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Micros



Músico callejero

Había esquinas mejores que aquella para tocar pero a él le gustaba esa porque por allí, cada mañana, pasaba ella, con su fresco aroma, su pelo alborotado, su andar desgarbado, su enorme bolso y su mirada tímida.
Él la amaba -desde lejos, en silencio- y cuando hacía sonar su violín, lo hacía sólo para ella. Todos se paraban embelesados ante la belleza de su música... Excepto ella que, impertérrita, continuaba su camino.
El pobre músico no entendía su indiferencia y -demasiado tímido, demasiado apocado- no encontró jamás el valor suficiente para hablarle.
Ella nunca se enteró de su amor.
Él nunca supo que la impasibilidad de ella ante su música no era fruto de la altivez sino de la sordera.


La llama sagrada

Lo dijeron los dioses:
-Si la sagrada llama muere, la humanidad morirá con ella.

El templo quedó aislado a causa de las nevada invernales y la madera que alimentaba la sagrada llama dejó de llegar.
Cuando se terminó la que había almacenada, la llama languideció.
Los monjes quemaron todo lo que en el templo pudiera arder pero no fue bastante.
El sagrado fuego moría.
Decidieron entonces que ellos mismos serían el combustible de la divina pira.
Uno a uno se inmolaron, convencidos de que su sacrificio salvaría al mundo.
El último ardió hasta convertirse en cenizas.
La sagrada llama, falta de combustible, se apagó al caer el sol.
Al llegar la primavera, los carros cargados de madera, regresaron al templo.


Infancia

Tapó el billete con su pie y lo recogió con disimulo. Era la primera vez en sus diez paupérrimos años que tenía un billete de cincuenta euros en las manos y no pensaba perderlo.
Con el billete arrugado entre sus dedos anduvo pensativo hasta el centro comercial.
-Si se lo doy a mamá, quizá compre comida... o quizás lo gaste en la tragaperras...
Escondiéndose del guardia de seguridad, subió a la segunda planta.
-Si se lo doy a papá, se lo gastará en vino...
Se detuvo ante la puerta y miró las brillantes luces, las colas de gente, los carteles...
Sacó el billete, lo estiró bien estirado, compró una entrada, palomitas, un gran refresco y, durante hora y media, disfrutó su infancia.



Entradas populares de este blog

Jugando con la Ñ (Trabalenguas Infantiles... o algo así)

Vania, la araña
¡Menuda maraña
la tela que trama
Vania la araña!
La pobre araña
hoy tiene migraña
no puede ni pensar
por eso enmaraña su tela de araña
y no la sabe desenmarañar.
¡Menuda maraña
la tela que trama
Vania la araña!
La araña, con saña,
deshace su tela
mientras se queja y se duele
de la migraña
que enmaraña su tela de araña.
¡Menuda maraña
la tela que trama

Trabalenguas (intento de...)

En un comentario a mi post Amanecer me preguntó Rose (El Patio de mi Casa) : "¿Qué tal se te dan los trabalenguas? ¿Por qué no nos deleitas con alguno?". Bueno, pues yo no tenía ni idea de cómo se me daba eso de los trabalenguas pero me pareció una idea divertida y a ello me puse. Lo que ha salido aquí está. Si se me da bien o mal... se verá... Yo me he divertido haciéndolos, espero que ustedes se diviertan leyéndolos :)



Erre que erre, el burrero arreaba al burro cazurro,Arre que arre , arreaba el arriero al burro.Y arreando, correteando, carreteando y burreandosubían al monte arriero, carreta y burro.



Trae el trasgo el trigo a través del trigal,y un troll traicionero le roba el cereal.El trasgo travieso trota tras el trolly trota que te trota, trepa que trepó,trata de atraparlo pero se escapó.Traía el trasgo el trigo a través del trigalpero el troll traicionero le robó el cereal.


Lula, la lechuza, ulula en el álamoy allá, en el llano, aulla el alano.Lula, la lechuza, aletea,…

Micros

Composición
—¡Pum!
Sangre y sesos pintan la pared de rojo y gris.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Crac!
Un cuello se rompe.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Zas!
Un cuchillo atraviesa un corazón.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Agh!
El veneno hace efecto.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
—¡Perfecto! ¡Esto va genial! —dice el asesino mientras descarga una espada sobre un cuello desnudo.
—¡Zzzing!
Sangre goteando.
—¡Plaf!
Un cuerpo cae.
Cada sonido es registrado en la grabadora que lleva consigo.
Registrado y revisado, para luego ser unidos en una sarta ininterrumpida.
¡Pum! ¡Plaf! ¡Crac! ¡Plaf! ¡Zas! ¡Plaf! ¡Agh! ¡Plaf! ¡Zzzing! ¡Plaf!
—¡Maravilloso! ¡Lo estáis haciendo genial! ¡Todos! —murmura el asesino mientras continúa con su macabra tarea— ¡Mi Oda a la Muerte será una obra maestra!

Miedo
— Cricrí... Cricrí... Cricrí...
En la calurosa noche veraniega, sólo se oye el cantar del grillo.
—Cricrí... Cricrí... Cricrí...
Silencio durante un momento y de nuevo:
—Cricrí... Cricrí... Cricrí...
En la casa vacacional, los inquilinos mal duermen con las ve…