Chateando


Como cada noche, la joven se sentó frente al ordenador dispuesta a pasar un rato divertido en el chat de contactos. No es que tuviera problemas para ligar de otra manera más directa, pero hacerlo así le resultaba sumamente placentero y divertido.


Esa noche, sin embargo, no se sentía nada cómoda. No por lo que ocurría en el chat, no. Eso seguía la misma dinámica de cada noche. Era más bien un malestar físico. Una incomodidad continua en la espalda que no la dejaba concentrarse y estarse quieta.


A pesar de todo, la muchacha continuó con sus juegos y sus charlas de cada día. De vez en cuando se removía inquieta e incómoda pero no le dio mayor importancia. Hasta que la incomodidad se volvió excesiva. Ese picor, esa sensación de humedad, esa impresión de tener algo molesto en la espalda no la abandonaba.




Finalmente se levantó de su asiento ante la pantalla y, dirgiéndose al espejo más cercano intentó descubrir qué era lo que tanto la molestaba. Cuando vio de qué se trataba sus ojos se abrieron de asombro y comprensión.



Lentamente regresó a su ordenador. Lentamente puso sus manos sobre el teclado, Y, lentamente, como en un sueño dijo al hombre con el que había estado hablando:




-Acabo de recordar que estoy muerta. Me han matado hace una hora, a hachazos, aquí mismo. Lo había olvidado por completo.



A continuación la joven se derrumbó sobre el teclado mientras, al otro lado de la línea, el hombre con el que hablaba pensaba en que le había tocado la loca de la noche....



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