viernes, 29 de mayo de 2009

Las piedras

Toc... Toc... Toc...


Deja de jugar con las piedras, vamos de caza, le dice su padre y, sin detenerse en su camino, le lanza tal colleja que el joven tiene la impresión de que su cabeza va a salir disparada de su cuello.


Toc... Toc... Toc...


El muchacho se frota el punto en el que la mano de su padre ha impactado pero no se mueve de su lugar. Lleva días y días reuniendo decenas de piedras, las tiene de todos los tamaños y formas, y no cesa de golpearlas unas contra otras.


Toc... Toc... Toc...


Su padre vuelve sobre sus pasos y le suelta otro manotazo. ¿Es que no me has oído? El chico, sin responder, sigue golpeando piedra contra piedra. Un día, viendo fabricar puntas de flecha, una de las piedras soltó una pequeña chispa. Ese mismo día otra chispa prendió en su mente.


Toc... Toc... Toc...


Finalmente su padre lo deja por imposible. La caza no puede esperar y, a lo que se ve, su hijo no piensa moverse de donde está. El sonido de las piedras entrechocando le acompaña mientras se aleja.


Toc... Toc... Toc...


El muchacho no se da cuenta de nada. Para él sólo existen las piedras, sus manos y el sonido.


Toc... Toc... Toc...


Está cerca. Puede sentirlo. Dentro de poco todos dejarán de reírse de él y su padre no volverá a azotarle. Será tan respetado como el chamán. Sólo tiene que encontrar las piedras adecuadas.


Toc... Toc... Toc...


De repente, una chispa. Otro golpe. Otra chispa. Acerca hierba seca. Vuelve a golpear. La chispa salta, la hierba prende.


El muchacho grita y salta, salta y grita... todos corren hacia él.


El joven señala la hierba ardiendo, señala su dedo, señala de nuevo la hierba... es el primer humano en hacer fuego y quemarse con él.



Y su madre será la primera madre humana en amonestar a su hijo por jugar con fuego.


domingo, 24 de mayo de 2009

Una cuestión de peso


Al fin lo había logrado, sí señor, al fin lo había conseguido. Tras tantos sufrimientos había encontrado el secreto para perder esos kilos que le sobraban y que tanto amargaban su existencia.


Se siente tan feliz que se lo cuenta a todo aquel que le preste un poco de atención.


Hasta el momento de su revelación -así la llama él, “su revelación”-, había probado todas las dietas habidas y por haber sin ningún resultado. Así, a bote pronto, podía recordar la dieta de la sopa de cebolla, la de la alcachofa, la de Atkins, la de los astronautas, la de la Clínica Mayo, la Scardale, la de la Piña, la Macrobiótica, la Definitiva -claro que eso venían a prometer todas, comenta con risita sarcástica-, la del futbolista, la del bocadillo, la de la Luna, la disociada y hasta la del Ramadán. Había probado -continua enumerando alegremente- con endocrinos, nutricionistas, pastillas milagrosas, acupuntores y hasta con curanderos africanos. Había practicado deporte, meditación, visualización e, incluso -aquí pone los ojos en blanco-, hipnosis. Por probar, hasta había probado a hacer huelga de hambre y ni por esas. Sacude la cabeza sonriendo casi como si ni él mismo creyera las tonterías que llegó a hacer.


No había manera -continua-. No perdía peso ni a tiros... hasta que tuvo su fantástica, maravillosa y genial idea. Y entonces, sí, entonces había perdido, por fin, peso. Y aquí es donde se yergue, orgulloso como un pavo y sonríe mostrando todos sus dientes de tiburón.


Era tan tremendamente sencillo que costaba creer que no se le hubiera ocurrido antes. Y era tan brillante que costaba creer que se le hubiera ocurrido a él -sonrisa de falsa modestia-. Pero así era y ahí estaba el resultado.


Cierto que había sido muy doloroso, afirma con rotundos movimientos de cabeza. Cierto que había sido muy sucio. Cierto, también, que casi le cuesta la vida; pero nadie le podía negar que su idea era auténticamente genial, simple y efectiva.


