeme, lo sé de muy buena tinta, me lo contó el perro de la vecina…). Como iba diciendo, esto era (y ahora sí que empiezo, lo prometo…) una princesa que se llamaba…eehhmmm… bah, la verdad es que no sé cómo se llamaba, pero eso da igual.

Pues, señor, resulta que ni aquí ni en ningún lugar vivía una princesita de cuyo nombre no logro acordarme (esto me suena de algo pero no sé de qué…). Una princesita, como todas las princesitas: un poco cursi, un poco ingenua, un poco soñadora, un poco respondona, un poco caprichosa… en fin, lo que se dice una auténtica princesa de cuento.


Y esta dulce princesita, como cualquier princesa que se precie, tenía como enemiga a una malvada bruja. Una bruja malvada como todas las brujas malvadas de cuento: fea, gruñona, vieja y con verrugas varias (ya me dirás que necesidad tenía la bruja, con la de tratamientos de belleza que hay ahora pero, oye, sobre gustos no hay colores o para los colores se hicieron gustos o algo así era).


Como ya he dicho anteriormente, esta bruja fea y malvada odiaba a la princesita buena y guapa. ¿Y por qué la odiaba? Te preguntarás. Pues porque es lo que hace toda bruja fea y malvada: odiar a la princesa.


Esto era que había también en un reino cercano al de la princesa guapa y buena, un príncipe como todos los príncipes de cuento: guapo, generoso, valiente y con ganas de casarse (cosa que distingue a los príncipes de cuento del común de los hombres). No era azul pero, bueno, nadie ha dicho que todos los príncipes de cuento tengan que ser azules ¿o sí? En fin, da igual, este no era azul.


Así que ya tenemos los tres ingredientes principales de cualquier cuento de hadas (por cierto… ¿por qué se les llama cuentos de hadas aunque no salgan hadas?): la princesa, el príncipe y la bruja. Y, como en todo cuento este sería el momento en que la bruja malvada y fea debería hacer una de estas tres cosas:


1. Encerrar a la princesa en una torre más alta que el Empire State Building o las Torres Petrona o cualquiera de esos gigantescos edificios y ahorrarse una pasta en cortes de pelo real.


2. Mandarla a dormir durante siglos y siglos y aprovechar para hacer publicidad de colchones de látex.


3. Intentar envenenarla a base de manzanas y, de paso, echar abajo la campaña institucional que nos aconseja comer mucha fruta.


O cualquier otra faena de esas que las brujas feas y viejas suelen hacer a las princesas buenas y guapas.


Eso es lo que debería haber ocurrido pero no ocurrió.


- ¿Por qué? – preguntarás tú.


Y yo te contestaré, por supuesto, que para eso soy la narradora.


Pues porque, justo en el momento en que debía producirse el acto de maldad esperado por todos, la bruja fea y malvada se nos puso enferma. Se comió un par de sapos en mal estado y tuvo para días en el Hospital Baba Yaga para Brujas del Bosque Mágico.


Como comprenderás un cuento no puede pararse por un quítame allá una bruja enferma, por muy fea y vieja y llena de verrugas que sea. De modo que se llamó a una sustituta.


Y la sustituta resultó no ser tan vieja ni tan fea. Ni siquiera tenía verrugas, vamos, ni un mal granito tenía. Para más inri, odiaba los cuentos de toda la vida. Ella decía que era una innovadora. Los superiores decían que era un incordio pero, oye, a alguien había que enviar para poder acabar el cuento… y ella era la única que estaba libre.


De modo que ahora tenemos una princesa guapa y buena, un príncipe valiente y guapo y una bruja no-fea y no-vieja con espíritu revolucionario. Y nos habíamos quedado justo en el momento en que la bruja debería secuestrar, dormir o envenenar a la princesa para que, posteriormente, el príncipe no-azul viniera en su rescate. Para acabar con la muerte de la bruja y una boda de dos mil invitados y trescientos euros el menú (o más…).


Eso es lo que debería haber ocurrido pero no ocurrió.


- ¿Por qué? – preguntarás tú.


Y yo te contestaré, por supuesto, que para eso soy la narradora (acabo de tener un deja vu de lo más raro…).


