domingo, 2 de febrero de 2014

Sobre el amor




El adiós


Él le lanzó su odio a la cara. Ella aceptó su odio.
Él le escupió todo su desprecio. Ella se dejó despreciar.
Él la insultó, la acusó, la rechazó. Ella no se defendió.
Él la borró, la alejó, la anuló, la convirtió en la sombra de una sombra...
Ella, sombra y fantasma, calló y se fundió con la noche.
Ella no vio su soledad.
Él no vio su dolor.
Ella siempre lo amó.
Ninguno logró olvidar.



Amor


Ya sé que está muerto, como para no saberlo, si yo misma lo maté. Intentando que no sufriera, eso sí, porque yo lo quería mucho, ¿sabe? Era lo que yo más quería en este mundo, por eso lo maté. No me mire así, si supiera lo que es querer de verdad no se sorprendería tanto.
Yo quería cuidarlo. Tenerlo siempre cerca, charlar con él, dormir a su lado hasta el final de mis días. Es lo que él me había prometido. Y las promesas hay que cumplirlas.
Por eso lo maté.
Y por eso lo tengo aquí, en la salita, para charlar con él y ver la tele juntos, como siempre.
Usted lo llamará locura.
Yo prefiero llamarlo amor.


Cuatro son multitud


Durante mucho tiempo fui un uno, felizmente solitaria y moderadamente triste.
Entonces llegó él y fuimos un unificado dos. Contentos de estar y felices de ser. Siempre juntos, siempre inseparables.
Luego él quiso que fuéramos un cojeante tres y, aunque sospeché que ese era el inicio del fin, como nada podía decir, nada dije y así nos transformamos en impar trío.
Durante un tiempo todo funcionó sin problemas. Felices y satisfechos, nuestro tres marchaba bien. Pero entonces llegó el cuarto y yo me tuve que ir.
Ella lo dijo muy claro:
-Cariño, en una motocicleta no puede ir un bebé.
Así que vuelvo a ser una, esperando encontrar un dos y rezando para que nunca nos convirtamos en tres.