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Entradas

MIRADAS

Publicado en el libro de relatos "En el laberinto del laurel" editado por el Ayuntamiento de Murcia y la Asociación Yo Nemanílica.



Lo veo cada día en el parque, en su silla, con ese curioso aspecto de astronauta perdido en un mundo desconocido. Rodeado siempre de su familia. que orbita en torno a él, tres planetas perfectamente sincronizados, nunca demasiado lejos. Llama la atención. Es inevitable. Veo los ojos moverse a su paso, veo cejas que se alzan, ceños que se fruncen. Veo miradas huidizas, miradas de reojo, pupilas escondidas tras las enormes y oscuras lentes de unas gafas de sol. Ojos que miran sin querer ver y fingiendo que no miran. Veo miradas de pena, alguna de curiosidad y otras, las menos, de burla y desprecio. Veo tantos tipos de miradas como tipos de personas existen en este mundo nuestro. Advierto los codazos que quieren ser disimulados, las llamadas de atención disfrazadas, los dedos que señalan con descaro, las cabezas que se giran con cuidada discreción.…
Entradas recientes

La canción

Relato publicado en la Quinta Edición de la Revista Letras y Demonios

Gilberto despierta y, aún desorientado, oye la desafinada voz: —Parece que va a llover, el cielo se está nublando, Parece que va a llover, ¡ay mamá me estoy mojando!
Es Macarena cantando a voz en grito mientras se mueve por la casa arrastrando muebles, barriendo, pasando la fregona, trasladando el polvo de un lado a otro a base de golpes de plumero, limpiando ventanas y realizando, en fin, las miles de tareas grandes y pequeñas que requieren el cuidado del hogar. Gilberto odia esa canción casi tanto como odia la voz chillona de Macarena, ambas cosas le taladran el tímpano, llegan hasta el centro de su cerebro y allí rebotan de un lado a otro como una pelota imposible de detener, atacando sus nervios hasta enfermarlo. —Parece que va a llover, el cielo se está nublando, Parece que va a llover ¡ay mamá me estoy mojando! La voz chirriante, procedente de la cocina, se clava con saña en los oídos de Gilberto, y este, furioso, …

LA NAVIDAD DE NOELIA

Noelia llevaba un mes corriendo más de lo que habitualmente corría, y eso era ya mucho correr. Se aproximaba Navidad y eso siempre multiplicaba las tareas y las carreras. Así que Noelia corría a todas partes y a todas horas intentando cumplir con la larga lista de obligaciones en la que, a estas alturas de su vida, se había convertido las dichosas fiestas: preparar disfraces para la fiesta navideña del colegio, comprar ingentes cantidades de alimentos en hipermercados abarrotados, sufrir los villancicos repetidos hasta el agotamiento auditivo, sacar la decoración navideña, poner la decoración navideña, reponer/renovar la decoración navideña, intentar hacer que la decoración navideña resulte lo menos kitsch posible, acudir a la fiesta del colegio, sacar fotos y sonreír como mema viendo a los retoños cantar un villancico vestidos de pastorcillo/oveja/angelito/arbolito... Acudir a la cena con los compañeros de trabajo donde tendrá que aguantar al baboso de Manolo y los lloriqueos de Mari…

Dudas

(Publicado en la revista miNatura digital nº 161)

La puerta se abre. Despacio. Tímida, recelosa... La puerta se abre y lo hace sola. Nadie la empuja ni tira de ella. Sencillamente, se abre. Matilde mira hacia afuera... Cree que es hacia afuera, pero tal vez es hacia adentro. No está segura. Ni siquiera sabe por qué está allí ni dónde o qué es allí. El hecho es que la puerta se abre, que se abre sola y que Matilde mira más allá de ella y sólo ve, o no ve, la oscuridad. Una oscuridad profunda, hosca, fría. Matilde, parada frente a la puerta abierta, tirita.  Debería entrar... o tal vez salir. Lo que sea, pero hacer algo, ¿no?  No puede quedarse allí, sea donde sea allí, eternamente, ¿no? Pero no se decide a moverse.  —Aquí no se está mal —se dice—. Al menos no hace frío. Allí, sin embargo... Y continua mirando la oscuridad de más allá de la puerta sin decidirse a moverse. A su espalda un repentino sonido reptante la hace estremecer, un olor nauseabundo le provoca arcadas.  Movimiento. Roces. Susur…

