sábado, 4 de mayo de 2013

Memoria




Desmemoria

No lo olvides, me dijo. Es muy importante, me dijo, no lo olvides. Sí, sí, eso me dijo. Iba muy guapo aquel día, de uniforme, lo recuerdo muy bien ¿sabe? Y me cogía la mano... Venía a despedirse, se marchaba al frente ¿ve usted cómo me acuerdo? No lo olvides, sí, eso me dijo aquel día, no lo olvides... pero yo lo he olvidado, era muy importante y lo he olvidado.

Y mientras la enfermera la lleva a su cuarto, pasito a pasito, la anciana sigue buscando entre la niebla en que se ha transformado su memoria sin encontrar lo que ha olvidado. No lo olvides, me dijo, es importante, pero yo no puedo recordarlo... 





Recuerdos
Una oleada de cálidos recuerdos inundaba su mente cada vez que abría su estuche de piel. Recuerdos de la sonrisa orgullosa de su madre el día en que se lo regaló y de su voz repitiendo sin cesar lo maravilloso que era tener un médico en la familia. Recuerdos del tacto suave de la piel nueva bajos sus dedos la primera vez que lo tocó y del brillo del instrumental al abrirlo. Y, sobre todo, el recuerdo que le provocaba la sonrisa más amplia: el de la azul mirada de su madre al enseñarle cada uno de aquellos utensilios y el pavoroso dolor que reflejaban cuando su hijo decidió mostrarle cómo se utilizaban sobre su cuerpo.


La vida te da sorpresas

El reencuentro fue una sorpresa para ambos.

Al mirarla, él recordó cuánto la había amado y deseado. Desde lejos, claro, porque cuando eres el raro del Instituto tienes permitido soñar con la más popular pero no aproximarte a ella.

Al verle, ella recordó cómo se burlaba de él y las veces que comentó con sus amigas aquello de que, con él, ni aunque fuera el último hombre de la Tierra.

Él -a qué negarlo- disfrutaba con la ironía de la situación. Ella, que seguía siendo la misma niñata superficial de entonces, sólo sentía horror.

Y es que, quién les iba a decir que el mundo realmente llegaría a su fin y que él sería el úlimo hombre de la Tierra.