Sí señor, todo el mundo debería seguir su ejemplo y dejarse de dietas y tonterías varias.


Eso le cuenta a quien quiera escucharle.


Déjese usted de dietas y tonterías -continúa- para perder peso lo mejor es, sin duda alguna, amputarse ambas piernas por encima de las rodillas. Se lo aseguro. Pérdida de peso instantánea y garantizada.


Y, desde su silla de ruedas, sonríe feliz y satisfecho con su nuevo peso.




miércoles, 20 de mayo de 2009

Aburrimiento estival

Menudo rollo de vacaciones. Mejor se hubiera quedado en casa, con sus amigos, como ella quería. Pero no la dejaron. Y ahora, claro, se aburría, se aburría; se aburría muchísimo.


Como cada anochecer de esas inacabables vacaciones se sentó, con fastidio, en la playa vacía y se dedicó a contemplar el horizonte mientras sus dedos jugueteaban con la arena y su mente divagaba imaginando qué estarían haciendo sus amigos allá, en casa.


Su mirada se detuvo en la fina línea del horizonte y sonrió. Cuando era pequeña creía que aquella línea era un hilo que sujetaba al mar para que no se desbordara... ¡menuda tontería!, pensó. Mientras recordaba estas cosas, estiró su brazo y, formando pinza con sus dedos índice y pulgar, hizo el gesto de coger la línea del horizonte.


Para su sorpresa, sus dedos se hundieron en el agua. Luego, aún incrédula, los cerró y notó, con pasmo, que podía sujetar aquella línea que creía mera ilusión óptica. Entonces, sin pensarlo, llevada por la curiosidad y el aburrimiento, alzó la línea del horizonte.


Al instante el mar comenzó a desbordarse.


Oía como el agua se derramaba hacia no sabía qué lugar y veía como iban quedando al descubierto arena, peces, algas, rocas...


Asustada, soltó el horizonte bruscamente. Se formó un oleaje brutal y el agua dejó de caer... adonde quiera que estuviera cayendo.


Se levantó y salió corriendo deseando que nadie la hubiera visto.


Nadie comprendió jamás, como aquella playa había ganado tanto terreno al mar en una sola noche.


Nadie comprendió jamás, de donde surgió aquella tremenda ola que inundó kilómetros y kilómetros de costa al otro lado del mundo.


La única persona que podía explicarlo nunca habló y nunca volvió a mirar el horizonte.


P.S.: Aquí toca un poco de "autobombo", con permiso: primero agradecer a Antonio F. por concederme el premio Cuéntamelo Award. Muchísimas gracias Antonio, la repisa ya está a punto de ceder bajo tanto peso :D Segundo, hace unos días he recibido mi ejemplar del libro Atmósferas: 100 relatos para el mundo en el cual aparece mi relato El parque (junto con otros 99 relatos de otros tantos blogueros), el dinero recaudado por su venta irá integramente a la Fundación Vicente Ferrer . Si alguien quiere animarse a contribuir con esta fundación, puede comprar el libro en Visionlibros. Y ya está... perdón por este pequeño inciso :)




Tide Is High - Blondie


jueves, 14 de mayo de 2009

En la escena del crimen

El caos llega de improviso a la -hasta aquel momento- silenciosa y solitaria calleja. La policía es la primera en aparecer, con sus sirenas y sus luces y sus gritos y sus helicópteros, iluminando la noche con sus focos, a la búsqueda de algún posible culpable que aún ronde los alrededores. Casi a la par que ellos -alguno incluso antes- arriban los curiosos, los morbosos, los aburridos, los solitarios, los “yo-sólo-pasaba-por-aquí”, todos dispuestos a arrancar algo de emoción a la noche. Finalmente, la tribu de los periodistas, con sus móviles, sus cámaras fotográficas, sus grabadoras, sus cámaras de vídeo -incluso algún viejo dinosaurio con bolígrafo y un cuaderno-, con sus preguntas, con su molesta curiosidad; listos para buscar la verdad o, al menos, una medio verdad con la que llenar noticiarios y periódicos.


