Sobre la Muerte




Comprensión

La Muerte se miró al espejo.
No por coquetería sino por saber.
Por saber qué veían aquellos a quienes se llevaba.
Por saber qué temían.
Sólo por saber.
La Muerte se miró al espejo.
Su rostro huesudo.
Su sonrisa inamovible.
Sus largos dedos.
Su figura delgada.
Su larga túnica.
Se miró de frente, de lado y hasta intentó ver su espalda.
La Muerte se miró al espejo. Intentaba entender qué les aterraba y no lo lograba.
Hasta que miró sus ojos, aquellas dos enormes cuencas llenas de vacío. Aquellos dos enormes agujeros inundados de eternidad y olvido. Aquellos dos pozos infinitamente oscuros.
La Muerte se miró a los ojos y supo, entonces, por qué la temían.




Filosofando

Tomó un trapo de cocina y se aproximó con sigilo a la mosca. Alzó el brazo lentamente, conteniendo la respiración para no espantarla, se detuvo un instante, midiendo distancias y calculando velocidades y, con un movimiento, rápido y certero... ¡ZAS! Aplastó al molesto díptero y lo mandó al otro barrio.
-Qué frágil es la vida -se dijo- y con qué facilidad se puede perder en un instante.
Meditó durante tres segundos más sobre lo efímero de la existencia y lo ineludible de la muerte, dejó el trapo a un lado, sonrió,  y dijo para sí mismo:
-¡Hay que ver, tanta filosofía por una simple mosca!
Justo en ese momento la Muerte alzó su guadaña y se aproximó con sigilo al hombre. Alzó el esquelético brazo lentamente. Se detuvo un instante, midiendo distancias y calculando velocidades y, con un movimiento rápido y certero... ¡ZAS! Cortó el hilo que lo unía a la vida enviándolo al mismo barrio al que, momentos antes, había volado la mosca.
La Muerte meditó durante medio segundo sobre la fragilidad de la vida humana y lo ineludible de su llegada, guardó la guadaña, sonrió y dijo para sí misma:
-¡Hay que ver, tanta filosofía por un simple humano!

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