martes, 4 de agosto de 2009

Travesura


-¡Esto ya pasa de castaño oscuro!- Grita la mujer pelirroja al pequeño diablillo.

-¡Te estás tomando demasiadas confianzas!- El diablillo, con las manos en la espalda y moviendo los pies con nerviosismo la mira, entre avergonzado y socarrón, desde sus quince centímetros de altura. Le está cayendo una buena al pequeño demonio... y con razón.

-¡Pase que me robes los calcetines! ¡Pase que desaparezcas mi ropa interior!

El minúsculo ente demoníaco baja la vista súbitamente interesado en una mota de polvo que, al parecer, tiene en el dedo gordo de la mano derecha.


-¡Pase que me birles unas monedas o me escondas las llaves o el móvil! - continúa la pelirroja cada vez más enfadada - ¡Puedo aceptar todo eso pero esto... esto... esto me parece excesivo!

La mujer señala, con dedo tembloroso, una bola anaranjada y maulladora metida en una pequeña, minúscula, pecera.



El diablillo se atraganta con una risilla inoportuna.

-Bueno... -dice- podría haber sido peor... podría haber puesto agua...





P.S.: Y dirán ustedes: esta mujer le tiene manía a los gatos... Pues no, palabrita que no. Doy mi palabra de que estos dos posts son mera casualidad y que fueron escritos con varias semanas de diferencia. ¡Qué le vamos a hacer! A mi inspiración le dio por meterse con los gatos pero es culpa suya, no mía. A mí los gatos me caen muy bien aunque no lo parezca :D

Aprovecho para dar las gracias a Saqysay por concederme el premio Blog de Oro que ya he puesto en mi repisa. Muchas gracias :)



viernes, 31 de julio de 2009

Curiosidad

La curiosidad pasa junto al gato. El gato la mira moviendo la cola con parsimoniosa dignidad.

La curiosidad le hace carantoñas y cucamonas, le muestra su comida favorita y consigue que la siga.

El gato avanza una pata, se detiene, mira a su alrededor, la contempla fijamente. Ella sigue andando sin dejar de mostrarle lo que el animal desea. El gato va tomando confianza y, entre desdeñoso e interesado, avanza paso a paso.


La curiosidad rodea una esquina. El gato se demora, momentáneamente desconcertado, pero el olor le da ánimos para continuar su avance.

Llega a la esquina, se para un instante más y luego avanza con decisión.

La curiosidad le sonríe. Le enseña la comida. Lo llama.

Un destello plateado. Un rápido movimiento. Unos maullidos aterrorizados. El silencio...

Y así es cómo la curiosidad mató al gato. Otro día, si eso, contaremos cómo la satisfacción lo trajo de vuelta.



martes, 28 de julio de 2009

Reencarnación

Yo siempre he sido muy comprensivo, en serio se lo digo. Incluso en mi anterior vida lo era. Puede que no fuera un dechado de bondad y generosidad, eso es cierto, pero comprensivo lo era un rato. Así que puedo comprender, entender y aceptar que me hayan tenido que castigar.

Eso lo entiendo ¿ven? Sin ningún problema. Me porté mal en mi vida anterior y ahora merezco pagarlo. ¿Se dan cuenta? Soy comprensivo y asumo las consecuencias de mis actos. Me porté mal, bueno, vale, me porté rematadamente mal... oh, está bien, fui lo que se llama todo un hijo de p... y ahora me fastidio y sufro mi castigo.


Pero, oigan, es que esto... esto pasa de castaño oscuro. Vamos, que una cosa es sancionarme y otra bien distinta cachondearse de uno. Porque esto, esto... esto tiene que ser una broma.

Y es que mira que hay bichos por el mundo... en este y en otros. Mira que hay animales de todos los tamaños, colores y hasta formas entre los que elegir. El karma este podría haber elegido un animal, no sé, más temible o más elegante o más... más... más serio, caray.

Pero, quia, se ve que el karma andaba de jarana el día en que tocaba elegirme destino y fíjense, fíjense en que me ha convertido, a mí que fui todo un señor elegante y poderoso. A mí que no permitía ni una sonrisita en mi presencia. Ya ven, va el puñetero del karma y me hace renacer, nada más y nada menos que en ornitorrinco. El único animal hecho con retales.

¿Es o no es para enfadarse?


karma chameleon - culture club




viernes, 24 de julio de 2009

Abriendo camino

Mis tías me amonestan -a gritos, siempre a gritos- continuamente.


Mi padre me mira ceñudo y me dice que estoy chiflado pero que, mientras no me ponga en su camino, puedo hacer lo que me dé la gana.


Mi madre, mientras acicala a mi hermana pequeña, me mira, frunce los labios y me cuenta todos los problemas en los que me voy a meter por mis locuras.


