Disimulando



Amor

La observaba con disimulo y con disimulo la seguía.
Con disimulo se hacía el encontradizo en bares, paseos y pasillos.
Tropezaba con ella con mucho disimulo, sólo para poder oler su cabello y sentir el calor de su cuerpo.
Entre disimulo y disimulo la fue conociendo y amando, y con mucho, muchísimo disimulo, se lo confesó.
Ella, sin ningún disimulo, lo rechazó.
Y él, con su acostumbrado disimulo, escondió su dolor y continuó disimulando su amor.





Mentira

Era la reina del disimulo, la emperatriz de la ocultación, la soberana del fingimiento.
Simular formaba parte de su naturaleza.
Esconder le era tan sencillo como respirar.
Fingía que amaba.
Simulaba que odiaba.
Ocultaba tristezas.
Aparentaba alegrías.
Falseaba opiniones.
Disfrazaba todos sus sentimientos y emociones.
Llegó a ocultar, disimular, fingir, pretender y ocultar tan bien que, al mirarse cada mañana al espejo, era incapaz de reconocer a la mujer que la miraba desde el otro lado.




Prisión

Disimulo.
Disimulo que me aterra.
Disimulo que su presencia me repugna.
Disimulo que mi único deseo es huir.
Disimulo.
Lo observo.
Observo sus idas y venidas.
Observo sus entradas y salidas.
Anoto mentalmente a qué horas viene a traer mi alimento, qué días limpia este recinto donde me tiene encerrada...
Busco la forma de huir y de vengarme.
Mientras tanto, disimulo.
Disimulo mi miedo, mi asco, mi nostalgia y mis ansias de libertad.
Sueño que vuelvo a ser libre.
Sueño con mi hogar.
Sueño, sobre todo, con el día en que mi cuerpo se enrosque en torno al suyo y apriete hasta extraer todo el aire de sus pulmones.
Entonces volveré a ser libre.
Mientras tanto... Disimulo.
Disimulo y finjo.
Finjo que soy la pitón domesticada que él cree que soy.

Entradas populares de este blog

Negra Navidad

Entre dos nadas