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Mostrando entradas de agosto, 2014

Disimulando

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Amor
La observaba con disimulo y con disimulo la seguía. Con disimulo se hacía el encontradizo en bares, paseos y pasillos. Tropezaba con ella con mucho disimulo, sólo para poder oler su cabello y sentir el calor de su cuerpo. Entre disimulo y disimulo la fue conociendo y amando, y con mucho, muchísimo disimulo, se lo confesó. Ella, sin ningún disimulo, lo rechazó. Y él, con su acostumbrado disimulo, escondió su dolor y continuó disimulando su amor.





Mentira
Era la reina del disimulo, la emperatriz de la ocultación, la soberana del fingimiento. Simular formaba parte de su naturaleza. Esconder le era tan sencillo como respirar. Fingía que amaba. Simulaba que odiaba. Ocultaba tristezas. Aparentaba alegrías. Falseaba opiniones. Disfrazaba todos sus sentimientos y emociones. Llegó a ocultar, disimular, fingir, pretender y ocultar tan bien que, al mirarse cada mañana al espejo, era incapaz de reconocer a la mujer que la miraba desde el otro lado.



Prisión
Disimulo.

Fenómenos paranormales

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El pequeño y rechoncho director, rezumando afable elocuencia, dirigía a los visitantes -y posibles inversores- con la suave pericia de un pastor guiando a su rebaño. El pequeño grupo,  por su parte, se dejaba guiar entre risas de placer y diversión ante los curiosos fenómenos que en aquella famosa institución se estudiaban. En la sala de telequinesia esquivaron -con diversa suerte- los objetos que recorrían la sala sin que ninguna fuerza física los moviera. En la de telepatía se sintieron ligeramente incómodos ante la posibilidad de que sus pensamientos más íntimos pudieran quedar al descubierto. Del laboratorio de combustión espontánea salieron algo chamuscados. En la sala de abducciones dejaron a su imaginación volar rumbo a mundos lejanos. Y, tras visitar la zona de fantasmas y apariciones, se vieron obligados a hacer una visita a los aseos para desprenderse de la materia ectoplasmática que había caído sobre ellos. Cuando llegaron a la última sala los visitantes se sintieron confusos…

Historias mínimas

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Elección
Lo siento pero no me dejas elección. Desde que llegaste a casa no ha habido un sólo día sin problemas. Quejas, quejas y más quejas de la mañana a la noche. Y discusiones sin fin. Y gritos. La cosa va a peor y está llegando a niveles intolerables. Ella no te soporta a ti y tú no la soportas a ella. De modo que debo elegir entre la una y la otra. Puesto en esta tesitura yo lo tengo muy claro: haz las maletas porque la gata se queda conmigo.
Reiteración
En cuanto daban las nueve de la noche, la canción comenzaba a sonar y llenaba el edificio con sus vibrantes notas. Una y otra vez, durante varias horas, la melodía subía escalera arriba, se escurría bajo las puertas y recalaba en los oídos de todos y cada uno de los vecinos quienes, resignados a sufrir la tortura melódica, habían desarrollado diversas estrategias para convivir con ella pues ninguno de ellos osaría jamás pedir al triste, solitario, loco señor Francisco que detuviera esa música obsesiva. Nadie tenía corazón para detener es…