domingo, 21 de diciembre de 2014

Cosas de la Navidad



Soledad


Martina había decidido que este año no iba a pasar la Nochebuena sola. No señor, ese año iba a tener compañía, vaya si iba a tenerla. Este año sacaría la decoración que llevaba años acumulando polvo en el trastero, prepararía todos sus platos favoritos, sacaría su mejor vajilla y pondría la mesa como Dios manda y se sentaría a ella acompañada, aún no sabía por quién, pero acompañada.

Este año tenía un plan.

Un plan infalible.
Martina se acercó al teléfono, cogió la manoseada guía telefónica, abrió por la letra a y comenzó a marcar: entre toda esa gente tenía que haber alguien tan solo como ella.



Confusión


Que no, que ya le he dicho docenas de veces que no soy Papá Noel. Haga usted el favor de ponerse las gafas. Que sí, ya sé que voy vestido de rojo y llevo botas negras pero no, no soy Papá Noel. Y sí, he entrado por la ventana pero no soy Papá Noel. Y no, no tengo saco de regalos porque no-soy-Papá-Noel.
Haga usted el favor de intentar que me coma esas galletitas y me beba esa leche y haga el favor de dejarme que la saque de aquí antes de que el fuego nos consuma.


La otra cara de la moneda


Esta parte de la historia no te la contaron tus padres, ¿a que no? No, por supuesto, esta parte se la callan todos los padres para no “asustar a los niños” pero deberían, vaya que deberían, ¿verdad Jaimito?

Pero, claro, ellos sólo cuentan lo bonito: el traje rojo, la risa, los renos, el gordinflón alegre, los regalos para los niños buenos... La otra parte, la oscura, el miedo, lo que ocurre con los niños especialmente malvados, esa sólo la descubrís cuando ya es tarde... demasiado tarde... ¿verdad, Jaimito?

Ya, ya sé que duele, de eso se trata.
Pero no te preocupes, no tardaré mucho en acabar...



Espero que paséis todos una muy Feliz Navidad, sí, incluso quienes odien estas fechas :)