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Mostrando entradas de septiembre, 2011

La fuente

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Unos cuantos árboles centenarios, un par de vetustos bancos y una fuente de piedra conformaban el minúsculo parque situado en medio de la opresiva ciudad al que, cada día, acudía Atanasio para disfrutar de ese minúsculo y escondido oasis de paz donde, por no haber, no había ni niños.

Al llegar la tarde Atanasio tomaba un libro, su sombrero gris y su bastón y, con aire circunspecto y paso sosegado, se dirigía al pequeño jardín urbano que compartía con los pájaros, un par de viejos que jugaban eternas partidas de ajedrez y una jovencita a la que, según parecía, le resultaba la mar de romántico escribir su diario entre árboles, flores y trinos de pájaros.
Si alguien le preguntaba -cosa que raramente ocurría- Atanasio daba inmediatamente su ensayada respuesta oficial, a saber, que iba a pasar la tarde leyendo en el parque y mostraba el libro que llevaba en  la mano como justificante y prueba irrefutable que ese era, efectivamente, su destino. La realidad, sin embargo, era otra bien distinta…

Aparicio

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¡Que paren el mundo que yo me bajo! Gritaba Aparicio Fontanar cuando algo lo agobiaba en demasía. ¡Que paren el mundo que yo me bajo! Exclamaba, desesperado, cuando se sentaba a ver las noticias diarias. ¡Que paren el mundo que yo me bajo! Murmuraba acongojado cuando la tristeza lo envolvía.

Si le hubieran preguntado a Aparicio por su frase favorita probablemente, tras mucho pensar y tras mucho rebuscar, habría dicho la de algún personaje célebre y, a ser posible, una muy sesuda y profunda para quedar bien -algo sumamente importante para Aparicio eso de “quedar bien”-. Y es que tenía Aparicio tan automatizada la frase “que paren el mundo que yo me bajo”, la soltaba de manera tan inconsciente, que ni se le habría ocurrido nombrarla entre sus favoritas, aunque ateniéndonos a la frecuencia en que la pronunciaba sin lugar a dudas, así era.

La última vez que se le oyó pronunciar la dichosa frasecita, Aparicio Fontenar se encontraba leyendo el periódico cuando una noticia -nunca sabremos cuál…