jueves, 14 de febrero de 2008

San Valentín


Hoy es 14 de Febrero. Eso dice el calendario.


Hoy es el día de los enamorados. Eso lo dicen el Corte Inglés y otros establecimientos comerciales.


Se supone que hoy toca hablar de amor.


Y que debería hacerle un regalito al husband.


Y que el husband debería hacerme un regalito a mí.


Y que deberíamos ponernos nuestras mejores galas y salir a cenar y esas cosas que se suelen hacer por San Valentín.


Y luego ponernos tontos y decirnos cursilerías varias.


Eso se supone que deberíamos hacer pero…


… Va a ser que no.


Que ni San Valentín ni gaitas. Que no estoy yo para celebraciones y menos para una así de mema. Que me tiene pillada un pedazo virus (juraría que esto antes se llamaba resfriado o gripe pero, según le dijo el médico al husband, “esto es un virus que afecta a las vías respiratorias” ¿?) que no se lo salta un galgo, eso sí, me lo “regaló” mi amantísimo esposo con lo cual ya cumplimos una parte de la tradición.


De modo que estoy pasando San Valentín en medio de una preciosa nube de kleenex y en compañía de mi querido termómetro. No puedo decirle cosas bonitas (ni feas) al husband porque la garganta me duele una barbaridad y tengo una voz de cazallera (en realidad cada vez tengo menos voz) que ni en mis más locas noches de fumadora empedernida. Ni se me ocurriría tomarme una copa de nada que a saber qué puede pasar si lo mezclo con los sobres esos que el farmacéutico dice que son tan buenos pa’ lo mío. De cenar ni hablemos porque mi apetito se ha visto reducido en un 75% o así. Y me temo que lo único que me puede poner hoy “caliente” es la fiebre.


Lo cierto es que aunque estuviera sana tampoco haríamos nada especial. La vida tiene estas cosas: antes me desesperaba no tener con quien pasar el día de los enamorados y, ahora que tengo con quien, resulta que esta fecha nos resbala una barbaridad.


No me quejo. En absoluto. Lo prefiero así.


Que otros se queden con las cenas y los regalitos y las flores y esas cosas.


Yo me quedo con todo lo que mi marido hace por mí ahora que estoy malita: yendo a comprar algo para este jodío virus, trayéndome más kleenex, poniéndome el termómetro, obligándome a meterme en la cama, comprándome el Muy Interesante (mi revista favorita) y un donut (en casa es que somos unos donut-adictos…) acariciándome el pelo y abrazándome si me quejo de frío.


Me quedo con el amor que me demuestra día a día.


Dejo para otros la “pasión y el misterio” ese que piensan que es tan importante.


A mí que me dejen mi amor cotidiano. Mi amor sin misterios. Mi amor sin “mariposas en el estómago”.


Para mí no hay nada más maravilloso ni más auténtico.


Ahora, con el permiso de todos, me largo a tumbarme en el sofá. En cuanto pueda pasaré a leeros a todos (y te responderé a ti, apati-veci :P).