Todo se llena de ruido, gritos, murmullos, carreras, miradas de espanto, discusiones, sonido de radios, variados tonos de móviles, cámaras en funcionamiento, charlas de reporteros, frenazos... En un segundo la olvidada calleja, antes oculta y desconocida, se convierte en el centro del caos.


Y, en medio de tal anárquico concierto, en el centro mismo de aquella extrañamente organizada cacofonía, sólo un oasis de quietud y silencio. Sólo un punto de paz y obligada serenidad: el lugar que ocupa la víctima cubierta con una sabana que la oculta a la curiosidad y el morbo. A su lado brilla un pequeño charco de sangre. Un pálida mano ha quedado al descubierto y parece descansar plácidamente sobre la sucia acera.


La primera mosca acaba de llegar. Se posa en el dedo índice y da comienzo a la exploración de su nuevo territorio. Parada en la yema del dedo índice, frota sus patitas delanteras pero, inopinadamente, el frío apéndice se mueve y el insecto tiene que abandonar su entretenido acicalamiento. Y tras el dedo, el resto de la mano adquiere movimiento. El cuerpo cubierto comienza a agitarse. La mano toma la sábana y la aparta.


Alguien grita.


El cadáver se sienta.


Resuena un grito colectivo. Periodistas, curiosos y policías dan un inconsciente paso hacia atrás.


El cadáver se levanta. Dos agujeros adornan su pecho. Entre sus dos cejas luce un tercero. Nadie puede sobrevivir con semejantes heridas así que, no cabe duda, ese muerto está bien muerto.


El occiso se lleva la mano a las sienes, como quien tiene un fuerte dolor de cabeza -lógico-, y se enfrenta a la multitud. Los mira con furia. La muchedumbre -policías incluidos- dan un nuevo paso hacia atrás. La mosca revolotea, ahora acompañada por un par de amigas, alrededor de la cabeza del difunto.


La víctima pone los brazos en jarras, los mira de hito en hito y grita:


-¡Hagan el favor de callarse de una p... vez, c...! ¿Es que aquí no hay nadie que respete el sagrado sueño de los muertos? ¡Muérase usted para esto, manda h...!


El gentío guarda silencio. A alguien se le escapa una risita nerviosa. Otro alguien le chista. Un tercer alguien da un codazo al segundo alguien. Todos mueven los pies, nerviosos.


-Así está mejor -dice el difunto-. Espero que no vuelva a repetirse. Hale, hale, cada mochuelo a su olivo. Que pasen ustedes muy buenas noches.


Y, dicho esto, el fiambre vuelve a tumbarse. Se cubre con la sábana. Y se queda totalmente inmóvil. Las moscas -que han aumentado su número a cuatro- se posan sobre el cuerpo y se dedican a buscar una entrada de acceso hacia su nuevo nido.


Policías, curiosos y periodistas vuelven lentamente a su actividad pero -eso sí- ahora en un asustado y respetuoso silencio.








sábado, 9 de mayo de 2009

Decepción

¡Menuda decepción! Después de todo lo que nos han contado, probarlo ha sido frustrante. Me esperaba otra cosa, la verdad.


Esperaba... Hmmm... cómo explicarlo... esperaba... algo así como un ¡Bam!, o un ¡Bum!, un “open your mind” y un “be water, my friend”, ya sabes a qué me refiero. Imaginaba que habría un sorprendente y repentino estallido de luz aquí, en mi cabeza, así como un destello súbito. Esperaba... no sé... una especie de revelación fulminante. Esperaba... esperaba... ¿cómo te diría? Esperaba sentir algo así como una sacudida mental que me dejara con la innegable sensación de “ahora-lo-sé-todo”. Sí, eso es lo que esperaba: saberlo todo, de una vez, de golpe. Algo así como ¡bang!, ahora no sé nada y luego ¡bang!, ahora lo sé todo...


