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Entradas

LA NAVIDAD DE NOELIA

Noelia llevaba un mes corriendo más de lo que habitualmente corría, y eso era ya mucho correr. Se aproximaba Navidad y eso siempre multiplicaba las tareas y las carreras. Así que Noelia corría a todas partes y a todas horas intentando cumplir con la larga lista de obligaciones en la que, a estas alturas de su vida, se había convertido las dichosas fiestas: preparar disfraces para la fiesta navideña del colegio, comprar ingentes cantidades de alimentos en hipermercados abarrotados, sufrir los villancicos repetidos hasta el agotamiento auditivo, sacar la decoración navideña, poner la decoración navideña, reponer/renovar la decoración navideña, intentar hacer que la decoración navideña resulte lo menos kitsch posible, acudir a la fiesta del colegio, sacar fotos y sonreír como mema viendo a los retoños cantar un villancico vestidos de pastorcillo/oveja/angelito/arbolito... Acudir a la cena con los compañeros de trabajo donde tendrá que aguantar al baboso de Manolo y los lloriqueos de Mari…
Entradas recientes

Dudas

(Publicado en la revista miNatura digital nº 161)

La puerta se abre. Despacio. Tímida, recelosa... La puerta se abre y lo hace sola. Nadie la empuja ni tira de ella. Sencillamente, se abre. Matilde mira hacia afuera... Cree que es hacia afuera, pero tal vez es hacia adentro. No está segura. Ni siquiera sabe por qué está allí ni dónde o qué es allí. El hecho es que la puerta se abre, que se abre sola y que Matilde mira más allá de ella y sólo ve, o no ve, la oscuridad. Una oscuridad profunda, hosca, fría. Matilde, parada frente a la puerta abierta, tirita.  Debería entrar... o tal vez salir. Lo que sea, pero hacer algo, ¿no?  No puede quedarse allí, sea donde sea allí, eternamente, ¿no? Pero no se decide a moverse.  —Aquí no se está mal —se dice—. Al menos no hace frío. Allí, sin embargo... Y continua mirando la oscuridad de más allá de la puerta sin decidirse a moverse. A su espalda un repentino sonido reptante la hace estremecer, un olor nauseabundo le provoca arcadas.  Movimiento. Roces. Susur…

Micros

Composición
—¡Pum!
Sangre y sesos pintan la pared de rojo y gris.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Crac!
Un cuello se rompe.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Zas!
Un cuchillo atraviesa un corazón.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Agh!
El veneno hace efecto.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Perfecto! ¡Esto va genial! —dice el asesino mientras descarga una espada sobre un cuello desnudo.
—¡Zzzing!
Sangre goteando.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
Cada sonido es registrado en la grabadora que lleva consigo.
Registrado y revisado, para luego ser unidos en una sarta ininterrumpida.
¡Pum! ¡Plaf! ¡Crac! ¡Plaf! ¡Zas! ¡Plaf! ¡Agh! ¡Plaf! ¡Zzzing! ¡Plaf!
—¡Maravilloso! ¡Lo estáis haciendo genial! ¡Todos! —murmura el asesino mientras continúa con su macabra tarea— ¡Mi Oda a la Muerte será una obra maestra!

Miedo
— Cricrí... Cricrí... Cricrí...
En la calurosa noche veraniega, sólo se oye el cantar del grillo.
—Cricrí... Cricrí... Cricrí...
Silencio durante un momento y de nuevo:
—Cricrí... Cricrí... Cricrí...
En la casa vacacional, los inquilinos mal duermen con las ve…

