Páginas

viernes, 28 de agosto de 2026

El Coco

 

—Que viene el Coco —le decía su madre si no quería comer.

—Que viene el Coco —le insistía si desobedecía. 

—Que viene el Coco —repetía si no quería ir a dormir.

—Que viene el Coco —todos los días y a todas horas.

Un día Juanillo se hartó y decidió enfrentarse al dichoso Coco.

Esa noche abandonó su cama y, sin hacer ruido, fue en busca de la escopeta de su padre. Luego, con todo sigilo, regresó a su habitación y se sentó a esperar.

—Se va a enterar ese —murmuró.

La suerte quiso que su arrebato de valentía coincidiera con la noche en que el novio de su hermana mayor se equivocó de ventana.


jueves, 20 de agosto de 2026

Llovía

 

Llovía. Las ruedas de la maleta traqueteaban sobre la acera mojada y el hombre, encogido y empapado, se arrimaba a los soportales intentando protegerse de la lluvia que el viento empujaba hacia él. Yo, como tantas otras veces, lo observaba desde mi ventana. El pequeño hombre solía pasar por allí cada cierto tiempo, siempre arrastrando su maleta y siempre coincidiendo con días de lluvia. Cuando giró la esquina, el sol volvió a brillar. Entonces bajé a la calle, fui hasta la esquina y, al doblarla, recogí la maleta. Las ruedas comenzaron a traquetear sobre la acera aún mojada.


jueves, 13 de agosto de 2026

Doña Escolástica

 

Doña Escolástica acudió a la iglesia como cada día, pañuelo bien apretado y rosario en mano, se santiguó, y dando las buenas tardes al resto de beatas, se dirigió sin dilación al rincón donde se encontraba San Cucufato, con el que hablaba y al que se quejaba día sí y día también.     Aquel día se arrodilló ante el santo y ya abría la boca cuando una voz desde lo alto dijo:     —Perdona, hija, pero esto ya es insoportable.     Dicho esto el santo alzó el vuelo y despareció por una ventana rota, dejando a la beata, entre asombrada, acongojada y avergonzada, murmurando:     —A ver cómo le cuento yo al padre Sebastián que se me ha ido el santo al cielo.