Pues porque la bruja no-vieja y no-fea decidió que quería un cuento diferente. De modo que se fue en busca de la princesa guapa y buena y la convenció para:


1. Dejar de intentar cazar un marido.


2. Irse a la universidad y sacar una carrera.


3. Dejar de ser tan “buena y pura” y aprovechar que era guapa para ligar con quien quisiera ya fuera príncipe, princesa o rana.


Asimismo tuvo una pequeña charla con el príncipe valiente y guapo y lo convenció para que:


1. Saliera del armario de una vez porque todo el mundo sabía (o sospechaba) de su homosexualidad.


2. Dejara de usar esas ropas tan horteras y se volviera más fashion.


3. Que él también se sacara una carrera y consiguiera un buen trabajo y que se encargara otro de conseguir un heredero para el trono.


Y como ya había cogido carrerilla decidió pasarse por los otros cuentos y, en un plis plas, logró convencer a los siete enanitos de que dejaran la mina de diamantes en manos de un administrador y se largaran de vacaciones al Caribe. Luego fue en busca de Caperucita a la que recordó que ya no tenía edad de ir haciendo recaditos a mamá y que era ya hora de independizarse; tras lo cual tuvo una charla con el Lobo Feroz y la Abuelita a quienes animó para que se largaran a Las Vegas, a que los casara un señor vestido de Darth Vader. Tras su paso por el cuento de Cenicienta, el príncipe acabó reconociendo que, quien le ponía de verdad, era la madrastra y que quería ser su humilde esclavo. A la princesa del guisante le recomendó un médico estupendo para que se mirase tanta “delicadeza” y tanto le gustó el doctor que acabó fugándose con él.

Y así un cuento tras otro.


La bruja no-vieja y no-fea se sentía muy satisfecha consigo misma y se lo estaba pasando pipa y, si de ella hubiera dependido, habría continuado hasta acabar con todos los cuentos clásicos y algunos modernos.


Lástima que a sus jefes no les pareciera nada gracioso lo que estaba haciendo.


Así que la bruja no-vieja y no-fea fue obligada a asistir a una terapia de rehabilitación para brujas extraviadas (vamos, lo que se llama vulgarmente un lavado de coco).


Su terapeuta está convencida de que está haciendo muchos avances.


Sus jefes creen que está mucho más serena.


Sus amigas le han comprado unas cuantas verrugas para que se vaya acostumbrando al look tradicional.


Y yo… Yo no me creo nada y estoy esperando que la envíen al próximo cuento.


Me lo voy a pasar genial contándolo.



Esto... Miro... no sé cómo decir esto pero me temo que me han dado otro premio. Y sin extorsionar ni ná, me lo han dao así, voluntariamente. Algún día sabré el por qué lo hacen (¿algún problema psíquico tal vez?). En fin, que tengo que dar las gracias al Señor Oscuro por este premio, Arte y Pico se llama. Ya sé, ya sé que yo ahora, según las reglas debería repartirlo pero... puffff... es que elegir cinco... otra vez sólo cinco, me resulta muy difícil. Así que, a menos que me obliguen, preferiría no hacerlo, y si no queda más remedio pido algo de tiempo para ello. Los otros requisitos sí que voy a cumplirlos.

Las reglas son las siguientes:

  1. Debes elegir a 5 blogs que consideres sean merecedores de este premio por su creatividad, diseño, material interesante y aporte a la comunidad bloguera, sin importar su idioma (esta es la única que no voy a cumplir, sorry).
  2. Cada premio otorgado debe tener el nombre de su autor/a y el enlace a su blog para que todos lo visiten.
  3. Cada premiado debe exhibir el premio y colocar el nombre y el enlace al blog de la persona que lo ha premiado.
  4. Premiado y premiador deben exhibir el enlace de Arte y Pico, para que todos sepan el origen de este premio
  5. Exhibir estas reglas.

El premio va inmediatamente a la vitrina... ufff... ¡qué grande es! :D


Actualización: Ejem... ya me da vergüenza pero... ejem... que me han dado otro premio, vamos, es el mismo premio de Arte y Pico pero, esta vez concedido por mi querida paisana Patri quien, evidentemente, está tan mal de la cabeza como el Señor Oscuro... :D Muchas gracias (ahora mismo voy a comprar otra estantería porque me quedo sin sitio :P).