sábado, 19 de julio de 2014

Micros


Suicidio

Abrió los ojos y miró, sorprendida, a su alrededor.
Ahí estaba la nota de suicidio, la botella de whisky tirada en el suelo, el vaso volcado sobre la cama, los frascos de somníferos abiertos y vacíos.
Aquello era, sin lugar a dudas, el escenario de un suicidio... su suicidio... pero ella seguía viva.
Repasó la noche anterior en busca de algún error pero, si lo había habido, ella no lo encontraba.
Desilusionada y decepcionada, recogió la botella y el vaso.
Tiró, también, la nota de suicidio a la papelera.
Iba a tirar los frascos de somníferos cuando vio que en la etiqueta rezaba:
“Producto homeopático”.
Y entonces entendió por qué seguía viva.



Aliens

Noche sí y noche también, salía de la ciudad en busca de un lugar desde donde poder contemplar el cielo.
Noche sí y noche también, comenzaba con la esperanza de contactar, al fin, con los alienígenas y acababa con la decepción de no lograrlo.
Era la mofa y la befa de sus conocidos, la vergüenza de sus amigos y el sufrir de su familia. Estaba convencido de que había seres en otros mundos y estaba seguro de que los visitaban.
Así que ahí seguiría, noche sí y noche también, bajo las tres lunas mayores, con sus ojos multifacetados, contemplando las estrellas y esperando, al fin, contactar con seres de otros mundos lejanos y maravillosos.


 
Negro futuro

Desde su prisión la reina contempla el avance de los nuevos monarcas camino de la iglesia donde contraerán matrimonio.

La novia despliega sus rojos labios en una esplendorosa, inocente y seductora sonrisa tras la que oculta un oscuro corazón y el pueblo, ignorante de su porvenir, vitorea a la joven de níveo y angelical rostro, feliz por haberse librado de la malvada reina que aguarda la muerte en una lóbrega mazmorra.

La reina se derrumba sobre el duro catre, sollozando de impotencia ante la maldad que sólo ella conoce, la crueldad que ella intentó detener sin conseguirlo, el profundo pozo de perversidad que se oculta tras la dulce mirada de ese monstruo pálido que responde al tierno nombre de Blancanieves.

miércoles, 2 de julio de 2014

Mariposa de medianoche


Viernes al fin. Por esa semana se acabó el madrugar, el trabajar, la ropa seria, la cara de circunstancias, el disfraz cotidiano... Durante dos días se acabó la mentira, el secreto, la ficción, el no ser.
Viernes, viernes, viernes... y, a  medianoche, su cita con la vida...
Comienza el ritual con un largo y relajante baño. Unas velas perfumadas, una penumbra protectora, la cálida voz de Aretha. En el agua caliente se ahogan, uno a uno, todos los  reproches, desprecios, humillaciones e insultos que haya sufrido los días anteriores.
Al salir del baño, la esponjosa toalla le ayudará a arrastrar los últimos vestigios del ser que no quiere ser y la crema corporal le acercará a ser el ser que sí desea ser.
Elige la ropa con cuidado mientras piensa en el sufrimiento de vivir esa mentira, de vivir una vida que no es la suya, en un cuerpo que no es el suyo y con un rostro que no desea.

Se pone las ligeras medias con deleite, regodeándose en su tacto, estirándolas con mimo, adaptándolas a sus piernas con delicadeza. Deja que el vestido caiga sobre su cuerpo con suavidad de caricia, lo huele, lo siente,  disfruta la sensación del tejido sobre su piel.
Se peina con esmero, se maquilla con arte y se calza sus mejores zapatos.
Cuando acaba se contempla en el espejo, al fin, sin disfraz, y piensa que pronto, muy pronto, la mariposa que contempla en el cristal dejará atrás su capullo y volará libre.
Es medianoche, Pablo ha dejado de existir y Paola, abriendo sus alas, pisa con fuerza la calle, taconea alegre y va, feliz, al encuentro de su vida como la mujer que es y no como el hombre que no quiere ser.