Micros



Terrores modernos

-Radiación nuclear, calentamiento global, ataques químicos, guerras, más guerras, terrorismo, fanatismo religioso, epidemias, pobreza, crisis, paro, hambre...
Uno por uno, los periódicos con sus terroríficos titulares cayeron sobre la mesa. En torno a ella, los monstruos de siempre -Drácula, el hombre lobo, la momia, el monstruo de Frankenstein, el hombre invisible, Mr. Hyde, el monstruo de la laguna...- guardaban silencio.
-Esto es lo que hay por allá afuera -dijo Drácula con un dramático suspiro-.
Los monstruos se agitaron, incómodos, las cabezas se sacudieron, las garras arañaron el aire, los pies se movieron nerviosos.
-¿Estáis seguros de que queréis abandonar nuestro retiro y competir con eso?
Un elocuente silencio llenó la sala.



Coma
Sé que estás a mi lado.
Me lo dice tu voz, que escucho pero no comprendo.
Me lo cuenta la suavidad de tus manos aunque no puedo devolver tus caricias.
Me lo revela el aroma de tu perfume aunque no puedo decirte cuanto me ha gustado siempre.
Noto la cama hundirse bajo el peso de mi cuerpo aunque no puedo moverme.
Percibo la vida a mí alrededor aunque ya no formo parte de ella.
Sí, sé que estás a mi lado aunque no puedo llegar a ti.
Vivo en un pequeño rincón de mi cerebro y no imaginas lo duro que es estar tan lejos de casa...




Eva

Sentada a la sombra del árbol prohibido, envuelta en la fresca fragancia de las rojas manzanas, Eva charlaba con la serpiente de esto, de aquello y de lo otro, siendo esto, aquello y lo otro todo lo referente a cualquier maravilloso misterio de aquel mundo recién creado.
Eva quería saber y aprender, quería conocer y aprehender, quería descubrir y explorar. Por eso pasaba horas hablando con aquel reptil que le contaba lo que Dios callaba y contemplando, anhelante, las manzanas.
Jamás tocó una manzana, jamás la serpiente  sugirió que lo hiciera. No las necesitaban.
Fue Adán quien, asustado ante el anhelo de saber de su esposa, acusó a ambas de ello perdiendo así el paraíso y el amor de Eva.




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