Viento



Sobre la mesa tres cartas: la de despido, la de desahucio, la del desamor.
En la ventana el viento golpea.
En la mirada, un sueño roto.
En la ventana el viento llama.
Recibió la primera carta con resignación.
Le golpeó la segunda como una maza.
Y la tercera... esa fue la que le remató.
Sobre la mesa tres cartas.
En la ventana el viento llama.
Seca de lágrimas y esperanza, con las cartas en la mano, se aproxima a la terraza y la abre de par en par.
El viento entra y recorre toda la casa, cual perro que husmea, rebusca y revuelve.
Vuelan las cortinas, vuelan los marcos de las fotografías, rueda el bolígrafo, revolotean papeles, una puerta, al fondo, se cierra. 
 
El viento se adueña de todo.
Ella sigue en la terraza, con las cartas en la mano.
Toma la primera, la carta de despido, la parte en dos, en cuatro, en ocho pedacitos y luego los entrega al viento.
Toma la segunda, la carta de desahucio, la convierte en confeti con sello bancario y luego la entrega al viento.
Toma, por fin, la última, la que puso el último clavo, la trocea, la desmenuza, la despedaza, la destroza... y luego la entrega al viento.
Los diminutos trocitos de papel revolotean un instante a su alrededor y luego se alejan. Unos al norte, otros al oeste, otros al este... y algunos, como niños asustados, vuelven a casa.


Ella entra con ellos, el cabello revuelto, la cara arrebolada y la recorre abriendo a su paso todas las ventanas.
El viento se desborda en su interior. Se encuentra a sí mismo en las esquinas, se tropieza con los espejos, tira todo a su paso. El sonido de cosas que caen, de cristales rotos, de puertas que golpetean, lo acompañan.
Ella, sin poder evitarlo, ríe y ríe con ganas.
Sigue al viento por todas las habitaciones, abriéndole camino y ríe.
Luego vuelve a la terraza.
Abre los brazos.
Se abraza mientras gira.
Vuelve a abrir los brazos.
Da un paso, dos, tres...
Respira profundamente.
El viento juega con su pelo, con su falda, con su sonrisa extrañamente alegre.
Sube a una silla, da un pequeño paso, extiende nuevamente los brazos... y se entrega al viento.




 

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