jueves, 29 de octubre de 2009

Cosas de casa...

Mi cama


Mi cama no es sólo una cama.


Mi cama, aunque suene raro, es más que una cama.


En realidad mi cama puede ser casi cualquier cosa.


Puede transformarse, por ejemplo, en lugar de estudios donde la niña, usando una pequeña pizarra a modo de mesa, hace sus deberes.


En otras ocasiones se transmuta en sala de juegos en la que jugar a navegar en un barco o a usar a papá como caballito o a “hacer el sandwich” (mamá una tapa del pan, papá el embutido, la niña la tapa superior) o mantener durísimas “peleas familiares”.


Mi cama, otras veces, es el sofá de un salón donde nos reunimos todos a ver la tele (especialmente en verano ya que mi dormitorio es la habitación más fresca).


Por supuesto, es inevitable su transformación en biblioteca: en ella lee la niña, leo yo, lee mi “husband”...


Mi cama, ya lo he dicho, no es sólo una cama. Es un lugar de encuentro, un sitio de vida familiar.




Ah, también sirve para dormir.






Mis libros


Mis libros son desordenados y desorganizados.


Conste que yo intenté imponer algo de método en su caos pero el trabajo que tuve fue en vano pues en cuanto me descuidé un poco la confusión comenzó a instalarse nuevamente entre ellos.


Mis libros son ya tan abundantes que es imposible retenerlos en una sola habitación o en un solo mueble. No. Ellos recorren toda la casa desbordándonos y llenándolo todo. Donde más se acumulan es en la que podría ser una habitación de invitados pero que nosotros denominamos “la nevera” (tenemos el radiador de esa habitación cerrado y en invierno hace un frío que pela) y que, a todos los efectos, funciona como trastero o agujero negro al que van gravitando todas aquellas cosas que no sabemos donde poner. Ahí habita la mayor parte de nuestra biblioteca, pero no toda. Otra parte se encuentra en el salón ocupando lugares que, en casas más normales, se supone destinado a vajillas o cristalerías. Y, por último, otra parte habita en mi dormitorio, concretamente sobre la cómoda y sobre mi mesilla de noche.


Hay, entre mis libros, algunos que sólo han sido leídos una vez -la mayoría-; los hay que jamás han sido leídos -los menos- y, entre éstos, los hay a los que me he intentado acercar más de una vez sin ningún éxito (por ejemplo: La vida instrucciones de uso). Y hay, por último, unos cuantos que han sido leídos en múltiples ocasiones y que, probablemente, volverán a ser leídos: Cien años de soledad, La historia interminable, La Regenta, Fortunata y Jacinta, El amor en los tiempos del cólera, varios de la serie Mundodisco, Ivanhoe, Los tres mosqueteros... y no sé si me dejo alguno más.


Mis libros, ya lo he dicho, son abundantes, variados, desordenados y pobladores de los más variados hábitats.


Sinceramente, no sé qué haría yo sin mis libros.





martes, 27 de octubre de 2009

El dios

El dios se deslizaba suavemente en el vacío espacial dejándose mecer por vientos solares y permitiendo que las fuerzas gravitacionales le acercaran o alejaran de planetas, planetoides, estrellas y demás cuerpos celestes. Dormitaba una siesta milenaria e indolente debido más al aburrimiento que al cansancio.


Como dios no es que fuera gran cosa. Siendo sincero consigo mismo debía admitir que, en realidad, como dios era un completo desastre.


El dios se revolvió, resoplando, en su cama de éter. El polvo y el gas de una nebulosa cercana salieron despedidos a varios años luz de distancia.


Un par de galaxias habían nacido y habían muerto desde que perdió su único planeta en una partida de dados contra otro dios.


Podía haber intentado crear otro pero es que, vaya, eso de crear no se le daba demasiado bien. En el planeta que perdió había invertido millones de años. Moldearlo y crear la base geológica le costó un esfuerzo sobre-divino; sudó tanto que los primeros océanos le quedaron algo salados, algo ácidos y... bueno, algo “olorosos”. Y esa fue la parte sencilla. Lo peor vino con la creación de animales y plantas. Puf. Ahí sí que se las vio y se las deseó. La de bosquejos, croquis y maquetas que llegó a hacer para luego deshacerlos. Cuando perdió el planeta aún estaba trabajando en ello; incluso recordaba con cariño su último proyecto: un animal enorme, de tres cabezas, con enormes colmillos, varias patas y miembros superiores tentaculares. Francamente tenía que reconocer que no parecía muy funcional pero era, sin la menor duda, lo más original que había creado.


Pero, bueno, todo eso ya daba igual porque había perdido su planeta contra ese otro dios. Luego ya no le habían quedado ganas de dedicarse a crear otro.


Había decidido tomarse varios millones de años sabáticos y viajar por todos los universos que pudiera. Ya tendría tiempo de crear otro mundo. De momento prefería seguir meciéndose entre planetas, nebulosas, galaxias y estrellas.


