Nube

Este relato, en principio, lo hice pensando en un concurso pero se me ha quedado corto de extensión así que mejor lo dejo aquí, ya veré si se me ocurre algo más para el concurso ese :)


Sobre cada populosa ciudad, sobre cada pequeño pueblo, sobre cualquier lugar del planeta donde se reúna un cierto número de seres humanos flota una invisible nube de pensamientos, sentimientos y emociones. Y aquella ciudad, por supuesto, no era ninguna excepción.


Sobre ella nadaban densos nimbos de odio, oscuros cúmulos de tristeza, brillantes cirros de pura felicidad, grandes estratos de esperanza. Los pensamientos volaban como pájaros en el cielo azul. Los de la joven embarazada sobre su futuro hijo, los de los novios ilusionados en su próxima boda, los de unos niños planeando travesuras, la nostalgia de los ancianos,los del hombre que acaba de conseguir un nuevo empleo, la esperanza de los desesperados, los recuerdos de los melacónlicos, la felicidad de los bendecidos por la suerte, el dolor de los enfermos, la alegría de la vida, la pena de lo perdido...


Esta ciudad, como todas las ciudades, bullía de vida y la nube, como todas las nubes de todas las ciudades, brillaba con los mil colores de los miles de planes, ideas, esperanzas, reflexiones, decisiones y sentimientos que en ella se acumulaban engrosándola.


Aquella mañana de agosto, a las 8:15, una flecha plateada cruzó la nube. La muerte surgió de su vientre y cayó pesadamente rumbo a la ciudad borboteante de vida. Pocos segundos después la invisible nube de emociones, sentimientos y vida fue dispersada y sustituida por una brillante y ardiente nube blanca.


Luego, el silencio de la muerte y, un poco más allá, una negra nube de intenso dolor.


Aquel 6 de agosto, Hiroshima moría y sus asesinos, orgullosos y arrogantes, repitieron su hazaña tres días después en la ciudad de Nagasaki.


La vida volvió, como siempre vuelve, la invisible nube de emociones volvió a formarse, como siempre lo hace, pero desde aquel día lleva pegado a ella, como una sombría excrecencia, el blanco destello del día en que el mundo acabó, repentinamente, para muchos y cambió, definitivamente, para cientos más.







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