Micros


La última batalla

La operación militar había sido planificada con sumo cuidado.
Ambos ejércitos se encontraban listos para luchar hasta la muerte. Unos por defender su territorio. Los otros por conquistar nuevas tierras.
Pero los dioses no estaban felices con esta guerra y decidieron intervenir.
El castigo llegó desde el cielo, rápido y certero.
Se oyó un estruendoso rugido y, antes de darse cuenta, ambos ejércitos fueron aplastados y ambos reinos derruidos sin piedad.
Y el pequeño tractor continuó su labor, ignorante e indiferente a la destrucción causad en los dos grandes ejércitos de hormigas.





Duda mortal

El aire olía a pólvora. La sangre caía al suelo en grandes goterones. Sobre el escritorio una nota rezaba:
“Hoy, al fin, resolveré la duda que me atormenta desde hace años, hoy sabré si el más allá existe.”
La Muerte miró la nota y luego miró al fantasma que, a su lado, contemplaba con morbosa curiosidad su propio cadáver.
-Bueno, ya conoce la respuesta, ¿satisfecho? -preguntó.
-Sí -respondió el espíritu.
-Bien... Ahora... ¿podría usted resolverme una duda? -inquirió la Parca.
-Si está en mi mano... -respondió el espectro.
-¿Sabe que esa duda la podía haber resuelto sin necesidad de morir antes de tiempo?
El fantasma miró a la Muerte, perplejo.
-Lo imaginaba -dijo ella mientras desaparecía.


Paraíso

Benito Briones dedicó su vida a asegurarse un lugar en el paraíso. Y para alcanzar tan ansiado premio se aplicó a cumplir -metódicamente- con preceptos, dogmas, ritos, rezos, mandamientos, sacramentos y hasta la menor recomendación de la Santa Madre Iglesia.
Acudió religiosamente a misa, se confesó, comulgó, practicó -metódicamente- todas las virtudes teologales y evitó -metódicamente- cada uno de los pecados capitales y veniales.
El día que recibió el último sacramento, Benito Briones se sintió feliz y seguro de que muy pronto vería cumplido su afán
Imaginen, pues, su frustración cuando, ya en el Más Allá, descubrió lo vano de su sacrificio pues allí no había paraíso, ni infierno, ni purgatorio, ni limbo, ni Dios, ni Cristo que lo fundó.


 




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