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CUMPLEAÑOS NÚMERO 16

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Y ya son dieciséis. Ni uno menos, ni uno más. Dieciséis añazos y dice que se hace vieja (¡JA!). Y ya van dieciséis los cumpleaños y yo no puedo faltar a mi cita cumpleañera o me de despedirían de madre de manera fulminante. Y ya vamos por los dieciséis y con los dieciséis se acaba la ESO, con nervios y estrés y cansancio y grandes notas, y se inicia el Bachillerato con nuevos nervios y más estrés y, esperemos, notas igual de grandes. Ha sido un año intenso para la cumpleañera: novios que van y vienen, nuevos amigos, conflictos con los antiguos... La vida del adolescente, ya se sabe, siempre en plena montaña rusa emocional y llena de intensidad. La enana (bueno, vale, igual ya no es la enana) ha decidido volver a su idea original de estudiar medicina y le sigue tirando lo audiovisual.
Sigue escribiendo genial y le sigue costando ponerse a ello. Ha vuelto a la lectura gracias (¡qué cosas!) a la música y se compra todo libro que encuentre de Santi Balmes e Iván Ferreiro. Porque ella, ahora, …

Liberación

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(Relato seleccionado para formar parte de la Antología Historias de Suspense y Terror II de la Ed. Letras con Arte).

Shhh.. Calla, no grites, que no nos oiga papá, ya sabes lo que pasa si hacemos ruido. Shhh… Calla, baja la voz, que no se despierte o armará una buena.
Shhh… Calla, no te rías tan alto. Que no nos oiga, que no se entere, que no sepa que estoy contigo. Puedes reírte, pero por lo bajinis, que él no te oiga, que no nos descubra.
Shhh… Calla, sólo por un ratito, es la última vez que tendrás que callar, te lo prometo. Como te prometí que volvería a buscarte el día que me fui. ¿Te acuerdas? Pues ya ves que cumplo. Y ahora… shhh… calla, habla más bajo, si él se entera no podremos hacer nada. Te encerrará y ya no podrás escapar. Así que, shhh… levanta de la cama y no hagas ruido. Está dormido, desde aquí lo oigo roncar, pero mejor no arriesgarnos a que se despierte.
Shhh… Calla, ya sé que te duele. Esa mala bestia pasó por aquí antes de irse a su cama, ¿verdad? Imagino que cada ve…

Coherencia

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— Si vienes conmigo al pasado —dijo el viajero del tiempo— podrás cambiar todo lo que no te guste de tu presente. Jorge dio un primer e impulsivo paso hacia adelante y luego se detuvo pensativo. — Hum -—dijo Jorge, que era muy de “hums”—, si yo hubiera ido al pasado para cambiar el presente tendría que recordarlo, ¿no? — No sé —dijo el viajero del tiempo cruzando los brazos en muestra de impaciencia—, nunca se me había ocurrido pensar en ello. Yo es que pienso poco, la verdad. — Hum —volvió a repetir Jorge, que ya hemos dicho que era muy de “hums”—, pero el caso es que yo no recuerdo haberme encontrado conmigo mismo. — Bueno —replicó el viajero del tiempo mientras excavaba en su oreja derecha—, quizás no te reconociste. — Hum —insistió Jorge, que también era mucho de insistir—, es un buen punto, pero... —Jorge dejó la frase en el aire mientras miraba un mensaje que le acababa de llegar. — ¿Pero? —inquirió el viajero que ya empezaba a impacientarse. — Pero aunque no me hubiera recono…

