jueves, 22 de enero de 2009

Romeo y Julieta

Un minuto después de su suicidio, Romeo y Julieta se miraban aún confusos pero felices al pensar que ahora tendrían una eternidad para vivir su amor.

Dos minutos después de su suicidio -y tras atravesarse mutuamente varias veces- Romeo y Julieta habían cesado en sus intentos de abrazarse (al parecer nadie les había dicho que los espíritus son intangibles).

Tres minutos después de su suicidio, Romeo y Julieta comenzaron a pensar que, quizás, su “gran amor” era, en buena parte/mayormente, producto de las normal efervescencia hormonal adolescente.

Cuatro minutos después de su suicidio, Romeo y Julieta tuvieron un pequeño diálogo:

-Mmmm... Quizás nos hemos precipitado un poco.

-Quizás.

-O sea... que igual hemos hecho un poco el primo.

-Eso parece. Sip.

-Aha... de acuerdo... sólo era por... tener las cosas claras...

Cinco minutos después de su suicidio, Romeo y Julieta, bostezaban y se preguntaban cómo de larga era la eternidad.


Seis minutos después de su suicidio, Romeo, Julieta y su gran amor se desvanecieron lentamente en el aire dejando tras sí una hermosa leyenda.