miércoles, 2 de julio de 2014

Mariposa de medianoche


Viernes al fin. Por esa semana se acabó el madrugar, el trabajar, la ropa seria, la cara de circunstancias, el disfraz cotidiano... Durante dos días se acabó la mentira, el secreto, la ficción, el no ser.
Viernes, viernes, viernes... y, a  medianoche, su cita con la vida...
Comienza el ritual con un largo y relajante baño. Unas velas perfumadas, una penumbra protectora, la cálida voz de Aretha. En el agua caliente se ahogan, uno a uno, todos los  reproches, desprecios, humillaciones e insultos que haya sufrido los días anteriores.
Al salir del baño, la esponjosa toalla le ayudará a arrastrar los últimos vestigios del ser que no quiere ser y la crema corporal le acercará a ser el ser que sí desea ser.
Elige la ropa con cuidado mientras piensa en el sufrimiento de vivir esa mentira, de vivir una vida que no es la suya, en un cuerpo que no es el suyo y con un rostro que no desea.

Se pone las ligeras medias con deleite, regodeándose en su tacto, estirándolas con mimo, adaptándolas a sus piernas con delicadeza. Deja que el vestido caiga sobre su cuerpo con suavidad de caricia, lo huele, lo siente,  disfruta la sensación del tejido sobre su piel.
Se peina con esmero, se maquilla con arte y se calza sus mejores zapatos.
Cuando acaba se contempla en el espejo, al fin, sin disfraz, y piensa que pronto, muy pronto, la mariposa que contempla en el cristal dejará atrás su capullo y volará libre.
Es medianoche, Pablo ha dejado de existir y Paola, abriendo sus alas, pisa con fuerza la calle, taconea alegre y va, feliz, al encuentro de su vida como la mujer que es y no como el hombre que no quiere ser.