Mis hermanos se burlan de mí, mis amigos me han dado por imposible y las chicas lanzan risitas nerviosas a mi paso pero, obedeciendo a sus madres, se mantienen a distancia.


Siempre he sido así de “especial” -eso dice mi madre “especial”, ni raro, ni extraño, ni loco, sólo “especial”-; desde pequeño he sido muy curioso y amigo de novelerías. El primero en cualquier incursión infantil. El primero en gustar cualquier bocado que pareciera medianamente sabroso. El primero en probar nuevas habilidades físicas. El primero, siempre el primero.


Llevado de esta insaciable curiosidad mía y de estas ansias de cosas nuevas es que he llegado a hacer lo que los demás, anclados en el tabú del “siempre ha sido así”, consideraban impensable.


No sé por qué lo hice. Por probar algo distinto, supongo. El caso es que, un día decidí ponerme sobre dos patas. Y, una vez comencé a ponerme en pie, descubrí todo un nuevo mundo de posibilidades: veo más lejos, puedo llevar fruta en las manos sin dejar de pasear, paso menos calor... En principio sólo lo hacía durante cortos períodos pero, a medida que me acostumbro a la postura, paso más y más tiempo sobre mis patas traseras.


Los demás me tachan de demente y me tratan como a tal.


Bueno, no todos.



Hace unos semanas llegó una nueva hembra. A pesar de la oposición de mi madre (siempre se disgusta cuando llega una hembra joven), padre la ha aceptado. Hace días que me sigue en mis excursiones, no se acerca a mí pero hoy la he descubierto tratando de ponerse en pie.


Al verla he imaginado como sería todo un clan andando sobre sus patas traseras, como yo. Antes ni lo hubiera pensado pero ahora... no sé... quizás, ella y yo... ¿Quién sabe?










martes, 21 de julio de 2009

Buscando

La siguió, la persiguió, la acosó. La rastreó, la incordió, la pretendió. La rastreó por medio mundo. La espió en libros, canciones y pinturas. La acechó en lugares de trabajo y en zonas de ocio. La deseó, la amó, la soñó, la imaginó, la intuyó, la conjuró. La buscó en otras personas, otras culturas, otros mundos. La llamó en todos los idiomas que conocía y hasta aprendió alguno nuevo sólo por llamarla.

Hizo todo lo imaginable para llegar hasta ella.

Consumió toda su energía en esa búsqueda.


Un día, extenuado, se sentó en un parque, bajo un tibio rayo de sol. Cerró los ojos y entonces escuchó: pájaros, niños, el rumor lejano de la ciudad; olió: el aroma de las flores, la hierba, el perfume de una chica que pasaba; sintió: el sol en su cara, la madera del banco, la tierra bajo sus pies. La sonrisa llegó a su boca al mismo tiempo que la revelación a su cerebro.

Abrió los ojos y le sonrió:


    -Creo que he sido un poco tonto ¿verdad?

La felicidad le devolvió la sonrisa:


    -Sí, un poco.




P.S.:
Pido disculpas por no poder responder siempre a todos los comentarios, lo intento pero no siempre puedo. Pido, también, disculpas por tardar tantísimo en leer y comentar en vuestros blogs, lo intento pero no siempre puedo. Y es que, otra cosa que tiene el verano -mi verano- es que, curiosamente, me deja más escasa de tiempo que de costumbre. Así que respondo a todos los que puedo -cuando puedo- y leo y comento todo' lo que puedo -cuando puedo-
.




viernes, 17 de julio de 2009

My summer

Y llegó el verano, con su calor y sus vacaciones y sus terrazas. Con sus piscinas y sus barbacoas y sus cervezas. Con sus chanclas, sus pantalones cortos y su olor a protector solar. Sí señor, llegó el señor verano con toda la parafernalia de todos los años.


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Mi calle está llena de nidos de golondrinas. Desde hace unos años, en cuanto llega el buen tiempo, el cielo se nos llena de estos pequeños pájaros y de sus cantos. Desde que amanece hasta el anochecer se las ve volar, a toda velocidad, como flechas atareadas. Arreglando nidos, buscando alimento, cuidando a sus polluelos. Yo tengo uno justo encima de la ventana del salón. Hay quien me ha dicho que los rompa para “librarme de esos bichos y su suciedad” pero es que yo no quiero librarme de ellas. Me gusta verlas ir y venir de su nido, me gusta oír sus trinos, me gusta escuchar el piar de sus crías, me gusta saber que las ciudades humanas también sirven de albergue a otras criaturas.