CUMPLEAÑOS NÚMERO 16

Y ya son dieciséis. Ni uno menos, ni uno más. Dieciséis añazos y dice que se hace vieja (¡JA!). Y ya van dieciséis los cumpleaños y yo no puedo faltar a mi cita cumpleañera o me de despedirían de madre de manera fulminante. Y ya vamos por los dieciséis y con los dieciséis se acaba la ESO, con nervios y estrés y cansancio y grandes notas, y se inicia el Bachillerato con nuevos nervios y más estrés y, esperemos, notas igual de grandes. Ha sido un año intenso para la cumpleañera: novios que van y vienen, nuevos amigos, conflictos con los antiguos... La vida del adolescente, ya se sabe, siempre en plena montaña rusa emocional y llena de intensidad. La enana (bueno, vale, igual ya no es la enana) ha decidido volver a su idea original de estudiar medicina y le sigue tirando lo audiovisual.
Sigue escribiendo genial y le sigue costando ponerse a ello. Ha vuelto a la lectura gracias (¡qué cosas!) a la música y se compra todo libro que encuentre de Santi Balmes e Iván Ferreiro. Porque ella, ahora, …

Liberación

(Relato seleccionado para formar parte de la Antología Historias de Suspense y Terror II de la Ed. Letras con Arte).

Shhh.. Calla, no grites, que no nos oiga papá, ya sabes lo que pasa si hacemos ruido. Shhh… Calla, baja la voz, que no se despierte o armará una buena.
Shhh… Calla, no te rías tan alto. Que no nos oiga, que no se entere, que no sepa que estoy contigo. Puedes reírte, pero por lo bajinis, que él no te oiga, que no nos descubra.
Shhh… Calla, sólo por un ratito, es la última vez que tendrás que callar, te lo prometo. Como te prometí que volvería a buscarte el día que me fui. ¿Te acuerdas? Pues ya ves que cumplo. Y ahora… shhh… calla, habla más bajo, si él se entera no podremos hacer nada. Te encerrará y ya no podrás escapar. Así que, shhh… levanta de la cama y no hagas ruido. Está dormido, desde aquí lo oigo roncar, pero mejor no arriesgarnos a que se despierte.
Shhh… Calla, ya sé que te duele. Esa mala bestia pasó por aquí antes de irse a su cama, ¿verdad? Imagino que cada ve…

Coherencia

— Si vienes conmigo al pasado —dijo el viajero del tiempo— podrás cambiar todo lo que no te guste de tu presente. Jorge dio un primer e impulsivo paso hacia adelante y luego se detuvo pensativo. — Hum -—dijo Jorge, que era muy de “hums”—, si yo hubiera ido al pasado para cambiar el presente tendría que recordarlo, ¿no? — No sé —dijo el viajero del tiempo cruzando los brazos en muestra de impaciencia—, nunca se me había ocurrido pensar en ello. Yo es que pienso poco, la verdad. — Hum —volvió a repetir Jorge, que ya hemos dicho que era muy de “hums”—, pero el caso es que yo no recuerdo haberme encontrado conmigo mismo. — Bueno —replicó el viajero del tiempo mientras excavaba en su oreja derecha—, quizás no te reconociste. — Hum —insistió Jorge, que también era mucho de insistir—, es un buen punto, pero... —Jorge dejó la frase en el aire mientras miraba un mensaje que le acababa de llegar. — ¿Pero? —inquirió el viajero que ya empezaba a impacientarse. — Pero aunque no me hubiera recono…

Cosas de niños

El niño juega a solas y susurra:
-Hoy han vuelto a llamarme monstruo. No sé por qué lo hacen. No soy ningún monstruo. No parezco un monstruo, ni huelo como un monstruo, ni gruño como un monstruo, ni estoy lleno de pelo, ni tengo dientes enormes, ni garras afiladas, ni nada que parezca de monstruo.
El niño, sin dejar el juego, continúa murmurando: -Nadie quiere jugar conmigo. Durante el recreo me siento en un rincón del patio y los miro jugar. A veces se acerca alguno hasta donde yo estoy y me pega, o me escupe o me llama monstruo porque sus amigos le han retado a hacerlo. Yo no hago nada, sólo me quedo mirando, muy fijo. Ni siquiera hablo. Eso los pone nerviosos y muchos acaban dejándome en paz. El niño se quita de los ojos un mechón de pelo rebelde dejando un rastro de suciedad amarronada en su frente y continúa con su monólogo:
-No siempre funciona. Siempre hay alguno que que no se conforma con un escupitajo, un insulto o un empujón, y decide que quiere más y se pone a darme puñetazos o …