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Mostrando entradas de enero, 2012

Abundio

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Abundio Madariaga, llamado “el crítico”  por sus allegados debido a su estado de crisis perpetua, se despertó aquella mañana con un talante extrañamente beatífico. No recordaba Abundio cuando había sido la última vez que había sentido tal paz interior y le llevó varios minutos identificarlo y darse cuenta de que, por primera vez en muchísimos años, no estaba atravesando ninguna crisis. Cosa bastante extraña porque no había crisis en el mundo que Abundio no hubiera pasado.


Tuvo Abundio su primera crisis a los doce años porque se le acababa la infancia y la segunda ocho años después, a los veinte, porque dejaba atrás la adolescencia.


Sufrió la crisis de los treinta con todos sus replanteamientos vitales, de la que sacó una novia y una nueva profesión. Llegó la crisis de los cuarenta y Abundio reverdeció su marchita juventud con una amante de veinte años, una moto de gran cilindrada y con varios meses de hospitalización por politraumatismos causados por un accidente con la susodicha moto …

Pesadillas

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Epigmenio odiaba soñar desde que el día 20 de abril de 1999 todos sus sueños se convirtieron en una única y terrible pesadilla.

Ese fatídico día, cuando Epigmenio cerró los ojos a la realidad, en lugar de abrirse las puertas del habitual y absurdo mundo onírico, se abrieron las de una oscura y temible celda, antesala del infierno, donde Epigmenio sufría -noche tras noche- torturas sin fin. No había explicación alguna en la pesadilla del por qué estaba en aquella lóbrega mazmorra, ni de quienes eran sus captores y torturadores ni era algo que a Epigmenio le preocupara pues estaba demasiado ocupado sufriendo terribles cortes, contusiones y hasta amputaciones.
Durante doce largos años la hora de dormir ha sido motivo de pánico para Epigmenio quien probó todo lo imaginable para acabar con tan horrenda pesadilla: psicoterapia, feng shui, meditación, relajación, amuletos, yoga, pensamiento positivo... Cualquier cosa que alguien afirmara que funcionaba era probada por Epigmenio aunque sin obte…

Reyes Magos

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Carbón
Pablito era el niño más malo del pueblo y casi, casi, de toda la comarca. Aunque sus padres habían probado enderezarlo de todas las formas imaginables, nada parecía funcionar con él. Así que Pablito, cada año, al llegar el día de Reyes el único regalo que conseguía era un enorme y mugriento saco de carbón, un saco cada año más grande.
Sin embargo, Pablito sonreía de oreja a oreja y se volvía aún más malo si cabe porque, con todo ese carbón, el niño sabía que su familia podría pasar otro invierno sin morir helados.








Descubrimiento
La noche que Marianita descubrió a sus padres y a su abuela colocando los regalos de Reyes, se llevó la mayor sorpresa de su vida.
Cuando volvió al colegio tras las vacaciones, a la niña le faltó tiempo para contar a todos sus amiguitos que esas historias sobre Melchor, Gaspar y Baltasar eran mentira, que lo sabía de muy buena tinta porque ella había visto con sus propios ojos que los Reyes Magos de verdad eran nada más y nada menos que su papá, su mamá y s…