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Tesoro secreto


Peligrosos, prohibidos, mágicos. Eso le habían enseñado sobre ellos. Eran peligrosos porque eran mágicos y, por tanto, su posesión estaba totalmente prohibida al vulgo. Su uso traía locura, decían, locura y muerte. Nada bueno venía de ellos, le contaban, sólo maldad, soberbia, inmoralidad.


Se hablaba de ellos en temerosos susurros. Los viejos contaban terroríficas consejas sobre ellos... peligrosos, prohibidos, mágicos. Se lo habían repetido una y otra vez desde su más tierna infancia. Huye de ellos. Si ves uno, sal corriendo. Aléjate de esos locos herejes que pretenden hacerse con el poder que desprenden.


Peligrosos, prohibidos, mágicos. Cosas del maligno. Sólo el Gran Administrador y sus Consejeros podían usarlos sin peligro pues ellos eran dueños de sus secretos y sabían cómo dominarlos. El resto debía mantenerse alejados de ellos bajo pena de muerte.


Peligrosos, prohibidos, mágicos. Una y mil veces le habían hablado de los viejos tiempos, cuando todos podían tener acceso a ellos; aquella era maravillosa cuando nuestros ancestros eran sabios y dominaban el mundo. Habían usado la magia que existía en ellos y se habían llegado a creer mejores que los propios dioses hasta que, finalmente, habían pagado su pecado de soberbia con la guerra, la muerte , el hambre... eso contaban los viejos, eso contaba el Gran Administrador, eso contaban los poderosos.


Peligrosos, prohibidos, mágicos. Por eso le atraían tanto. Porque todos les temían, porque el poder los prohibía, porque contenían toda la magia necesaria para volver a los viejos buenos tiempos. Por eso, en lugar de denunciar aquel hallazgo casual, se lo había callado. Sabía que si le contaba a alguien lo que había encontrado en aquella bodega la destruirían con todo su tesoro dentro. Mejor callar y ocultar su peligroso descubrimiento.


Sí, sí, mejor callar y ocultar. Mejor acudir cada noche, a solas, a escondidas, para mirarlos sin entenderlos, para tocarlos sin comprenderlos, para intentar desentrañar su secreto sin conseguirlo.


Peligrosos, prohibidos, mágicos. Eso le habían contado desde su más tierna infancia.


Peligrosos, prohibidos, mágicos pero, algún día, el aprendería su secreto.


Peligrosos, prohibidos, mágicos. Así eran esos extraños utensilios que los viejos, en apagados susurros, llamaban libros.





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