jueves, 20 de febrero de 2014

Micros y cosas... O viceversa


Adelanto esta semana la actualización del blog para compartir con vosotros (los que aún no lo sepáis y los que aún me leáis... ¿Hola? ¿Hay alguien ahí afuera? ¿Allá al fondo, quizás?) una buena noticia:
El próximo día 7 de Marzo, a las 19.30  presentaré mi libro “Testamento de miércoles”, en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (Leganitos 10, Madrid)
Presenta: Fefa Martí Maldonado. Coordina el acto: Emilio Porta.
Quien quiera y pueda o viceversa, está más que invitado (y como no vayáis os lanzo un conjuro que ya, ya...).
Quien no pueda... pues nada, para esos no habrá conjuro ni ná :)
Alguno habrá que vaya... ¿verdad? ¿verdad? :D
Os dejo el cartel porque... porque... pues porque mola :D (Y después del cartel, ya sí, los micros, impacientes :P).



MICROS:


Final


Renqueante, marcando el ritmo con su bastón de caña, Gervasio se acerca hasta el banco. Cabizbajo y melancólico, dobla su cuerpo con dificultad y, tembloroso, deja que su cuerpo repose sobre la cálida madera.
Agotado tras tan nimio esfuerzo, apoya las manos en el bastón, la cabeza en las manos y la mente en los recuerdos, mientras contempla su propia sombra encorvada.
Gervasio sonríe y, cerrando los ojos, recuerda...
La sombra ladea la cabeza, se despereza, se estira, se encoge, se transforma hasta mostrar la silueta de un niño con pantalón corto.
El niño-sombra se gira y echa a correr.
Gervasio, sin pensarlo demasiado, se levanta y corre tras él.
El viejo y triste cuerpo se derrumba sobre el banco.


Visión mortal

Le bastó el mínimo instante en que sus ojos se cruzaron con los de su reflejo para entender el horror, la soledad y el dolor de su vida.
Le bastó ese pequeño cruce de miradas con su imagen para comprender el vacío de su alma.
Asintió levemente, aceptando su próximo futuro, y su reflejo, silente, hizo lo mismo.
El vacío, el horror, la soledad y el dolor que había visto en sus ojos debían acabar.
Una misma y solitaria lágrima recorrió las mejillas de ambas -monstruo y reflejo- al ofrecer el cuello a la espada.
Ni un sólo grito surgió de la boca de Medusa mientras Perseo cortaba su cabeza. 




Romeo y Julieta


Un minuto después de su suicidio, Romeo y Julieta se miraron felices.
Dos minutos después de su suicidio -y tras atravesarse mutuamente varias veces- Romeo y Julieta cesaron en sus intentos de abrazarse.
Tres minutos después de su suicidio, Romeo y Julieta comenzaron a pensar que, quizás, su amor era, mayormente, producto de la efervescencia hormonal.
Cuatro minutos después de su suicidio, Romeo y Julieta charlaron brevemente:
-Quizás nos hemos precipitado.
-Quizás...
-Igual hemos hecho el primo.
-Igual...
Cinco minutos después de su suicidio, Romeo y Julieta bostezaron y se preguntaron cómo de larga sería la eternidad.
Seis minutos después de su suicidio, Romeo, Julieta y su gran amor se desvanecieron lentamente en el aire dejando sólo una hermosa leyenda.