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La que no ha vuelto este año es la anciana que inspiró mi pequeño relato “El parque”. Este año no la he visto en su banco de siempre, con su bastón, con su libro o su revista, pasando las cálidas tardes de la primavera y el verano. Es extraño ver el banco -“su” banco- ocupado por otras personas. Es extraño no verla llegar, con lentitud, siempre en soledad. No me pregunto por qué no aparece, es fácil de imaginar. La vida sigue, siempre sigue, y poco le importa quien se va o quien llega...


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Es agradable sentarse en un banco del parque cuando la tarde cae y el calor comienza a remitir. Es agradable estar sentada entre árboles, trinos de pájaros y gritos infantiles mientras te sumerges en algún libro. Lástima que, la mayoría de los días, tenga que renunciar a ese placer y me vea obligada a socializar con la mamá de la mejorcísima amiga de la niña que también va al parque y que no se resiste a dos horas (como mínimo) de conversación incontinente. Si una no fuera así de educada o si me importara menos la vida social de mi enana, pensaría en colgarme un cartelito de “No molesten”... aunque dudo mucho que sirviera para algo.


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Debería estar quejándome del calor del verano pero hoy eso sería un contrasentido teniendo en cuenta que han bajado tanto las temperaturas que me estaba quedando entumecida de frío con mi camiseta sin mangas y mi estupendas, cómodas, fresquísimas y rojas chanclas. Así que dejo las quejas sobre el calor para otro día más apropiado.


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Necio-Hutopo ha adoptado una de mis ideas huérfanas (Piropos de jabón) y ha creado algo que -como todo lo suyo- merece la pena leer y hasta releer. Así que, cuando acabes aquí, date un paseo por su blog y lee, lee, que vas a disfrutar, te doy mi palabra.


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Y hasta aquí ha llegado este post soso y lánguido como el verano. Este post perezoso y absurdo como el estío. Hasta aquí llegan mis perezosos pensamientos, mis abúlicas ideas, mis indolentes reflexiones. El verano es lo que tiene: todo lo ralentiza, todo lo retarda. El verano es como una larga, larguísima siesta para la mente y es que, con el calor, uno se olvida hasta de cómo se piensa...





Indian Summer - The Doors







sábado, 11 de julio de 2009

Lastima


Lástima, todo el mundo está convencido de que ella es la buena y yo la mala. Bien que se ha encargado de que así sea.


Da igual lo que yo pueda contar sobre ella. Nadie me creerá. Y lo entiendo. En serio que lo entiendo. Comprendo que resulta difícil creer que tras esos inocentes ojos azules y esa hermosa sonrisa se oculta un monstruo perverso y cruel. Comprendo que viendo esa imagen de pura bondad y de dulzura sin fin, nadie sea capaz de percibir la cara de la maldad.


Lástima que yo conozca la verdad y que tenga la memoria suficiente para recordar todo el mal que hizo. ¿Cómo olvidar el sufrimiento que causó? ¿Cómo olvidar los gritos de sus víctimas, el llanto de los niños, el olor de los campos en llamas? ¿Cómo olvidar el hambre, la tiranía, la muerte, el dolor que ella causó sin perder esa bella sonrisa?


Ya no queda nadie que lo recuerde. Sólo yo y yo, ya lo saben, soy la malvada. Bien que se ha encargado ella de cambiar las tornas. Ya sé que no me creen ¿por qué iban a hacerlo? Ella ya les ha convencido de mi maldad y de su bondad. Pero, a pesar de todo, quiero decirlo. Quizás haya alguien que, con el tiempo, llegue a creerme.


Ella es cruel, brutal, despiadada, inhumana, implacable, sanguinaria. Es gélida como el aliento del más crudo de los inviernos. Su sadismo no conoce límites. Sé que no me creen, lo sé, pero tengo que decirlo. No me creen, pero ya me creerán... cuando sea demasiado tarde, cuando el dolor se haya extendido por todo su reino.


Una vez intenté detenerla y si no hubiera sido por mis hermanas lo habría conseguido...


Una vez intenté detenerla y por eso la maldije con el sueño eterno.


Su príncipe, su pobre príncipe, el valiente príncipe que la despertó con un beso de amor -mis hermanas siempre han sido unas románticas- acabará sufriendo las penas del infierno. Su reino, su hermoso reino, se convertirá en el reino del horror. Ella reirá mientras el mundo sufre a sus pies.


Lo sé porque lo he visto. Ese será su futuro. Y nadie lo sabrá. Jamás. Porque, desde ahora y para siempre, ella será la dulce, la bondadosa, la hermosa Bella Durmiente y yo seré la malvada bruja que la condenó a dormir durante cien años.


Lástima.









El nuevo

  Llegó al trabajo lleno de entusiasmo; llevaba mucho tiempo esperando una oportunidad y esta sustitución, sin duda, lo era... o eso pensaba...