Tortura


La pesadilla comienza cuando la luz hiere su único ojo sano.
A continuación es sacado a rastras del pequeño habitáculo, añadiendo una nueva capa de mugre a la ya existente, y durante varias -interminables- horas es golpeado, tironeado, cortado, machacado, torturado, en fin, sin otra razón aparente que la diversión de su torturador.
Y así día tras día.
De vuelta a su cubículo se sorprende de continuar vivo: tuerto, manco, desorejado, dolorido pero tristemente vivo.
Y cada noche, envuelto en la oscuridad, reza con fervor para que pronto llegue el día en que ese maldito niño lo sustituya por un nuevo juguete y él pueda acabar su vida entre los benditos dientes del triturador de un camión de la basura.



Entradas populares de este blog

Negra Navidad

Entre dos nadas