Cosas de niños...


Día 8 de Enero

Una enana hiper excitada se despierta antes de la hora prevista. Hoy tocaba regresar al cole después de las vacaciones de Navidad y las ganas de ver a los amigos ya eran muchas. La enana se ha levantado pronto y hablando hasta por los codos.

El regreso ha sido igualmente exultante.

Frase del día: “¿Sabes qué? La profe no está en el mundo actual. No conocía a la muñeca Miyo ni conoce a Valeria Varita... ¡es una antigua!”


Día 6 de Enero

La hiper excitación y el madrugón casi idénticos pero ni mamá, ni mucho menos, papá están despiertos. Mmmm... a ver ¿qué hace una si tiene 6 años, es el día de Reyes y papá y mamá duermen como ceporros? ¿Gritar? ¿Levantarte e ir a la cama de tus progenitores a saltarles encima? Quia, es mucho mejor usar la tecnología. Por tanto, se toma el despertador (rosa, por supuesto) y se va moviendo la manecilla de las horas hasta que comience a sonar insistentemente. Se garantiza el despertar instantáneo de ambos padres.

Luego, ya, una vez los padres despiertos y en pie, se procede al desfile tradicional camino del salón y a la posterior -e igualmente tradicional- apertura de regalos. Frase del día: “Mmmm... ¿y por qué todos los regalos tienen pegatinas del Corte Inglés?” . Vaya, diría que está cercano el día del “Gran Descubrimiento”...


Día 5 de Enero

Día entero de hiper excitación. Faltan pocas horas para que lleguen los Reyes y se nota en la enana. Vamos a comprar el Roscón. La enana comenta: “¿Sabes qué? Estoy viendo a muchos papás comprando juguetes ¿Por qué compran juguetes si mañana vienen los Reyes?” Insisto, el momento del “Gran Descubrimiento” está muy, muy cercano.

La enana no quiere Cabalgata de Reyes, se asusta con los caballos, actores disfrazados y demás. Pasamos de intentar que acepte ir: se supone que eso se hace para que los niños disfruten si ella no va a disfrutar no tiene sentido “forzarla”. En cambio, aprovechamos esa tarde para pasear y para tomarnos unos estupendos churros con chocolate (bueno, la niña con Cola-Cao). Ella se lo pasa estupendamente, va cantando villancicos por la calle. Yo me alegro de haberme librado de estar más de dos horas de pie para coger sitio, de los empujones, los apretujones y de los caramelazos en la cabeza.

En casa se preparan los zapatos, la leche y las galletas y a la cama. Como cuesta dormir hay que recurrir a algún truco. La leche caliente no funciona, contar ovejas no funciona. Entonces ¿qué hacemos? Bueno, probamos con esto:

Pues me he enterado yo de que el duende del sueño es bastante travieso y, además, le gusta mucho,pero mucho, mucho, jugar al escondite y, claro, cuanto más lo buscas menos lo encuentras y cuanto más lo llamas, menos caso te hace. De modo que puedes estar dando vueltas y vueltas en la cama intentando que el pequeño y revoltoso duende del sueño venga a llenarte los ojos de sueños, durante minutos y minutos sin que se digne aparecer. Pero, ah, existe un pequeño truco para que, por fin, aparezca. Primero, tienes que dejar de llamarlo y buscarlo para que se aburra. Luego, sólo tienes que imaginarte una historia, cualquier historia. El duende del sueño además de juguetón es muy curioso y le encantan las buenas historias, por tanto, será incapaz de resistirse a saber qué pasa en ese cuento tuyo. Vendrá a escucharte. Se acercará mucho para oír tus pensamientos. Y, por fin, tú podrás dormirte...

Y el caso es que funcionó. Se inventó una historia y... se durmió.


Hablando de historias

Esta que pongo a continuación la escribió mi enana. Así, en su estilo indescifrable. Vamos, no sé qué quiere contar y no tengo ni idea de si está acabada o no...


Debajo de un árbol comía una pera y estaba de picnic.

Y vino un amigo y yo le dije ¿a dónde vas?

Voy de picnic al otro árbol.

Y como yo también estaba de picnic le dije:

Pues hacemos un picnic juntos.

Y le dije ¿te gustan las manzanas?

No

¿Te gusta el queso?

No, me dijo.

Y como yo sólo tenía manzanas, queso y pan, le pregunté: ¿Tienes hambre?

Y me dijo: Sí. Dame un poco de pan y un poco de queso, ¿y un zumo?

Sí, sí tengo, le dije.”


Y, para acabar, una definición

Esta es, según mi enana, la definición de omóplato.

Los omóplatos se llaman "platos" porque tienen forma de plato y lo de "omo" no es más que para ponerle un poco de ciencia...”



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