jueves, 1 de septiembre de 2016

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Es una mañana como cualquier otra mañana. Una mañana de bostezo y rutina en la que no parece posible que algo extraordinario pudiera suceder. Y, sin embargo, lo extraordinario, que es muy de ocurrir cuando le da la gana, ocurre..
En medio de un bostezo comunitario y contagioso, en pleno centro urbano, un hermoso ángel de gigantescas alas, desciende, glorioso a la par que elegante, provocando asombro, pasmo, sorpresa, vuelo de sombreros y alzado de faldas.
El ángel, con exquisito cuidado, se posa sobre la estatua del fundador de la ciudad e inflando el pecho, comienza a gritar:
-¡Temblad, pecadores porque se acerca el Fin de los Tiempos!
A su alrededor brillan luces, suenan trompetas, el batir atronador de cientos de alas llena el aire, un millar de ángeles cantan gregoriano.
Una señora, desde un balcón cercano, grita:
-¡A ver si hacemos menos ruídos que me han despertao al niño!
La gente, curiosa, se va arremolinando en torno al ángel.
-¡Anda, papi! -dice un niño mientras cava un profundo túnel en su diminuta nariz- ¡Mira! ¡Ya ha llegao la navidas!
-No digas tonterías niño -responde su padre interrumpiendo el maravilloso trabajo de ingeniería del niño de un manotazo-, eso es publicidad de algo. Pse… usté, ¿esto pa qué es? ¿Vamos a salir en la tele?

 
El ángel, muy en su papel de anunciador, concentrado al máximo, ignora la interrupción e insiste:
-¡Temblad, pecadores porque se acerca el Fin de…!
Un señor calvo, de esos de palillo en boca, plantándose con las piernas abiertas y las manos en el cinturón, espeta al ángel:
-¡Hey, tú, chaval! Esto es pa una peli del Spielberg ¿a que sí?
-¿Y no será un viral de esos de interné que ahora se llevan mucho? -intercede un jubilado sin obra con la que entretenerse.
-¡Quiá! -insiste el primero- Esto es una peli del Spielberg, se lo digo yo. ¿No ve qué efectos especiales más bonitos que tiene?
El ángel, rojo de indignación, sacude sus alas e, irritado, grita una vez más, intentando no salirse del guión que tanto le había costado aprender:
-¡Que tembléis, os digo! ¡El Fin de los Tiempos se...!
- ¡Ah! ¡Ya sé! Esto es alguna marca de relojes, seguro -dice un muchacho barbudo a su compañero- ¿No ves que repite siempre eso del tiempo?
- Oiga ¿va usté a regalar entradas pa algo, o bonos, o algo asín? -pregunta una anciana deteniendo su carrito de la compra bajo la estatua del fundador y del ángel anunciador.

El ángel, con su ángelico rostro congestionado por la indignación, brama de nuevo: -¡Temblad y arrepentíos, pecadores porque el Fin de los T…!
-¡Ya, ya, que el Fin de los Tiempos se acerca! Pufff… tío vaya aburrimiento -dice alguien desde la multitud.
-Mira, si no vas a hacer otra cosa, yo como que mejor me abro -dice otro alguien bostezando.
-La verdad es que ya es cansino el muchacho. El que hizo el guión no se volvió loco ¿eh? -apostilla un tercer alguien.
El pobre ángel, con lágrimas en los angélicos ojos, opta por rendirse y largarse cabizbajo y alitriste a comunicarle a Dios que no hay manera, que los seres humanos de ahora no son como los de los buenos tiempo, que no le han hecho ni puñetero caso y que si le puede dar un pase para el psicólogo y unas vacaciones en Venus o, aún mejor, a Alfa Centauri, que se ha quedado fatal de los nervios y necesita descansar.