miércoles, 1 de agosto de 2012

Micros


La primera vez



Recuerdo la primera vez, los nervios, las mariposas en el estómago, el cosquilleo de emoción, el corazón a mil, el miedo... Y luego la decepción, el “no era para tanto”, el “¿esto es todo?”, el pensar que a qué tanta alharaca por tan poco. Recuerdo el regreso a casa, el creer que todo el mundo se daría cuenta de lo ocurrido, el deseo de contarlo, la necesidad de callarlo, la mezcla de vergüenza y orgullo.  

Ahora soy menos inocente pero disfruto mucho más.

La primera víctima nunca se olvida pero de la décimo quinta se obtiene muchísimo más placer.

Ahora, por favor, procura no mover la cabeza, intento clavar una aguja en tu ojo y no es sencillo...



Procesión



Nunca me gustaron las procesiones, no señor, ni tantito así. Siempre me parecieron grimosas y espeluznantes. El arte sacro me parecía deprimente y la exaltación religiosa me resultaba algo totalmente ajeno. Así que las evité todo lo que pude.

Imagine, pues, mi sorpresa al verme ahora formando parte de una. Con lo que yo he huido de estas cosas y aquí me tiene, con mi túnica, mi capucha, mi cirio... hecho todo un figurín, tétrico, eso sí, pero un figurín. Anda que no iba a reírse mi mujer si pudiera verme.

Ya ve qué cosas pasan, tanto renegar en vida de las procesiones y, cuando llega la Muerte, va y me alista en la Santa Compaña.


 

Vida


La vida -su vida- es corta, muy corta, demasiado corta.



La vida -su vida- pasa aprisa, con prisa, deprisa.



De la calma a la celeridad en un plis plas, a toda velocidad, sin parar, sin descansar. Rápido, cada vez más rápido, engullendo kilómetros y tragando segundos a enormes y veloces bocados.



Su destino cada vez más próximo.



El fin cada vez más cercano.



Acelerando, incrementando la velocidad, precipitándose en loca carrera, cada vez más aprisa, con más prisa, más deprisa y, entonces... ¡PLAF!



La gota de lluvia, perdida su acelerada individualidad, se diluye suavemente en la inmensa colectividad del mar.



De la velocidad a la calma en un plis plas... y la rueda vuelve a girar.