viernes, 9 de enero de 2015

Ocaso



Cuando el viejo Dick Mankind se enteró de que Ruz’n Shar’n acababa de arribar a la pequeña colonia minera se dijo que todo había acabado. Después de tantos años, casi una vida más tarde, aquel gordo cazarrecompensas wakee había logrado encontrarlo.
Sacó su rifle de plasma, lo miró, lo acarició... y se sintió cansado. Estaba demasiado viejo para huir,  demasiado mayor para luchar, y tenía la suficiente experiencia como para saber que enfrentarse a aquel wakee con pinta de sapo podía poner en peligro a toda la colonia. Volvió, pues, a guardar el arma. Apagó las alarmas, desactivó los roboguardianes y se sentó en el porche a esperar al wakee con una botella de whisky de la vieja tierra.
El pequeño sol verde casi había desaparecido y el azul comenzaba a salir cuando llegó el cazarrecompensas. Alto. Gordo. Fofo... y viejo, muy viejo.
Humano y wakee se miraron durante largo tiempo. Sin hablar. Sin intentar defenderse Dick. Sin tratar de atacar Ruz’n Shar’n. Hasta que el hombre, alzando la botella, preguntó:
-¿Whisky?



El wakee afirmó con la cabeza y se sentó junto a Dick.
-Vienes a cazarme, imagino -dijo el humano.
-Hace tiempo que no cazo nada -gruñó el wakee tomando la botella.
-¿Por qué has venido entonces?
Ruz’n Shar’n bajó la mirada y susurró:
-Estoy viejo... Estoy cansado... Estoy solo... -suspiró, se encogió de hombros, echó un trago y continuó- No sabía donde ir...
Estuvieron largo rato bebiendo hasta que, por fin, Dick rompió el silencio:
-Bueno -dijo-. Aquí no se está mal.
Y humano y wakee siguieron contemplando el cielo, confortados por la compañía de su mayor enemigo.