martes, 23 de diciembre de 2025

Cálido abrazo

 



El frío apuñalaba sin piedad al soldado que, perdido en la ventisca, intentaba encontrar a sus compañeros. Tras varias horas de caminata se derrumbó, agotado, en una pequeña oquedad, buscando protección y un calor imposible.

Allí, tumbado, con el viento helado mordiendo su cuerpo, la somnolencia comenzó a atacar y soñó...

Soñó con abrigos, bufandas, guantes y, especialmente, con su parka preferida de niño, cálida y suave como un abrazo.

Entre sueños vio a alguien aproximarse, encapuchado, con una parka como la de su niñez. Venían a salvarlo, pensó.

Entonces la figura se arrodilló ante él y vio la realidad.

La Parca, con suavidad, lo envolvió en su parka y, parca en palabras, se lo llevó en silencio.



viernes, 19 de diciembre de 2025

Viajero anónimo

 



La Parca se puso la parka, 

cansada de túnicas viejas, 

y de arrastrar sudarios

por calles nevadas

y húmedas callejas.

Subió la cremallera hasta el mentón de hueso, 

se encajó la capucha de pelo sintético, 

y guardó la guadaña plegable 

en el bolsillo secreto.

Ahora viaja en el metro, 

un viajero más con frío, 

inmerso en el barullo humano,

sintiendo sus sueños y miedos,

buscando el calor de un cuerpo cercano,

fingiendo que tiene una vida,

que los seres mortales son sus hermanos

y siguiendo en silencio

a su próxima víctima.





jueves, 4 de diciembre de 2025

Me tiemblan las rodillas

 

   Me tiemblan las rodillas, me duelen los hombros y no sé cuánto tiempo va a resistir mi espalda. A pesar del frío el sudor corre por mi cara. Nunca pensé que alguien tan delgado llegara a pesar tanto.

    Cuando lo recogí y me lo cargué, aún vivía, podía escuchar su pesada respiración y sus suaves gemidos y, de vez en cuando, notaba que se revolvía... pero hace rato que se quedó silencioso e inmóvil. 

    Noto su sangre correr por mis gemelos, la tela de sus pantalones verdes comienza a irritarme la cara. Podría dejarlo caer aquí mismo y olvidarme de él, pero me resulta imposible, hemos compartido demasiadas cosas, demasiadas borracheras, demasiadas confidencias, demasiadas batallas.

    Cada vez me cuesta más avanzar, andar en el barro no resulta de mucha ayuda. Continúo por pura fuerza de voluntad, debo llevarlo a algún lugar seguro, no puedo dejarlo en manos del enemigo, aunque esté muerto, aunque lo haya matado yo.


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     Me tiemblan las rodillas y me duele todo el cuerpo, soy demasiado vieja para este trabajo. Cuando llegué podía con todo, era joven y fuerte, pero eso fue hace mucho tiempo y ya no soy la misma.

    Hoy, no sé por qué, me siento especialmente débil y el peso con el que cargo me hace temblar y vacilar. Casi sería un alivio que mi cuerpo cediera.

    Deberían quitarme el peso de encima si no quieren que ocurra un desastre, pero nadie escucha mis quejidos.

    Oh, Dios, he escuchado un crac, algo se ha roto, pronto llegará el dolor y, entonces, me derrumbaré y, conmigo, el hombre que está pintando esa pared.

        Lo siento, no puedo más, es mi momento de descansar.




Menú del día

  Cada día se acercaba al mismo restaurante y se paraba frente a la pizarra donde aparecían las diferentes opciones del menú del día: dos pr...