Micros

Composición
—¡Pum!
Sangre y sesos pintan la pared de rojo y gris.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Crac!
Un cuello se rompe.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Zas!
Un cuchillo atraviesa un corazón.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Agh!
El veneno hace efecto.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Perfecto! ¡Esto va genial! —dice el asesino mientras descarga una espada sobre un cuello desnudo.
—¡Zzzing!
Sangre goteando.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
Cada sonido es registrado en la grabadora que lleva consigo.
Registrado y revisado, para luego ser unidos en una sarta ininterrumpida.
¡Pum! ¡Plaf! ¡Crac! ¡Plaf! ¡Zas! ¡Plaf! ¡Agh! ¡Plaf! ¡Zzzing! ¡Plaf!
—¡Maravilloso! ¡Lo estáis haciendo genial! ¡Todos! —murmura el asesino mientras continúa con su macabra tarea— ¡Mi Oda a la Muerte será una obra maestra!

Miedo
— Cricrí... Cricrí... Cricrí...
En la calurosa noche veraniega, sólo se oye el cantar del grillo.
—Cricrí... Cricrí... Cricrí...
Silencio durante un momento y de nuevo:
—Cricrí... Cricrí... Cricrí...
En la casa vacacional, los inquilinos mal duermen con las ve…

CUMPLEAÑOS NÚMERO 16

Y ya son dieciséis. Ni uno menos, ni uno más. Dieciséis añazos y dice que se hace vieja (¡JA!). Y ya van dieciséis los cumpleaños y yo no puedo faltar a mi cita cumpleañera o me de despedirían de madre de manera fulminante. Y ya vamos por los dieciséis y con los dieciséis se acaba la ESO, con nervios y estrés y cansancio y grandes notas, y se inicia el Bachillerato con nuevos nervios y más estrés y, esperemos, notas igual de grandes. Ha sido un año intenso para la cumpleañera: novios que van y vienen, nuevos amigos, conflictos con los antiguos... La vida del adolescente, ya se sabe, siempre en plena montaña rusa emocional y llena de intensidad. La enana (bueno, vale, igual ya no es la enana) ha decidido volver a su idea original de estudiar medicina y le sigue tirando lo audiovisual.
Sigue escribiendo genial y le sigue costando ponerse a ello. Ha vuelto a la lectura gracias (¡qué cosas!) a la música y se compra todo libro que encuentre de Santi Balmes e Iván Ferreiro. Porque ella, ahora, …

Liberación

(Relato seleccionado para formar parte de la Antología Historias de Suspense y Terror II de la Ed. Letras con Arte).

Shhh.. Calla, no grites, que no nos oiga papá, ya sabes lo que pasa si hacemos ruido. Shhh… Calla, baja la voz, que no se despierte o armará una buena.
Shhh… Calla, no te rías tan alto. Que no nos oiga, que no se entere, que no sepa que estoy contigo. Puedes reírte, pero por lo bajinis, que él no te oiga, que no nos descubra.
Shhh… Calla, sólo por un ratito, es la última vez que tendrás que callar, te lo prometo. Como te prometí que volvería a buscarte el día que me fui. ¿Te acuerdas? Pues ya ves que cumplo. Y ahora… shhh… calla, habla más bajo, si él se entera no podremos hacer nada. Te encerrará y ya no podrás escapar. Así que, shhh… levanta de la cama y no hagas ruido. Está dormido, desde aquí lo oigo roncar, pero mejor no arriesgarnos a que se despierte.
Shhh… Calla, ya sé que te duele. Esa mala bestia pasó por aquí antes de irse a su cama, ¿verdad? Imagino que cada ve…