My summer

Y llegó el verano, con su calor y sus vacaciones y sus terrazas. Con sus piscinas y sus barbacoas y sus cervezas. Con sus chanclas, sus pantalones cortos y su olor a protector solar. Sí señor, llegó el señor verano con toda la parafernalia de todos los años.


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Mi calle está llena de nidos de golondrinas. Desde hace unos años, en cuanto llega el buen tiempo, el cielo se nos llena de estos pequeños pájaros y de sus cantos. Desde que amanece hasta el anochecer se las ve volar, a toda velocidad, como flechas atareadas. Arreglando nidos, buscando alimento, cuidando a sus polluelos. Yo tengo uno justo encima de la ventana del salón. Hay quien me ha dicho que los rompa para “librarme de esos bichos y su suciedad” pero es que yo no quiero librarme de ellas. Me gusta verlas ir y venir de su nido, me gusta oír sus trinos, me gusta escuchar el piar de sus crías, me gusta saber que las ciudades humanas también sirven de albergue a otras criaturas.


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La que no ha vuelto este año es la anciana que inspiró mi pequeño relato “El parque”. Este año no la he visto en su banco de siempre, con su bastón, con su libro o su revista, pasando las cálidas tardes de la primavera y el verano. Es extraño ver el banco -“su” banco- ocupado por otras personas. Es extraño no verla llegar, con lentitud, siempre en soledad. No me pregunto por qué no aparece, es fácil de imaginar. La vida sigue, siempre sigue, y poco le importa quien se va o quien llega...


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Es agradable sentarse en un banco del parque cuando la tarde cae y el calor comienza a remitir. Es agradable estar sentada entre árboles, trinos de pájaros y gritos infantiles mientras te sumerges en algún libro. Lástima que, la mayoría de los días, tenga que renunciar a ese placer y me vea obligada a socializar con la mamá de la mejorcísima amiga de la niña que también va al parque y que no se resiste a dos horas (como mínimo) de conversación incontinente. Si una no fuera así de educada o si me importara menos la vida social de mi enana, pensaría en colgarme un cartelito de “No molesten”... aunque dudo mucho que sirviera para algo.


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Debería estar quejándome del calor del verano pero hoy eso sería un contrasentido teniendo en cuenta que han bajado tanto las temperaturas que me estaba quedando entumecida de frío con mi camiseta sin mangas y mi estupendas, cómodas, fresquísimas y rojas chanclas. Así que dejo las quejas sobre el calor para otro día más apropiado.


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Necio-Hutopo ha adoptado una de mis ideas huérfanas (Piropos de jabón) y ha creado algo que -como todo lo suyo- merece la pena leer y hasta releer. Así que, cuando acabes aquí, date un paseo por su blog y lee, lee, que vas a disfrutar, te doy mi palabra.


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Y hasta aquí ha llegado este post soso y lánguido como el verano. Este post perezoso y absurdo como el estío. Hasta aquí llegan mis perezosos pensamientos, mis abúlicas ideas, mis indolentes reflexiones. El verano es lo que tiene: todo lo ralentiza, todo lo retarda. El verano es como una larga, larguísima siesta para la mente y es que, con el calor, uno se olvida hasta de cómo se piensa...





Indian Summer - The Doors







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