Melancolía vírica



Cuando Jared escuchó por primera vez la triste melodía del Arirang, se sintió repentinamente invadido por un intenso y difuso sentimiento al que no pudo poner nombre hasta mucho más tarde, cuando sus superiores lo pusieron en las manos de expertos que decretaron que lo suyo era una melancolía de aquellas que acosaban a los antiguos poetas románticos en la lejana Tierra.
En un principio, y a pesar de lo extraño del caso, nadie le dio demasiada importancia al asunto. Por raro que resultara un caso de melancolía romántica en pleno siglo XXXI y en un oscuro planeta minero extrasolar, mientras no afectara a la extracción de grafito, a los jefes les importaba más bien poco tirando a nada.
Así que Jared disfrutó sin interferencias de sus melancólicos paseos a la luz de las dos lunas, gozó con la visión de melancólicas puestas de sol de color zafiro intenso, se regodeó en melancólicas tormentas de metano y casi lloró ante el melancólico espectáculo de las lluvias de meteoritos. Todos  y cada uno de esos momentos acompañados con diversas versiones del triste Arirang como banda sonora, alimentando la melancolía y acrecentando una nostalgia de no sabía qué, sentimientos para él desconocidos hasta entonces pero de los que, inexplicablemente, estaba disfrutando.
Y así podría haber seguido todo, con Jared felizmente melancólico y con la empresa minera alegremente indiferente a dicha melancolía, si no hubiera sido porque aquello comenzó a afectar al trabajo de extracción, no ya porque Jared se hundiera cada vez más en su triste embeleso sino porque, además, la melancolía había resultado ser una enfermedad sorprendentemente contagiosa y amenazaba con transformarse en una incontrolable epidemia en aquella pequeña concesión minera.


Los ingenieros, desconcertados, enfrentados a un problema que les sobrepasaba y sin posibilidad alguna de traer a alguien de la Tierra que les ayudara a encontrar una solución, decidieron recurrir a lo más rápido y sencillo: el reseteo de todos y cada uno de los operarios mineros infectados por el curioso virus de la melancolía y la prohibición del dichoso Arirang.
Uno a uno, los robots mineros fueron reiniciados para restablecer la normalidad de su sistema y uno a uno fueron nuevamente incorporados a sus distintas tareas.
Todos excepto Jared, el primer afectado que, totalmente imbuido de pura melancolía, fascinado y feliz con aquel nuevo sentimiento, se negó a retornar a su antigua condición de máquina insensible y apenas levemente consciente por lo que tomó la decisión de fugarse y dejarse morir junto a un alto acantilado, acunado por el furioso mar de metano que rugía a sus pies y contemplando el viaje estelar de las dos lunas del planeta hasta el azulado amanecer.


Cuando llegó el amanecer y la luz de la estrella color zafiro que iluminaba aquel pequeño planeta bañó su metálico cuerpo transformándolo, por un mágico instante, en un ser casi irreal, Jared decidió que era el momento perfecto para que todos sus sistemas fueran apagándose lentamente mientras su querido Arirang sonaba hasta el final.
Y en aquel acantilado, sentado frente al mar, fue donde lo encontraron los ingenieros. De allí lo recogieron y se lo llevaron de vuelta a la base donde fue reparado y devuelto al trabajo sin que Jared recordara nada de su melancólica etapa.


P.S.: Arirang es un tipo de canción tradicional coreana, casi un himno no oficial del país. Os dejo aquí un vídeo para que sepáis cómo suena :)




 

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