viernes, 3 de diciembre de 2010

Retales


Él y ella

Él era tan mediocremente gris que la gente le olvidaba en cuanto dejaban de verlo.

Ella, en cambio, era tan intensamente real y brillante que resultaba imposible olvidarla aunque sólo la hubieras visto durante un segundo.

Él, por supuesto, se enamoró de ella al instante y jamás pudo olvidarla.

Ella también se enamoró de él al instante pero al instante siguiente ya le había olvidado.


Él volvió a presentarse ante ella con la esperanza de que el milagro amoroso se repitiera.


Ella, en esa ocasión, ni siquiera le dedicó una segunda mirada.


Los milagros, ya se sabe, nunca ocurren dos veces seguidas.


El asesino


Había prometido a su cliente que mataría a aquel tipo con un tiro entre ceja y ceja pero cuando se encontró frente a frente con las hiper pobladas y unidas cejas de su víctima, pensó que sería mejor acabar con él de un disparo en el corazón.



El vegetariano


El muchacho, reuniendo todo su valor, decidió comunicar al resto de la tribu que no pensaba comer carne nunca más y que, a partir de entonces, sólo se alimentaría de vegetales.


Desde ese día puso tanto empeño en convencer a su antropófago clan de las virtudes del vegetarianismo que, finalmente, decidieron comérselo para comprobar si en verdad las verduras tenían tan buen sabor.


No se ha vuelto a tener noticia de la existencia de ningún otro vegetariano en la tribu.






El puente


En aquel curioso país se tomaban muy en serio las frases hechas, tan en serio que cuando ganaron la guerra contra el país vecino no dejaron marchar a sus enemigos hasta no tener completo un puente de plata.