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Mostrando entradas de 2010

Año nuevo, vida nueva

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Año nuevo, vida nueva. Ernesto llevaba días escuchando la famosa frasecita repetida hasta la saciedad por familiares, compañeros y desconocidos llenos de encomiables y utópicos propósitos de año nuevo.
Año nuevo, vida nueva, le había dicho su cuñado cuando comunicó su decisión de dejar de fumar, esta vez de verdad. Y Ernesto sonreía porque era el mismo propósito que hacía cada diciembre desde hacía unos diez años y que dejaba de cumplir invariablemente cuando llegaba el mes de febrero. Es que tengo mucho estrés, ya lo dejaré más adelante, y se encendía el cigarrillo con aire entre culpable y satisfecho.
Año nuevo, vida nueva, comunicaba entusiasmada su esposa su propósito de año nuevo. En cuanto pasen las fiestas, decía con firmeza, me apuntaré a un gimnasio para ponerme en forma y bajar los kilitos que me sobran. Ernesto, por supuesto, la apoyaba y la animaba aunque sabía que el saludable propósito se diluiría con las primeras luces del nuevo año envuelto en murmullos levemente culpa…

Aura y la Navidad (Infantil)

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Ya llega la Navidad, días llenos de magia, y Aura salta llena de alegría. Son días muy felices, días repletos de ilusión y Aura los disfruta un montón sin dejarse nada en el tintero.
Primero, Adviento. En su calendario Aura comienza a desgranar los días que faltan para las fiestas celebrar. Tras cada ventanita se esconde una sorpresa y a Aura le encanta descubrirla: hoy una chocolatina, mañana una golosina, ayer fue una pegatina. Son cosas pequeñitas, minúsculas sorpresitas que a la niña hacen disfrutar.
Ya llega la Navidad y Aura quiere reír porque en estos días se siente muy feliz.
Segundo, adornar el árbol, algo muy divertido: que si una bola por aquí, que si espumillón por allá, que si luces, que si angelitos, que si lacitos, que si una gran estrella para el final. Luego, con un chocolate bien caliente, Aura frente se sentará frente a él para contemplarlo, disfrutarlo y mil cosas imaginar.
Esas bolas de colores, piensa Aura, son planetas diminutos donde vive gente microscópica. Y el …

Amantes

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Le fascinaba aquella curva de su cuerpo, justo aquella. Le gustaban todas, por supuesto, pero aquella en particular lo sumía en un estado de embeleso casi infantil. Cuando la contemplaba desnuda, tumbada de lado, mano y ojos se dirigían automáticamente hacia la profunda y delicada depresión formada por su cintura y en ella se extasiaban y deleitaban sin cansarse de tan deliciosa tarea.
Cualquier día, le susurraba pegando sus labios a la cálida curva, cualquier día voy a darte un mordisco aquí, en este delicioso trozo de piel blanca y delicada. Y, mientras lo decía, rozaba suavemente con sus dientes el lugar que decía querer morder haciendo que ella se estremeciera y se estirara con la sensualidad de un gato adormilado.
Ella sonreía con coquetería y se dejaba hacer, mientras él hundía su cara lamiendo, besando y acariciando el jugoso y dulce arco que tanta fascinación le provocaba.
A medida que pasaban los días, él se sentía cada vez más atraído por aquella suave curva formada por cintura…

Retales

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Él y ella

Él era tan mediocremente gris que la gente le olvidaba en cuanto dejaban de verlo.

Ella, en cambio, era tan intensamente real y brillante que resultaba imposible olvidarla aunque sólo la hubieras visto durante un segundo.

Él, por supuesto, se enamoró de ella al instante y jamás pudo olvidarla.

Ella también se enamoró de él al instante pero al instante siguiente ya le había olvidado.


Él volvió a presentarse ante ella con la esperanza de que el milagro amoroso se repitiera.
Ella, en esaocasión, ni siquiera le dedicó una segunda mirada.
Los milagros, ya se sabe, nunca ocurren dos veces seguidas.
El asesino
Había prometido a su clienteque mataría a aquel tipo con un tiro entre ceja y ceja pero cuando se encontró frente a frente con las hiper pobladas y unidas cejas de su víctima, pensó que sería mejor acabar con él de un disparo en el corazón.

El vegetariano
El muchacho, reuniendo todo su valor, decidió comunicar al resto de la tribu que no pensaba comer carne nunca más y que, a partir de …

Nube

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Este relato, en principio, lo hice pensando en un concurso pero se me ha quedado corto de extensión así que mejor lo dejo aquí, ya veré si se me ocurre algo más para el concurso ese :)


Sobre cada populosa ciudad, sobre cada pequeño pueblo, sobre cualquier lugar del planeta donde se reúna un cierto número de seres humanos flota una invisible nube de pensamientos, sentimientos y emociones. Y aquella ciudad, por supuesto, no era ninguna excepción.
Sobre ella nadaban densos nimbos de odio, oscuros cúmulos de tristeza, brillantes cirros de pura felicidad, grandes estratos de esperanza. Los pensamientos volaban como pájaros en el cielo azul. Los de la joven embarazada sobre su futuro hijo, los de los novios ilusionados en su próxima boda, los de unos niños planeando travesuras, la nostalgia de los ancianos,los del hombre que acaba de conseguir un nuevo empleo, la esperanza de los desesperados, los recuerdos de los melacónlicos, la felicidad de los bendecidos por la suerte, el dolor de los enf…

La montaña

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Desde hacía milenios, allí, justo allí, ni un metro más allá ni un metro más acá, se alzaba una inmensa montaña. La montaña más alta de aquel país, la montaña más fotografiada, visitada y escalada de todas las montañas fotografiadas, visitadas y escaladas de aquella nación.
Cierto día, al pie de aquella famosa montaña, se instalaron unos curiosos monjes de no se sabía qué exótico y lejano país. Unos monjes de esos que pasan horas meditando y haciendo cosas graciosas con un sonajero en la mano y otras cosas imposibles con sus cuerpos. Y la montaña, claro, siguió allí, justo donde siempre había estado. El único cambio que produjo la instalación del monasterio fue un ligero aumento en el número de turistas que ahora, aparte de la montaña, tenían el singular atractivo de los pacíficos monjes.
Los sonrientes monjes pasaban el día arando, limpiando, cuidando sus jardines, practicando sus acrobáticas luchas y siendo amables y hospitalarios con los turistas, escaladores, buscadores de experien…

Identidad

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Ernesto no le dio mucha importancia a la pérdida de un par de minutos al día. Luego pasaron a ser dos o tres horas diarias y empezó a preocuparse, pero no lo suficiente. Pasado un tiempo las pérdidas aumentaron a varios días y entonces quiso investigar por dónde y h acia dónde se le estaba escapando el tiempo. Cuando pasó a perder semanas, la preocupación se volvió terror. El día que descubrió que ese tiempo que él creía perder era vivido por otro, el terror se volvió rabia y frustración.

“El otro”, como él lo llamó, había decidido escribir un diario y dejarlo donde Ernesto pudiera encontrarlo con la idea de que saber qué ocurría con su tiempo perdido le seriviría de consuelo. Pero el efecto que tuvo en Ernesto, siempre posesivo y celoso de lo suyo fue justamente el opuesto. Sin lugar a dudas la vida de “el otro” era mucho más intensa, interesante y feliz que la suya pero eso no justificaba el robo de su tiempo, pensó Ernesto. Esos minutos, días y años eran suyos y nadie tenía derech…