Disfrutaba enormemente de la languidez que le ofrecía la pereza.


El dios bostezó y casi se atraganta con una lluvia de meteoritos que se le coló en la boca. Se estiró varios miles de años luz. Tomó un cúmulo estelar próximo para usarlo como almohada y continuó deslizándose en el vacío espacial, durmiendo su siesta milenaria, dulcemente arrullado por la música de las esferas y sacudiéndose, de vez en cuando, algún cuerpo celeste que le hacía cosquillas en la nariz.





jueves, 22 de octubre de 2009

Aura no puede dormir (Infantil)


Aquella noche de luna llena Aura no podía dormir.


Se volvió a la derecha... y nada.


Se volvió a la izquierda... y nada.


Se volvió boca abajo... y nada.


Se volvió boca arriba... y nada.


Dio vuelta a su almohada.


Se destapó.


Se volvió a tapar.


Se cubrió los ojos con las manos.


Se abrazó a su osito.


Se cantó una nana.


Y nada.


Aura recordó que su mamá siempre le decía que contara ovejas y a ello se puso:


-Una oveja... Dos ovejas... Tres ovejas... ¡Eh, eh! - Aura gritaba a la tercera oveja que había decidido dar media vuelta y echar correr - ¡Eh, tú! ¿Dónde crees que vas?


La niña la siguió, la persiguió, corrió, casi galopó tras la oveja fugitiva.


Hasta que Aura se cansó y se sentó al borde de un camino de color rojo.


-Pues así no hay quien se duerma -pensó- tendré que contar otra cosa. Pero ¿qué?


Miró a la derecha, miró a la izquierda y, de pronto, a lo lejos, vio que se acercaba un curioso desfile. Aura contó:


- Un koala, dos ornitorrincos, tres wombats, cuatro canguros... ¡Eh, eh! - Aura gritaba a los cuatro canguros que habían decidido dar media vuelta y largarse saltando - ¡Eh, volved! ¡Así no os puedo contar bien!


La niña los siguió, los persiguió, corrió, casi galopó tras los canguros fugitivos.


Hasta que se dio cuenta de que no tenía por qué ir tras ellos y se sentó al borde de un camino de color azul.


-Nada, que esta noche no voy a dormir -pensó- ¿Qué otra cosa podré contar?


Miró a la izquierda, miró a la derecha, miró al frente y vio acercarse un curioso cortejo. Aura contó:


-Un duende, dos gnomos, tres hadas, cuatro brujas, cinco elfos, seis ogros, siete princesas, ocho príncipes, nueve magos, diez elfos... Esto de contar es muy aburrido – dijo Aura con un bostezo.


Siguió contemplando el fantástico desfile hasta que alguien la tomó de la mano y la animó a unirse a ellos.


Y entre risas, saltos y bailes se fue, siguiendo sus pasos, por el camino azul.


En el dormitorio de Aura, a la luz de la luna, el Hada del Sueño arropó a la niña, acarició sus párpados cerrados, sonrió ante su sonrisa y, silenciosamente, se marchó dejándola a solas con sus ovejas, sus wombats, sus hadas y sus elfos...



Babys First Lullaby - Schubert





domingo, 18 de octubre de 2009

Obsesión

Me cansé, me harté, me hastié.


Me fatigaba, me fastidiaba, me incomodaba, me jeringaba. Vamos, que me jorobaba mucho.


Todo el día detrás de mí. Todo el día siguiéndome, persiguiéndome, hostigándome, acechándome, escoltándome.


Por eso acabé con ella. Porque ya no podía más.


Ya no aguantaba su casi continúa compañía.


Ya no soportaba sentirla siempre vigilándome.


Ya no toleraba su presencia.


Liquidarla, eliminarla, aniquilarla, se convirtió en mi único y constante pensamiento.


No fue fácil deshacerme de ella. Planificar el cómo me llevó mucho tiempo y vencer su natural resistencia, también. Pero, a pesar de todas las dificultades, lo logré.


Oh, sí, me costó pero conseguí liberarme de su acoso.


Tras tantísimos años por fin me siento libre.



Ya no puede seguirme, ni perseguirme, ni acosarme, ni vigilarme.


Es maravilloso.


Ahora puedo andar por la calle sabiendo que mi sombra ya no va tras mis pasos.




miércoles, 14 de octubre de 2009

Cosas de niñas...

Hace unos meses le dimos a la enana un mp3 que iba a ser jubilado. Lo usa cuando vamos de viaje o de paseo o a algún sitio en el que sabe que se va a aburrir. Su gusto musical es bastante variado: Hannah Montana, Jonas BrothersMitchel Musso, Beyonce, Paulina Rubio, Shakira, Ismael, Cheetah Girls, Demi Lovato, la banda sonora de “Phineas y Ferb” que es lo más “infantil” de toda esa música. Y pensar que yo cantaba las canciones de los Chiripitifláuticos... ¡cómo ha cambiado la infancia!


