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Mostrando entradas de noviembre, 2012

Tortura

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La pesadilla comienza cuando la luz hiere su único ojo sano. A continuación es sacado a rastras del pequeño habitáculo, añadiendo una nueva capa de mugre a la ya existente, y durante varias -interminables- horas es golpeado, tironeado, cortado, machacado, torturado, en fin, sin otra razón aparente que la diversión de su torturador. Y así día tras día. De vuelta a su cubículo se sorprende de continuar vivo: tuerto, manco, desorejado, dolorido pero tristemente vivo. Y cada noche, envuelto en la oscuridad, reza con fervor para que pronto llegue el día en que ese maldito niño lo sustituya por un nuevo juguete y él pueda acabar su vida entre los benditos dientes del triturador de un camión de la basura.


Añoranza marina

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La tarde en la tasca del puerto transcurre tranquila y quieta como la mar en un día de calma chicha. Unos parroquianos juegan al dominó en la mesa del rincón y Secundino, con su eterno cigarrillo entre los labios, contempla la partida con aire ausente mientras se toma su segundo vaso de ron. Su mujer y su médico habían intentado en varias ocasiones que dejase el tabaco y el alcohol pero él siempre se había negado: -Tengo ochenta y dos años -decía cada vez que le mentaban el tema- y aquí no me voy a quedar para siempre. Así que, que pa’ lo que me queda en el convento... Y seguía con su tabaco negro, sus copas de ron y comiendo de todo lo que se le antojaba porque a Secundino Ariza nadie le decía cómo debía vivir o morir, faltaría más... El sonido de una pieza puesta bruscamente sobre la mesa lo saca de su ensimismamiento, en la mesa los jugadores ríen a carcajadas de algún chiste que, a pesar de haber sido contado mil veces, sigue siendo recibido con las mismas risas de la vez primera. S…

El número exacto de estrellas

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Apoyado en el alféizar, el pequeño Ahmad cuenta: -... Veinte, veintiuno, veintidós... Su tía Nasrin lo llama con suavidad: -Vamos, Ahmad, es hora de irse a la cama. -No puedo, tía, estoy ocupado. Veintitrés, veinticuatro, veinticinco... -¿Ocupado en qué? -pregunta Nasrin. -Cuento las estrellas. Treinta, treinta y uno, treinta y dos... -¿Y por qué? -Para que mamá vuelva a casa. Treinta y cuatro, treinta y cinco... -¿De dónde has sacado eso? -Me lo dijo uno de aquellos hombres que se llevó a mamá: cuenta las estrellas y cuando sepas el número exacto de ellas en el cielo, tu mamá regresará. Luego rió, no sé por qué. Nisran guarda silencio. Ahmad cuenta: -Treinta y nueve, cuarenta...