Vocación (Final... creo...)

"Termine el cuento, no sea gacha", esto me decía en su comentario Ricardo Arce y yo, que a veces (no siempre pero a veces) no me resisto al reto, voy y lo acabo. Para que no me llame eso de "gacha" (adjetivo que tuve que buscar porque, hasta hace unos días, yo creía que era algo que se comía y nada más...) me puse a darle la lata a doña Inspiración y, bueno, este es el final que me sugirió. Ya me dirá usté, don Ricardo, qué le parece...


Óscar exhaló su último suspiro… … … … … … … … … … … … … … … … … … … …


… Y abrió los ojos en el brillantemente neblinoso más allá.


Se sentía feliz y preparado para transformarse en aquello que siempre había ansiado: un fantasma como Dios manda.


No tardó mucho (o quizás sí tardó mucho; en el más allá el concepto del tiempo es algo elástico) en averiguar que todo aquello que había aprendido en vida no le servía de nada.


Fue un señor bajito y con barba el encargado de informarle de que eso de ser fantasma no requería ni de apariciones teatrales, ni de paseos por castillos/casas/jardines/pueblos abandonados. Igualmente podía Óscar ir olvidándose de vaporosos sudarios, ruidosas cadenas, transparentes espectros, terroríficas psicofonías o asquerosos ectoplasmas. Nada, absolutamente nada de lo estudiado durante toda su vida servía en la “otra vida”. ¡Pobre Óscar, tanto estudiar para nada!


Pero eso no quería decir que no pudiera alcanzar su sueño. Tras informarle de lo que no era un fantasma, el señor barbudo pasó a explicarle lo que sí era un fantasma.


- Un fantasma – le dijo – no es ni más ni menos que un recuerdo. Serás un fantasma, por supuesto, pero sólo aparecerás en los sueños y en la memoria de quienes te aman y te recuerdan. Podrás hablarles, sin duda, pero sólo como una sombra onírica. Podrás estar a su lado, calmarles, animarles incluso pero siempre como una lejana remembranza y sólo mientras ellos te tengan en su corazón y en su mente. Aparecerás ante ellos con la imagen que mejor recuerden, hablarás con las palabras que más hayan calado en sus corazones. Y serás fantasma, espíritu o espectro mientras haya alguien que pueda recordarte, luego… bueno, luego volverás a morir, esta vez para siempre.


Y así fue. Óscar pudo visitar a familiares y amigos en sueños, se aproximaba a ellos siempre que alguien le recordaba. Les acompañó en cada celebración. Ser fantasma no era exactamente como él había imaginado pero, bueno, tampoco se quejaba.


Cuando, al fin, la última persona capaz de recordarle pasó del mundo terrenal al mundo fantasmal, Óscar recibió su segunda muerte con la misma placidez que la primera y, mientras se desvanecía suavemente en la brillante neblina del más allá, sonreía y se preguntaba si habría otra vida y otra muerte más allá...



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