¿Sabes qué?” Es la coletilla que usa mi enana para iniciar el relato de cualquier cosa que nos quiera contar...


¿Sabes qué? Dice D. que cree que ha visto la cola del Ratoncito Pérez -a lo que parece ya debía haber acabado su trabajo y lo pilló mientras se largaba con su botín dental-.


¿Sabes qué? La profe de Cono tiene muchos granitos aquí -la enana se señala varios puntos de la cara- y ¿sabes qué? ¡Que tienen pelos! Parece una bruja -y la tía se parte de la risa-.


¿Sabes qué? El profe de Música es muy divertido y muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy, muuuuuuuy guapo -nótese la gran diferencia en el número de “muys” utilizados-.


¿Sabes qué? L. dice que se levanta a las siete y media y que prepara el desayuno a sus papás y luego el suyo -Mmmm... a ver. A esta tal L. se le dan muy bien los estudios, se le dan muy bien los deportes ¿Encima también es así de hacendosa y amable? ¿Soy la única que piensa que es un poco repelentilla?


¿Sabes qué? Hicimos una obra de teatro en Atención Educativa y ¿sabes qué? Que M. hizo de mamá gallina y yo de gallo. ¡Qué cosas tiene el profe! ¿A quién se le ocurre poner a un chico de gallina y a una chica de gallo? - Es que a los niños eso de la ambigüedad sexual como que no les va: los chicos con cosas de chicos, las chicas con cosas de chicas y punto...



¿Sabes qué? H. -su mejorcísima amiga del alma a la que ha dedicado un post en su blog si alguien tiene curiosidad que pinche aquí y si alguien deja un comentario se sentirá encantada :D- se cree que nosotros somos ricos porque tenemos la Wii, y la Nintendo Ds y el portátil -vaya, yo convencida de que eso se debía a que tenía un “husband” geek y ahora resulta que es que estamos forrados...


A pesar de que siempre le han encantado las muñecas no ha sido hasta este año cuando la enana ha empezado a jugar realmente con ellas. Como dice que quiere ser peluquera le ha cortado el pelo a varias de ellas y como dice que le gusta la moda ha cogido sus princesas Barbies, les ha quitado los vestidos y se ha liado a cortar mangas por allí y faldas por allá creando nuevos modelitos para intercambiar entre ellas.


Tiene una chaqueta -color rosa, faltaría más- que adora. Debe tener unos tres años (se la regaló la abuela “crecedera” por eso aún le vale) y, en cuanto empieza el frío, no hay forma humana de quitársela. La lleva a diario y yo le estoy cogiendo una tirria...


Hoy me ha contado que su amiga A. y ella ya hablan como las adolescentes. Y ¿cómo se supone que hablan las adolescentes? “Jo, tía...”, “Esto no mola, tía”, “Qué guay, tía”. No sé a qué adolescentes oyen estas niñas.


Cada día está más independiente. Este verano,ella y su amiga H., han explorado el parque, han paseado solas por él, han descubierto una “guarida secreta” para esconderse y jugar a solas. Han pasado las vacaciones buscando la manera de “escapar” de las mamás y andar ellas a sus anchas. No sé qué pasará el año que viene con un año más ¿Querrán ir solas al parque? Buf... A saber.


... Y me largo que la enana tiene que irse a la cama porque ¿sabes qué? Mañana hay que madrugar para ir al cole...






sábado, 10 de octubre de 2009

Caja de tesoros

Tengo una caja preciosa. Una caja forrada de raso de color rosa. Mi mamá la forró con mucho cuidado, la adornó con mariposas, me la regaló por mi cumpleaños y a mí me pareció maravillosa.


En ella guardo mis tesoros y mis secretos.


Guardo una piedra azul con estrellas amarilla que me pintó la tía Chari un día que estaba muy triste.


Guardo dos pétalos de rosa: una blanca, otra roja. Los encontré en el parque, a principios de primavera y los guardé para poder tener siempre a mano un trozo de mi estación favorita.


Guardo tres canicas de brillantes colores. Me los dio mi amigo Pablo con un beso y un abrazo.


Guardo cuatro cromos de mi serie favorita, los compré con mi propina en lugar de golosinas.


Guardo cinco chicles de fresa para algún día de fiesta.


Guardo seis coleteros: dos con flores, dos con estrellas y dos con corazones.


Guardo siete velas de cumpleaños, una por cada año que tengo.


Guardo ocho tizas de colores para pintar paisajes y jugar a la rayuela y hacer sumas, restas y hasta multiplicaciones.


Guardo nueve globos (rojos, amarillos, verdes y azules) que no quiero hinchar por si acaso se rompen o se escapan.


Guardo diez alfileres grandes, con unas cabezas muy gordas que sirven para prenderme en la ropa besos, risas y colores.


Tengo una caja preciosa.


Una caja forrada de raso de color rosa.



Tengo una caja llena de tesoros, adornada con mariposas.


Me la regaló mi mamá y me parece maravillosa.




Treasure Box - Autumns Grey Solace