Pero no ha pasado nada de eso. No, señora. Sigo igual que antes. Bueno, no exactamente igual. En realidad, ahora soy muy consciente de mi ignorancia supina sobre todo cuanto me rodea. Ahora siento así como unas cosquillas mentales, un prurito inquieto, un extraño deseo de saber. Tengo la cabeza llena de “¿por qué?”, “¿cómo?”, “¿cuándo?”, “¿dónde?”; un continúo runrún que comienza a volverme loco de curiosidad. Ahora sé que tengo un vacío justo aquí y noto un hambre de saber que jamás había sentido antes. Es una sensación molesta, muy molesta y no sé si será buena pero, desde que he probado eso, no puedo quitármela.

Eso sí... de sabiduría, nada de nada, oye. O sea, Eva, que te han estafado. Que nos han engañado. Tanta historia, tanto cuento, tanto aviso y tanta palabrería para nada. Esa manzana está muy rica pero eso de que es el fruto de la sabiduría... ¡Bah! ¡Menuda mentira!




Morning Has Broken - Cat Stevens


martes, 5 de mayo de 2009

La canica

Vagaba, aburrido, en busca de algo interesante con lo que matar el tiempo cuando un leve reflejo azul rozó su retina. Allí, abandonada, centelleante, bañada por la luz del sol, hermosamente azul, se encontraba la más bella canica que jamás hubiera imaginado.


Se aproximó a ella, hechizado por su perfecta belleza. Se tumbó para mirarla más de cerca. La tomó con cuidado, la hizo rodar entre sus dedos con delicadeza contemplando como la luz la hacía resplandecer con unos maravillosos destellos iridiscentes.


Cuando se cansó de observarla desde todos los ángulos posibles, volvió a dejarla en el mismo lugar en el que la había encontrado. Se puso de rodillas, adoptó la posición adecuada, se concentró en el lugar hacia el que quería enviar la canica, dio un golpe seco con el dedo corazón y...


...Un horrísono retumbar recorrió el pequeño planeta. La tierra tembló como jamás lo había hecho, vientos huracanados volaron por toda su extensión, el calor se hizo insoportable, la luz del sol desapareció durante días y días... Los dinosaurios se extinguieron lentamente...


... La canica sale disparada. Va tras ella. Vuelve a ponerse en posición. Se concentra, prepara la mano, el dedo corazón inicia su movimiento hacia la pequeña y brillante canica azul...






viernes, 1 de mayo de 2009

La señal

A finales del mes de marzo Groucho lanzó un reto (o un concurso sin ganador) bajo el título de: "Yo te muestro una señal y tú me regalas una historia ¿vale?", obviamente no pude resistirme a semejante "desafío" y participé junto con otros muchos lectores de su blog. El resultado fue el siguiente:

Esta es la foto:



Y este mi relato:


Se paró ante la señal y la miró con detenimiento. Resultaba de lo más curiosa. Un hombre, una chistera, un conejo saliendo de ella... un predis... pedrist... un predisti... bah, un mago, supuso.


¿Qué hacía allí, en medio de un bosque, una señal semejante?


¿Avisaba de algún circo en los alrededores? No se veía nada que indicara tal cosa...


¿Alguna escuela de predis... predisti... magos en las cercanías? Tampoco parecía muy probable.


¿Pedía precaución por la presencia de magos sueltos? Eso sonaba realmente extraño.


Se sentó frente a ella y continuó devanándose los sesos con tan curioso problema.


Un extraño zumbido lo sacó de su ensimismamiento. Un repentino frío le hizo tiritar. Una extraña sombra se cernió sobre él.

No llegó a gritar, sólo se quedó boquiabierto.


No llegó a sentir miedo, sólo sorpresa.


La chistera cayó sobre él antes de que pudiera tan siquiera parpadear.


La trampa había vuelto a funcionar.


Este es el premio concedido a los participantes:



Y este es un vídeo de los Flight of the Conchords porque me encantan y me divierten mucho :)