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Micros


Enajenación


Era loco por vocación y por decisión.
Loco por gusto.
Loco porque sí.
Probó todos los tipos de locura y se dedicó a ellas con entusiasmo.
Disfrutó cada obsesión, cada alucinación, cada descenso a la depresión, cada escalada hacia la euforia.
Discutió con voces fantasmales, persiguió espectros imaginarios, se escondió de enemigos ficticios, cantó a gritos, lloró a murmullos, se enamoró de la luna, odió los ojos verdes...
Nadando en las peligrosas y frías aguas de la demencia, explorando la locura, dejándose arrastrar por la enajenación, se sintió libre, vivo, más persona, menos robot.
Pero llegó el momento en que, confuso, se percató que tan sólo quedaba una insania más a la que dedicarse.
La última.
Y entonces, con pasión y ardor, se sumergió en la cordura más absoluta.


El cuadro

Cada vez que pasaba al lado de aquel cuadro (cosa que ocurría varias veces al día...), Berta sentía la imperiosa necesidad de detenerse e intentar enderezarlo... Pero no había manera, lo moviera hacia donde lo moviera, aquella lámina seguía torcida.
Berta sabía que era una tontería, que no pasaba nada si se veía obligada a torcer el cuello para ver la imagen, que ni siquiera tenía por qué mirarlo, que no se iba a acabar el mundo por aquello pero no podía evitarlo: aquel asunto la estaba volviendo loca de frustración.
El asunto ya se había vuelto personal. Una guerra entre el cuadro y ella...y estaba claro que iba ganando el cuadro.
Los empleados de Berta contemplaban esa guerra desde lejos, algo asombrados, un tanto divertidos y bastante preocupados por aquella monomanía que tenía a su jefa enajenada. Alguien, más asustado que los demás, había intentado hacerlo desaparecer pero no había funcionado, Berta se puso furiosa y exigió el retorno del dichoso cuadro a su lugar para seguir en su lucha por mantenerlo recto.
Lo mejor, lo sabían todos, era decirle la verdad a Berta. Ese era el único modo de poner fin a esa guerra absurda.
Sólo quedaba por dilucidar quién era el valiente que le decía a la jefa que aquel cuadro estaba perfectamente alineado y que, por mucho que lo intentara, la Torre de Pisa iba a seguir torcida.

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Jugando con la Ñ (Trabalenguas Infantiles... o algo así)

Vania, la araña
¡Menuda maraña
la tela que trama
Vania la araña!
La pobre araña
hoy tiene migraña
no puede ni pensar
por eso enmaraña su tela de araña
y no la sabe desenmarañar.
¡Menuda maraña
la tela que trama
Vania la araña!
La araña, con saña,
deshace su tela
mientras se queja y se duele
de la migraña
que enmaraña su tela de araña.
¡Menuda maraña
la tela que trama

Trabalenguas (intento de...)

En un comentario a mi post Amanecer me preguntó Rose (El Patio de mi Casa) : "¿Qué tal se te dan los trabalenguas? ¿Por qué no nos deleitas con alguno?". Bueno, pues yo no tenía ni idea de cómo se me daba eso de los trabalenguas pero me pareció una idea divertida y a ello me puse. Lo que ha salido aquí está. Si se me da bien o mal... se verá... Yo me he divertido haciéndolos, espero que ustedes se diviertan leyéndolos :)



Erre que erre, el burrero arreaba al burro cazurro,Arre que arre , arreaba el arriero al burro.Y arreando, correteando, carreteando y burreandosubían al monte arriero, carreta y burro.



Trae el trasgo el trigo a través del trigal,y un troll traicionero le roba el cereal.El trasgo travieso trota tras el trolly trota que te trota, trepa que trepó,trata de atraparlo pero se escapó.Traía el trasgo el trigo a través del trigalpero el troll traicionero le robó el cereal.


Lula, la lechuza, ulula en el álamoy allá, en el llano, aulla el alano.Lula, la lechuza, aletea,…

Micros

Composición
—¡Pum!
Sangre y sesos pintan la pared de rojo y gris.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Crac!
Un cuello se rompe.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Zas!
Un cuchillo atraviesa un corazón.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Agh!
El veneno hace efecto.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Perfecto! ¡Esto va genial! —dice el asesino mientras descarga una espada sobre un cuello desnudo.
—¡Zzzing!
Sangre goteando.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
Cada sonido es registrado en la grabadora que lleva consigo.
Registrado y revisado, para luego ser unidos en una sarta ininterrumpida.
¡Pum! ¡Plaf! ¡Crac! ¡Plaf! ¡Zas! ¡Plaf! ¡Agh! ¡Plaf! ¡Zzzing! ¡Plaf!
—¡Maravilloso! ¡Lo estáis haciendo genial! ¡Todos! —murmura el asesino mientras continúa con su macabra tarea— ¡Mi Oda a la Muerte será una obra maestra!

Miedo
— Cricrí... Cricrí... Cricrí...
En la calurosa noche veraniega, sólo se oye el cantar del grillo.
—Cricrí... Cricrí... Cricrí...
Silencio durante un momento y de nuevo:
—Cricrí... Cricrí... Cricrí...
En la casa vacacional, los inquilinos mal duermen con las ve…