martes, 1 de septiembre de 2020

Personajes imaginarios durante el confinamiento

 



Zombis Ser zombis en tiempos del coronavirus no está tan mal: como ya estás muerto, no te puedes contagiar de coronavirus; las leyes no van contigo, así que te puedes pasar en la calle todo el día y, encima, estás siempre rodeado de amigos. La única lástima es la escasez de cerebros, pero, oye, no se puede tener todo en esta vida. 













Fantasmas Los fantasmas no están llevando nada bien lo del confinamiento de los vivos. Ellos, tan poco gregarios en general, acostumbrados a la soledad y habituados a causar espanto, se han encontrado con que su presencia ya no amedrenta sino que causa alivio, que su aparición no provoca ansiedad, ni angustia, ni miedo porque los vivos, ávidos de vida social, adictos a los otros, aprovechan a estos pobres espíritus desencarnados para mitigar su soledad y, así, hay fantasmas que pasan la noche viendo series de Netflix, haciendo de confesor y psicólogo, prestando sus manos a alguna dulce ancianita para deshacer ovillos de lana, sirviendo de maniquí a algún amante de la costura, hablando de fútbol con el señor Genaro, preparando bizcohos con aspirantes a reposteros, haciendo pan con émulos de panaderos, o huyendo de las barrabasadas infantiles tal que si del fantasma de Canterville se tratara. Varios, con la burda excusa de que ellos también está en cuarentena, han decidido dejar de aparecerse hasta que esto acabe, otros siguen ahí, al pie del cañón, porque consideran que lo suyo es un trabajo esencial y algunos han preferido trasladarse a “segundas residencias” para esperar el final de todo el barullo. Así que si tenéis por ahí a algún fantasma mostradle, al menos, un poco de respeto y agradecimiento.




Serial killers No es fácil ser “serial killer” en tiempos del coronavirus. No señor. Sin gente en la calle, ¿cómo van a conseguir su material de trabajo? Claro que, entre la cantidad de policía y el miedo al contagio, a ver quién se atreve a poner un pie en la calle. Así que están tan confinados como el resto y con un síndrome de abstinencia que ya, ya... Ellos, pobres, intentan entretenerse volviendo al sencillo placer infantil de torturar insectos que no es, ni de lejos, lo mismo, pero ya se sabe que a falta de pan, buenas son las moscas. Los hay que intentan atrapar cosas más grandes, pero no cazar animales no es tan sencillo como cazar personas, y tampoco es que se pueda encontrar demasiado animal cazable de camino a la compra: algún lagarto despistado, alguna paloma obesa, algún gato escuálido... Así que nada, se conforman con sus insectos y con la compra de pollos para no perder la práctica con los instrumentos cortantes, pero ya se están planteando pedir algún tipo de ayuda al estado si esto se alarga mucho más en el tiempo.




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