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Mostrando entradas de septiembre, 2013

Micros

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La idea
Desde la muerte de su madre, el pequeño Álvaro se niega a salir de casa a menos que lo obliguen. Pero hoy es él mismo quien pide a su padre que lo lleve hasta la tienda de bricolaje. Sin soltar a su padre de la mano, el niño busca sección por sección hasta dar con las escaleras de mano. Álvaro las mira todas, una por una, las toca, observa su altura... y, poco a poco, su rostro va pasando de la ilusión al desencanto. -¿No las hay más altas? -pregunta con desaliento- Estas no me valen. -¿No te valen para qué? -se extraña su padre. -No me valen para subir hasta el cielo y ver a mamá.

La lista
Magda abrió la pequeña libreta donde anotaba los propósitos de cada año y, con mano temblorosa, comenzó a tachar: Dejar de fumar. Perder cinco kilos. Aprender inglés. Cambiar de trabajo. Hacer más ejercicio. Y así hasta llegar al final de la larga lista. Una vez tachados todos y cada uno de estos buenos propósitos, Magda anotó con letra pulcra y cuidadosa el único propósito importante, el único que habí…

Vida puñetera

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Emeterio, desde pequeño, tenía muy claro que quería ser ingeniero pero la vida, que nunca va por los cauces que uno espera, planea o desea, no se lo permitió. El primer escollo con el que tropezó Emeterio en su camino hacia la ansiada Ingeniería fue la guerra, cuyo comienzo supuso el final de su vida estudiantil. Sacar buenas notas pasó a ocupar el último lugar en su lista de prioridades porque lo importante era sobrevivir y para sobrevivir había que comer y para comer, el pequeño futuro ingeniero tuvo que ponerse a trabajar. Los libros quedaron abandonados en un rincón, acumulando polvo y humedad. El futuro quedó aparcado y el presente ocupó toda su pantalla vital. Tras la guerra, Emeterio intentó recuperar el tiempo perdido y retomar el camino del estudio aunque tuviera que hacer malabares para compaginar trabajo y estudio. Pero la vida, la puñetera vida, se había empeñado en cambiar los planes del pobre hombre y, por eso, le puso delante a Marisa Marín y pasó lo que tenía que pasar, …

El móvil

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El móvil I

Lo primero que atravesó su inconsciencia fue el zumbido. Luego vino aquella musiquilla  tontorrona que le barrenaba el cerebro recordándole hasta qué punto el alcohol desarrolla el mal gusto. Refunfuñando entre dientes se retorció hasta lograr sacarlo de su bolsillo y, en cuanto respondió, una dulce voz de mujer le espetó: -Buenas tardes, le llamo de XXX y mi nombre es María... Emerenciano intentó interrumpir el diluvio de palabras que se le venía encima pero, viendo que la chica no parecía muy dispuesta a callar, prefirió ponerse cómodo y dejarla hablar para luego comunicarle, muy educadamente, que no le interesaba ninguna oferta que pudiera hacerle: -No sé si sabrá usted -dijo Emerenciano- que los muertos no tenemos muchos contactos.


El móvil II
Lo primero que atravesó su inconsciencia fue el zumbido. Luego vino aquella musiquilla  tontorrona que le barrenaba el cerebro recordándole hasta qué punto el alcohol desarrolla el mal gusto. Refunfuñando entre dientes se retorció para sa…

Microscuros

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Recuerdos veraniegos

Había llegado el final del verano y, con él, el momento de reunir los recuerdos atesorados y volver a la rutina: un poco de rubia arena, otro poco de agua de mar, unas sombrillitas del primer cóctel que habían compartido, la entrada del cine de verano al que habían ido en su primera cita, la cuenta de su primera cena, la caracola que ella le había regalado, el móvil lleno de fotos, unas cuantas sonrisas, no pocas caricias, besos a puñados, dos o tres te quiero, el último adiós... Y el mejor recuerdo de todos, la joya de la corona estival: su dorada y sedosa piel, arrancada con cuidado, doblada, envuelta en papel de seda y oculta en su maleta.






Accidente

Hernando -convencido de que iba a toparse con su propio cadáver- intentaba no mirar hacia el accidente que tenía colapsada la carretera. Las coincidencias, pensaba, eran demasiadas: el coche, los números visibles de la matrícula, los adornos colgados del espejo retrovisor... Cuando vio la chaqueta ensangrentada, idéntic…