Cosas de niños

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El niño juega a solas y susurra:
-Hoy han vuelto a llamarme monstruo. No sé por qué lo hacen. No soy ningún monstruo. No parezco un monstruo, ni huelo como un monstruo, ni gruño como un monstruo, ni estoy lleno de pelo, ni tengo dientes enormes, ni garras afiladas, ni nada que parezca de monstruo.
El niño, sin dejar el juego, continúa murmurando: -Nadie quiere jugar conmigo. Durante el recreo me siento en un rincón del patio y los miro jugar. A veces se acerca alguno hasta donde yo estoy y me pega, o me escupe o me llama monstruo porque sus amigos le han retado a hacerlo. Yo no hago nada, sólo me quedo mirando, muy fijo. Ni siquiera hablo. Eso los pone nerviosos y muchos acaban dejándome en paz. El niño se quita de los ojos un mechón de pelo rebelde dejando un rastro de suciedad amarronada en su frente y continúa con su monólogo:
-No siempre funciona. Siempre hay alguno que que no se conforma con un escupitajo, un insulto o un empujón, y decide que quiere más y se pone a darme puñetazos o …

El calcetín rojo

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Se pasó una hora buscando el calcetín rojo. No “un” calcetín rojo, así indefinido, no, él buscaba “el” calcetín rojo. Es más, buscaba el Calcetín Rojo, con sus mayúsculas y sus negritas y hasta sus llamativas luces de neón.
Ese calcetín rojo que ahora buscaba con desesperación en todos los rincones, hacía tiempo que pedía, no ya el retiro, sino la defenestración. Sus hilos se mantenían unidos casi por un acto de fe, los zurcidos se superponían unos a otros como capas geológicas compuestas de diferentes tonos de rojo, color que había lucido con orgullo en su ya lejana juventud de calcetín recién estrenado, pero que a estas alturas, tras cientos de usos y lavados, había pasado a ser algo bastante indefinido e indefinible que lo mismo podía ser rojo, que rosa, que gris. Pero no importaba, él seguiría cuidándolo y zurciéndolo mientras hubiera un par de hilos que unir y pudiera usarlo combinado con cualquier otro calcetín de cualquier otro color pues su pareja inicial había desaparecido ha…

Humano

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El anciano, un montón de huesos envueltos en pliegues y arrugas encorvados sobre un bastón, sale, renqueante, a la terraza. Es su ratito de tomar el sol y contemplar la vida que pasa, ajetreada, más allá de las paredes de su casa. Se deja caer sobre el asiento con un gruñido y muchos crujidos, se coloca la manta con manos temblorosas y se recuesta con un suspiro. Sobre la mesa espera, aromático y ardiente, su chocolate, uno de los pocos placeres que aún puede permitirse, y junto a él unas pastas insípidas que quedarán abandonadas en el platito. Sus ojos, empequeñecidos por los gruesos cristales de las gafas, pasean por entre los transeúntes que pasan bajo su terraza y su mente divaga sobre los grandes cambios habidos en el tiempo transcurrido entre su nacimiento y aquel brillante futuro que ahora es su presente. El anciano chasquea los labios, sacude la cabeza y, con el extremo cuidado del que se sabe torpe, coge la taza y la lleva lentamente a sus labios sin dejar de mirar el ajetreo …

From the space

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EvoluciónSabíamos que, tarde o temprano, nos iban a encontrar pero eso nunca nos ha preocupado porque también sabíamos que no seríamos comprendidos. Gracias a nosotros, los humanos poseen la curiosidad y la inteligencia suficientes para descubrirnos y estudiarnos pero jamás llegarán a imaginar que tienen ante sus ojos a esos alienígenas sobre los que tanto han hablado, escrito y especulado. Así que no importa cuánto nos observen ni cuantas investigaciones hagan sobre nosotros, nunca se acercarán a la realidad. Tendrían que derribar demasiadas barreras mentales para lograrlo. Barreras mentales que, por supuesto, fueron puesta por nosotros, sus creadores, hace millones de años.Nosotros hemos sido el motor de la evolución. Nosotros hemos moldeado la inteligencia y la consciencia humana. Nosotros somos la causa de su curiosidad y su sed de saber. Nosotros somos quienes empujamos a la humanidad a explorar y buscar. Los humanos son el culmen de nuestras propias investigaciones. El medio perfect…