Menudencias



Necrológicas

Se sentó a la mesa y abrió el periódico, ensimismándose inmediatamente en la lectura.
De vez en cuando murmuraba a la nada algo sobre el gobierno, o sobre la economía, o sobre ambas cosas e, incluso, sobre ninguna de ellas.
De vez en vez, soltaba, también a la nada, algún exabrupto.
Llegó a la sección de necrológicas y se dispuso a contar a cuantos de sus contemporáneos había sobrevivido ese día.
Mientras revisaba la luctuosa lista se quedó paralizado, con la boca abierta y los ojos desorbitados de sorpresa.
Allí, en una sencilla esquela, estaba su nombre.
Luego, dirigiéndose a la nada dijo:
-¡Maldita memoria! ¡Pues no olvidé que había muerto anoche!
Y la nada, sin responder, lo engulló lentamente.



Olvido

Intenté alejarme de ella todo cuanto pude.
Me mudé a otra calle, pero aún era demasiado cerca.
Cambié de barrio, pero no tardé en descubrir que seguíamos estando demasiado próximos.
Decidí, entonces, irme a otra ciudad pero tampoco me sirvió de nada.
Como tampoco funcionó el emigrar a otro país en otro continente.
No parecía haber distancia suficiente que pudiera mitigar su agudo recuerdo y el sordo dolor que lo acompañaba.
Pensé que Marte podría ser la solución... y en la nave descubrí que ella había pensado lo mismo que yo.






Escritor
Se levantó de la cama.
Se sentó ante el ordenador y lo encendió.
Abrió el procesador de textos y escribió durante varias horas.
Cerró el procesador de textos, apagó el ordenador y volvió a la cama.
A la mañana siguiente se levantó de la cama.
Se sentó ante el ordenador y lo encendió.
Abrió el procesador de textos y se quedó mirando una página en blanco...
Sonámbulo nunca recordaba guardar lo que escribía.



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